Trabajo premiado con el segundo puesto en el concurso Historias Mínimas. Zica con el rap logró encontrar la felicidad, desapegarse de la adicción y conseguir el éxito desde los monoblocks del barrio Centenario.

Por Lautaro Cisilino, alumno de segundo año
Instagram: @Lautarocisilino
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La mala vida es tentadora, mucho más cuando el contexto que te rodea invita a ello. Tantas canciones de cancha nos demuestran el ideal que llevan muchas personas de Argentina: ser vago y atorrante. Todo comienza a ser un problema cuando aparecen sustancias de por medio y se pierden las esperanzas de un mejor futuro. No hay que ir muy lejos, en Mar del Plata existen familias enteramente ligadas a las drogas, desde el consumo hasta la venta, donde los implicados amanecen y comienzan cada día con el simple propósito de volver a consumir. Pero de este panorama, rodeado de injusticias, adicciones, delincuencia y violencia, Diego Capul, o también conocido como Zica, logró absorber lo que sus ojos veían día a día y empalmarlo en el sofisticado arte de las rimas, gestándose en uno de los raperos más escuchados de Argentina.
Nadie le contó lo que es la calle, desde niño conoce lo que es “ranchar” con gente grande y sus oídos abrazaron al rap, como aquel juguete que de pequeño no tuvo, como aquel mimo que no recibió. Siendo un jóven tímido, reservado e inseguro, encontró la salida de los malos hábitos y también la manera de ayudar a su querida familia económicamente. “Estuve mucho tiempo ligado a las drogas, tuve momentos en los que toqué fondo, con recaídas, y pude salir por mi familia”, expresa. Hoy es un ejemplo de superación y también una viva imágen de su lema: ambición y disciplina. Su música cuenta con más de 40.000.000 de visitas en Youtube.
En el invierno del 2001, nace en la ciudad balnearia de Mar del Plata Diego Alejandro Capul, quien se hace llamar artísticamente Zica. De chico, vivía junto a su mamá y su pareja en los monoblocks del barrio Centenario. Su padre, con quien no tenía una relación sumamente fina, es un personaje bisagra para su historia, no solo porque a los 5 años lo lleva a ranchar junto a sus amigos a la esquina del barrio mientras gira una jarra de Termidor o consumen pastillas, si no también porque lo hace conocer el rap. Recuerda que a los 8 años, le pide el celular a su papá para jugar, y en él hay música descargada de Fuerte Apache, Zona Ganjah y 50 Cent. Aquellas letras le identifican, ya que tratan de la vida en los bloques. Sin embargo, en 2009, el género no tiene peso en la sociedad, lo que significa una dificultad para escuchar nuevos materiales y artistas. “Yo me juntaba con los pibes más tumberos del barrio y me decían: ¡eh, sacá esa música, mirá las cosas que dicen!”, cuenta.

“Empecé rapeando con gente que ni rapeaba”, así comienza su canción “CLEAN”, la cual hace referencia a que no tiene un mentor en sus primeros pasos con el boombap (onomatopeya que representa los sonidos utilizados para el bombo y la caja). “Le pedía a un amigo que me bardee y yo le respondía rapeando”, de esta manera, empieza a aceitarse, hasta que las competencias callejeras de freestyle (rimas improvisadas) llegan gracias a conocidos del ambiente. Pero en aquel entonces, su nuevo estilo de vida resulta extraño en su grupo de amigos, muchos no lo toman en serio o piensan que es un agrandado, esta situación se repite en la escuela, donde increíblemente, una profesora se le ríe en la cara cuando lo ve escribir canciones y él le responde que de grande será rapero. Por suerte, hizo caso omiso y persiguió su sueño.
Con 16 años, allá por el 2017, comienza a publicar sus primeras canciones, las cuales hablan de los detalles y las inseguridades de vivir en el barrio, la drogadicción de sus cercanos, los graffitis que pintan como hobbie por lo largo y ancho de La Feliz o la lealtad de, y hacia su clicka Rapstinencia (como se denomina en el mundo del rap a los grupos o bandas). “En el barrio donde todos se manejan con capucha, gente perdió el trabajo pero igual sigue en la lucha, ganas de progresar yo te juro que sí hay muchas, donde hasta el que trabaja odia a la maldita yuta (policía), calles rotas, llenas de barro, más de mil bardos, la gorra (policía) mata guachos y no se hacen cargo. Fuman porro (marihuana) en la esquina y al 911 están llamando pero nadie vió nada si le pasa algo a algún vago”, dice su canción “BEEF”, en ella, nos encontramos a un menor de edad, con muchas verdades que pocos se atreven a contar, un notable su enojo con la policía, quien en ocasiones, usa su impunidad para abusar de los que no tienen voz.
Zica ejemplifica lo que se habla en el primer párrafo, y cuenta con tono de arrepentimiento: “Yo me levantaba, iba a la casa de mis amigos, que sus familiares eran todos transas, los mismos pibes le tenían que comprar la droga al tío. Era levantarse y salir a fumarse un frito (marihuana con crack), así todo el día. En ese momento era tener 50 pesos y en vez de decir vamos a comprar comida, pensábamos que nos faltaban 150 pesos para una bolsa”. Tras estas palabras, son evidentes los peligros de las drogas, y cuando cada aliento podría haber sido el último, se negó y pudo cambiar el rumbo de su destino. Qué grandioso es que haya podido enamorarse de la música, y así, escupir todos los miedos, rencores e inseguridades que masticó durante tanto tiempo, en arte.
Los años pasan, el reconocimiento crece y gracias al arduo trabajo serio y constante, las oportunidades llegan. Zica consigue grabar, siendo adolescente, colaboraciones con algunos de los raperos más conocidos de la escena nacional, entre ellos: T&K, Flaco Vazquez, Homer el Mero Mero y Zaramay. Pero estas experiencias, no llegan gracias a un representante.

Junto a Ronpe99, amigo e integrante de Rapstinencia, viajan a Buenos Aires siendo menores de edad, sin dinero ni lugar donde dormir y para subsistir en sus epopeyas, se dedican a rapear “a la gorra” en colectivos y subtes de la capital. Esto le permite dejar plasmado su nombre y cara en la primera plana de Spotify, Soundcloud y Youtube, sin embargo, a pesar de su corta edad, la fama nunca se le sube a la cabeza.
Nunca bajó los brazos, aún cuando los escultores del futuro se reían de él, o cuando la abstinencia le hería cual daga. Su personalidad está marcada por la humildad y el respeto, gracias a esto, miles de jóvenes se identifican con su música, al igual que él lo hizo de pequeño, y así puedan sobrellevar de mejor manera su vida, sirviendoles tambíen como ejemplo de que todo con ambición y disciplina se puede lograr.
