Trabajo ganador del concurso Historias Mínimas. Un club de barrio, una estafa en medio de la fiesta liberal menemista y el sentido de pertenencia de sus socios para salvar la institución.

Por Simón Tello, alumno de segundo año
Instagram: @simontello_
“¿A quién le tenemos que pegar?”, preguntó un taxista a la persona equivocada en la asamblea de normalización del Club Deportivo Norte que marcó un antes y un después en su historia para dejar atrás la estafa, el autoritarismo y la miseria.

“Somos del barrio de La Perla”, grita La 90 (nombre de la hinchada del club) mientras alienta al primer equipo en cada uno de los partidos del torneo de primera división de la Liga Marplatense de Fútbol (LMF). Y es así, son del barrio de La Perla, o por lo menos lo fueron y quieren volver.
¿Por qué fueron y ya no son? A principios de la década del 90, la fiesta menemista y el libre mercado marcaba una época en Argentina que arrastraba con ella la clase media que viajaba al exterior, el exterminio de la inflación que atormentó al país con la hiper de Alfonsín y una nueva ilusión de progreso para un pueblo que venía golpeado sin escrúpulos por la dictadura y la crisis.
Sin embargo, cuando comenzaron a fundirse los motores del Estado, cuando ya no había más nada que vender, la Argentina sufrió un período de crecimiento de la miseria, la delincuencia, los negocios sucios de la política y el individualismo galopante que se instaló en el sentido común. En este contexto, Deportivo Norte era un club de barrio, próspero, pero de barrio.
Fundado el 1 de abril de 1937, Norte se mantiene arraigado a un fuerte sentido de pertenencia, compromiso con su comunidad, identificado por su constante contribución a la causa Malvinas y siempre con hambre de crecimiento.
El 30 de abril de 1989 tocó el pico más alto de su historia: jugó una final frente a Nueva Chicago por el ascenso a la B Nacional del fútbol grande de la Argentina que, por un gol de Sergio Rodríguez al histórico arquero aurinegro Luis Di Martino, no sucedió.

A pesar de esto, el club crecía a pasos agigantados y, con la ilusión de poder dar un salto de calidad que lo posicione en la centralidad de la actividad deportiva de la ciudad, se vio inmerso en una estafa con una rifa donde el dinero no sólo desapareció, sino que se llevó consigo a los dirigentes, su sede y la personería jurídica que lo identificaba como asociación civil.
“Era la época de las rifas, como por ejemplo Club Quilmes o Apand, que eran los famosos riferos. Ésta era de Tandil, presenta el negocio y termina siendo una estafa. Cae la famosa ‘Bataraza‘”, detalla Sergio Miori, histórico socio del club y expresidente entre 2013 y 2015. Norte no claudicó. Afrontó los juicios y siguió compitiendo en la LMF. En 1994, un grupo de socios adquiere los terrenos donde hoy funciona el club ubicados en la Ruta 2 km 393 con un aporte de 400 dólares por persona.
Sin embargo, lo peor estaba por llegar. En el 2000, un acuerdo a espaldas de los socios y la comunidad resuelve que para culminar el proceso judicial y afrontar los pagos en torno a la Bataraza no se rematarían las casas de los dirigentes que llevaron a cabo el negocio de la rifa, sino que se remató la sede social del club. La Perla dejó de ser el hogar de Norte. De casualidad aún le quedaban las diez hectáreas y media obtenidas donde, años más tarde, comenzaría a reflotar como su nueva sede.
“El club pasa al mando de los miembros que tenían a cargo el fútbol infantil que eran Cattaneo, Sarnachiaro, Gianolli. Lo que pasa después es que ahí se extravían los libros (de actas y socios), aducen que se habían prendido fuego y se pierde todo lo que tenía que ver con la personería jurídica”, agrega Miori.
Una gestión plagada de logros deportivos, campeón del Clausura 2002 de la LMF, destacado rendimiento de las inferiores en la zona campeonato de la Liga y ventas de jugadores que nutrieron al club y le dieron notoriedad.


Una ancha espalda en lo deportivo, no así en lo dirigencial: el club estuvo 13 años sin llamar a asamblea ni renovar autoridades. Ante esta situación un grupo de padres, entre ellos Miori, Ceroni, Diacri, Castañeda e Iriarte (padre de Fermín, actual jugador del primer equipo del club) comenzaron a pensar una nueva propuesta para el club. “Empezamos a escuchar que había cosas que se manejaban de una manera o de otra que no era democrático. Entonces empezamos a decir que queríamos empezar a colaborar con la comisión. Yo había mamado de chico lo de las famosas asambleas, el libro de socios y todo eso, y nada de eso existía en el club en ese momento, así que decidimos ir por ese lado. Sabíamos que iba a ser engorroso y lento, y así fue”, cuenta Miori quien encabezó, desde 2009, el proceso de normalización de Deportivo Norte.
Tras el fallido intento de ingresar a la conducción del club y proponer un nuevo camino para la institución, se formaron dos corrientes: la de la comisión vigente, compuesta por personas del club y otros que, según Miori, tenían “otros intereses”, y los padres que creían que Norte debía caminar hacia otro horizonte.
Este grupo de padres fundó la agrupación Todos por Norte y comenzaron a organizar eventos donde explicaban lo que estaba pasando en el club, debatían con su comunidad, con acuerdos y desacuerdos, pero con un ímpetu democrático por sobre cualquier interés individual. La decisión de la agrupación estaba tomada: ir por la intervención del club para su posterior normalización.
“Empezamos a ir a La Plata porque Personas Jurídicas de Mar del Plata era mucho más lento. En La Plata nos echaban la culpa a nosotros de haber abandonado tanto al club, que no iban a llamar a nadie. Pero bueno, después de tanta rúbrica y tanto pedido llegamos a que iban a intervenir”, comentó Miori.
Terna de veedores, proceso lento y sacrificado, pero marchaba a paso firme. El procedimiento debía ser preciso: tenían tres meses para adjudicar un veedor, formalizar el padrón de socios y llamar a asamblea de renovación de autoridades. Néstor Martín, padre de un jugador de la categoría 95, fue el interventor del club y la persona idónea para llevar a cabo el desarrollo de la asamblea. Tomó las riendas de la intervención en septiembre de 2012 para llevar a Norte a su nuevo destino. Un trabajo prolijo y sin grietas, eludió los intentos de empadronar personas que nada tenían que ver con el club y mucho lo tenían con la política y una cooperativa de taxistas dirigida por Darío López.

Así llegaron a la oficialización de la asamblea: dos listas, un padrón de, aproximadamente, 150 personas compuesto por padres del club, socios vitalicios e hinchas históricos, y un aire denso que colmó el amplio quincho de su actual sede en Estación Camet.
Fue el 16 de febrero de 2013, sábado a la mañana. La villa deportiva del club se preparaba para celebrar, luego de 13 años, una asamblea de renovación de autoridades. En la entrada Néstor Martín, del lado de la cocina la agrupación Todos Por Norte, en el amplio hall del quincho los padres y socios, a un costado la comisión directiva. Era el día, Norte iba a ser recuperado por sus socios. Algo tuvo que fallar. Pablo Tello, secretario del club entre 2013 y 2017, cuenta que a minutos de comenzada la asamblea, vieron llegar por la larga entrada de granza del predio, una fila de taxis que, comandados por Darío López, tenían un sólo objetivo: disolver la asamblea.
Se bajaron de los coches, entraron al quincho por la puerta de la cocina. Uno de los taxistas entra con el pecho inflado y prepotente. A veces uno piensa qué hubiese pasado si las cosas no hubiesen sido de una manera u otra. ¿Dónde estaría el club ahora? ¿Qué sería de las personas que integraban la asamblea? ¿Estarían conmemorando el 16 de febrero de fiesta o de luto? Por suerte el fuego fue neutralizado con rapidez.
El taxista entró y reconoció a uno de los integrantes de Todos por Norte y le preguntó:
- ¿A quién le tenemos que pegar?
- A mí – respondió.
Se quedó mudo. Instantes después, miró a la gente: padres con sus hijos que jugaban en el club que estaban por votar a mano alzada a otros padres que también tenían hijos que jugaban con ellos. La situación se tornó insostenible. Las decenas de taxistas que habían sido movilizados por una facción del club se volvieron inútiles. Luego, un intento de la propia comisión directiva para disolver la asamblea. Fallido, por supuesto, habían perdido toda legitimidad y autoridad.
La decisión fue unánime. Todos por Norte es la nueva conducción del Club Deportivo Norte con Sergio Miori y Roberto “Pato” Castañeda a la cabeza. “Salió el tiro para la justicia”, sentencia Miori.


domingo 17 de febrero de 2013
Diario La Capital, domingo 17 de febrero de 2013
“El día después fue descansar, luego a trabajar”, se decía en el club. No mintieron, Norte no paró de crecer de la mano de la agrupación. Primero vino Miori, luego Rodolfo Álvarez dos veces, Fernando Crespo en una oportunidad, y hoy Ezequiel Moya, hijo de la generación que recuperó el club, preside la comisión directiva y llevó al primer equipo a a una nueva edición del Torneo Regional luego de 28 años.
«Nosotros tenemos planes a corto, mediano y largo plazo. A corto, queremos mantener lo que tenemos. A mediano, darle un auge importante a la villa deportiva con la construcción de piletas y un vestuario. A largo plazo, tenemos un sueño: que la sede social vuelva al barrio de La Perla», dijo Rodolfo Álvarez al Diario La Capital el 1 de febrero de 2016. El sueño sigue vigente.
