La definición que se utiliza para trabajar en el ámbito psicológico con las
presiones que lidian los futbolistas juveniles en Aldosivi.

Un pasillo largo al aire libre que rodea a la cancha del fútbol infantil separa al predio deportivo de Aldosivi, en Av. de Los Trabajadores 1800, de “Casa Tiburón”. La puerta principal es opacada por el cuadro de convivencia que debe ser cumplido obligatoriamente cada vez que se ingresa en el establecimiento.
Entre las normas, se destaca la más nueva bajo el nombre “apagón digital”, que consta en que los juveniles que viven dentro, entreguen el celular a las 22 para descansar mejor y dormir las ocho horas recomendadas. Referencia tomada al modelo que aplica el club River Plate en sus instalaciones.
En un deporte competitivo como lo es el fútbol, las divisiones inferiores toman un papel fundamental debido a que es el lugar donde los profesionales se forman. Bajo la presión de estar a la altura para llegar a primera, las decisiones no son un detalle menor. Gran parte de esas situaciones involucran al ser humano y a la salud mental que, luego de varios años de lucha por los profesionales de la salud, dejó de ser un tema “tabú” para
trabajarse de forma formal en instituciones deportivas con categorías juveniles.
Detrás de cada deportista, hay un equipo que se encarga de coordinar el día a día y de gestionar la residencia. Gisela Cabrera, encargada de la pensión desde hace seis años y medio, asegura: “Es una tarea muy difícil, un desafío a diario. Sos autoridad, pero a su vez referente afectivo”. Además, es la primera en notar si algo anda mal, como cuando un chico deja de comer, extraña a la familia o no la está pasando bien.
Sin embargo, la contención no solo implica acompañar, sino también unir una intervención psicológica para mejorar el estado del futbolista. Silvina Posada, psicóloga deportiva que trabajó en casos relacionados al fútbol, explica que al principio los chicos llegan por un problema en común, la “ansiedad”. Así mismo, añade que “el miedo a quedar libres y que las familias los presionan para que los salven” los bloquea constantemente de
manera física y mental.
Para Posada, el abordaje psicológico en el deporte no debe ser un “auxilio”, sino un entrenamiento diario. Ella destaca que el mayor desafío es deconstruir al “jugador máquina” para rescatar al adolescente que está detrás y señala que el trabajo consiste en darle todas las “herramientas” para poder enfrentar y superar esos momentos en los cuales no todo sale como queremos. Además, sostiene que los jóvenes tienen que entender que no se definen en la cancha por un mal partido, sino por fuera, en la manera que
actúan como personas.

El principal protagonista, sin dudas, es el jugador. Ian Acosta, que a sus 19 años ya sabe lo que es relacionarse con la exigencia profesional, reconoce que el camino no es sencillo: “Uno piensa que todo es entrenar, jugar, disfrutar y vivir a costa del club. Pero hay un montón de cosas que te pesan. A mí, no ver a mi hermano más chico crecer”.Pieza número 19 de la pensión, segundo piso mirando a la entrada del predio. Volver a vernos después de tres años se
resume en un abrazo largo. La última imagen que tenía de él era del 2023, en las puertas del Secundario N° 3 sobre la avenida Juan B. Justo. Ahora, con el termo y el mate de por medio, el ambiente es distinto. Saco la hoja con las preguntas, pero la formalidad queda a un lado en cuanto empezamos a charlar.
¿Te acordás cuando viniste por primera vez al club? ¿Qué se te pasaba por la cabeza?
– Sí, obvio que me acuerdo. Fue a finales de enero de 2019, fue mi primera prueba en un club y estaba nervioso. La oportunidad llegó a través de un amigo de su padre que le consiguió tres días de prueba en Mar del Plata y, aunque el miedo a algo nuevo lo perseguía, no dudó y se armó el bolso. Después de aquella larga prueba, tocaba volver a su casa y en el camino lo
llamaron y le dijeron: “Ian, quedaste”. Sin dudarlo, se instaló en la pensión, que por aquellos tiempos era muy precaria y no estaba dentro del predio del club.
“Lo que más me costó cuando me quedé fue estar lejos de mi familia, de la cocina de mamá y de mi hermano”, señala. Hoy ya en 2026, con el Torneo Apertura finalizado y siendo titular indiscutido en la Reserva, el desafío no es adaptarse, es dominar presiones superiores.
En el día a día, ¿cómo manejás la ansiedad y la cabeza cuando aparece la incertidumbre de no saber si jugás el finde, vas al banco o ni siquiera estás citado?
– En esos casos me apoyo mucho en la fe y pongo mi confianza en Dios, vengo de una familia muy creyente. Para manejar la ansiedad en cada citación leo la Biblia y oro antes de cada partido y en los entrenamientos. Mi relación con Dios y el apoyo de mi familia son los que me sostienen ante la incertidumbre.
Cuando sentís que no rendiste o que no te salieron las cosas en un partido, ¿qué sensaciones se te pasan por la cabeza? ¿Podés dormir tranquilo el día antes y el día después de un partido?
– La sensación inmediata es de enojo y frustración, porque uno siempre se exige al máximo y cuesta dormir dándole vueltas a las jugadas. Pero trato de transformar esa bronca en energía que me fortalezca para corregir errores, seguir entrenando y seguir creciendo en el día a día.
¿Con quién hablás en esos momentos? ¿Se convive mucho con esa sensación de no saber si mañana vas a quedar libre, si vas a jugar en Primera, si te vas a un club más grande o si no te toca jugar?
– Todo el tiempo se convive con esa incertidumbre, el futbolista convive con eso. En esos momentos me refugio en las charlas con mi familia y en la oración. Sé cómo es este ambiente, pero tengo la seguridad de que con
esfuerzo, perseverancia y mucho trabajo, los sueños se alcanzan.
La psicóloga y la responsable de ustedes me imagino que deben ser como una mamá o un padre dentro del club. ¿Eso te ayuda a reducir esas sensaciones y presiones?
– Sí, totalmente. Tanto Martina como Gisela son un pilar fundamental para nosotros, como así también todo el personal del club que nos cuida y nos atiende todos los días; son nuestra familia acá adentro y nos ayudan
muchísimo a bajar las presiones.
En la pensión hay muchos pibes que están en la misma situación tuya y tampoco saben qué va a pasar. ¿Se aconsejan entre ustedes sobre estos miedos? ¿Se apoyan y se entienden entre sí?
– Sí, nos ayudamos mutuamente todo el tiempo. Compartimos el mismo techo y los mismos sacrificios, así que nos entendemos con solo mirarnos. Cuando alguno está bajón nos sentamos a charlar, nos aconsejamos y nos
bancamos entre todos para seguir adelante.
Hoy que ya estás entrenando con Primera y que seguramente te tienen visto con buenos ojos, ¿qué importancia le das a la psicología y a lo mental en tu día a día?
– Le doy una importancia tremenda porque la cabeza es la que maneja todo. Desde lo mental lo trato de llevar con mucha tranquilidad para que las expectativas no se vuelvan un peso diario a la hora de entrenar, y me enfoco en disfrutar cada momento acá en Primera.
Y si pudieras mirar atrás, ¿qué le dirías hoy a ese Ian Acosta que recién llegaba al club lleno de miedos en busca de un futuro mejor?
– Le diría que siga confiando plenamente en Dios y que confíe mucho más en él mismo y en sus condiciones. Que no tenga miedo, porque todo el sacrificio va a dar sus frutos y nunca hay que dejar de luchar por los sueños. La vida dentro de un equipo de fútbol de máximo nivel, como lo es Aldosivi, demuestra que todo va más allá del deporte.
Las normas de convivencia, la figura de Gisela Cabrera como referente afectivo y el trabajo psicológico de Silvina Posada revelan que esto no es solo entrenar y competir, es un estilo de vida. Entender que los futbolistas no son “máquinas” resulta difícil tanto para la sociedad como para ellos mismos, que lidian con presiones a diario y necesitan contención para sostenerse en un camino lleno de incertidumbre.
Por Bruno Cicuttini, 3er año.
