“Y a mí, ¿quién me representa?”

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Lucía Peralta es hincha y socia de River Plate. Es, además, integrante del colectivo “River feminista”, que pretende patear los estereotipos y los micromachismos del mundo del fútbol, para llenar de goles al patriarcado.

   — ¿Cómo nace “River feminista”?

   — River feminista nace el año pasado, en medio de la lucha por el aborto, justo cuando se debatía el proyecto. A raíz de esto, un grupo de amigas coincidimos en que, a lo largo de nuestra vida, nunca tuvimos un espacio de mujeres; siempre que íbamos a la cancha era acompañada de varones, hablar de fútbol era prácticamente lo mismo y, encima, se le sumaba el tener que disputar un lugar, tener que demostrar que sabés. A mí me sigue pasando hasta hoy, en cierta forma se reduce a eso: tenés que ganarte un lugar. 

     Hoy por hoy, en este espacio, compartimos dos cosas que son fundamentales en nuestra vida como son River y el feminismo, canalizamos todo.

   — ¿Qué recordás de aquel entonces?

   — El 28 de septiembre es el día del hincha de River y, también, el día por el derecho a decidir. Ese día, el año pasado, sale un institucional del Club que se difunde en las redes, donde ni las mujeres ni las disidencias formaban parte. Sentí que no era el día de “la” hincha de River o de “le” hincha de River, sino el día “del”. 

     A partir de eso, difundimos el hashtag “#nosotrassomosRiver”, que también sirvió para dar a conocer nuestras redes y hacer crecer el movimiento. 

   — ¿Son todas mujeres?

   — Si, pero de casualidad. En este momento no hay disidencias, aunque nuestro interés es generar un espacio compuesto por muchas personas, donde no haya hombres cis.

     En total, somos 15 mujeres y todas tenemos igual participación, de ninguna forma es algo piramidal. 

   — ¿Todas de Buenos Aires?

   — Al principio sí, pero por la situación económica del país, sumado a cuestiones personales, dos chicas se fueron a vivir a Berlín y siguen las actividades y reuniones desde allá. También hay una chica de Tierra del Fuego.

   — ¿Con qué fin/es crearon este espacio?

   — Nuestro enfoque es que exista una perspectiva de género en el club. Es como lo general, lo global, pero es, también, lo que le da sentido a las distintas aristas y problemáticas que vemos por todos lados.

   — ¿Por ejemplo?

   — Y, en Adidas no hay talles ni opción de ropa para mujeres o disidencias y, en el caso de que haya, no hay diversidad. Yo, que soy muy chica, no consigo talles de camperón, por decirte algo.

     Y, de todas maneras, no debería ser tan binario. Hoy por hoy, las camisetas de mujeres son muy entalladas, escotadas. Eso para jugar al fútbol no sirve.

     Ahí te das cuenta que, incluso al querer incluir, se discrimina.

     De todas formas, River es una porción de la sociedad. Digo, es un club social de Capital Federal y, aun así, tiene muchas problemáticas, imagínate los clubes del interior que son menos “conocidos”. 

   — Y puertas adentro, ¿cómo lo ves?

   — En el club, la representación que puede tener una mujer es casi nula: los cargos administrativos son ocupados por hombres, los vocales titulares son todos hombres… recién en los vocales suplentes encontrás tres mujeres, pero también siete hombres. Por eso es que hoy se está peleando mucho por el cupo femenino. Todas las mujeres que, de algún modo, pertenecemos al club, nos juntamos en varias reuniones para tratar estos temas, porque hay una realidad: A mí, ¿quién me representa?

     Es probable que haya mujeres sin perspectiva de género, obvio, pero también es cierto que es más probable que haya mujeres con perspectiva, que hombres. Además, la principal intención es que haya lugares ocupados por mujeres. Pasa por ahí, por ocupar espacios. Mujeres capacitadas hay. 

     En lo que hace al padrón, también. Hoy, aproximadamente un 30% somos mujeres, ¿por qué, entonces, en las listas no tenemos representatividad? Muchas veces naturalizamos que haya hombres y eso tiene que empezar a cambiar. 

   — ¿Y esos cambios llegan con la profesionalización, por ejemplo? 

   — A partir de la profesionalización se empiezan a mover sponsors, aparece la televisación. La camiseta de las chicas que practican fútbol en River, hasta este año no tenía sponsor, por ejemplo. A partir de esto, empezaron a tenerlo. 

   — ¿Qué opinión les merecen las acciones comprendidas como “folclore”?

   — Cuando empezás a involucrarte en el feminismo, te encontrás con que algo que siempre fue muy cotidiano, en realidad reproduce un discurso con todo lo malo: desde lo heteronormativo, más que nada, con mucha discriminación, machismo, homofobia… incluso con la cultura de la violación muy naturalizada, todo desde un lado peyorativo.

   — ¿No notás cambios en su reproducción?

   — En el último tiempo habían cesado bastante, pero con la victoria sobre Boca en la final de la Libertadores, volvieron. Se dijo de todo y, la verdad, hubo cosas irreproducibles, casi todas con violencia sexual de por medio y, ¿qué pasa, por ejemplo, con una víctima de violación que escucha eso? 

     Donde sí hubo cambios fue en los cantos xenófobos, pero, ¿por qué? Porque te multan. No creo que se deba a que la sociedad se lo esté replanteando.

   — ¿Considerás que influye en lo cotidiano?

   — Seguro. Esto segmenta: Los hombres que van a la cancha a ver o jugar fútbol son blancos, heterosexuales, cis. 

     No hay que olvidar que el deporte es una herramienta cultural. Quiero decir, en Argentina respiramos fútbol y, aún así, hay muchas situaciones que vivimos solo nosotras, por el hecho de ser mujeres.

     Esto no termina en las hinchas: la mujer que practica algún deporte, incluso, especialmente si hablamos de fútbol, es masculinizada. Se la corre de “objeto de deseo” porque, automáticamente, tiene que ser lesbiana.

   — ¿Y si alguna vez se tomara al fútbol femenino igual de “en serio” que al masculino? ¿Qué pensás de eso?

   — El fútbol global siempre fue el masculino; el femenino es específico, lo mismo pasa con los hombres homosexuales. Sucede que si no tenés ciertas características, tenés que irte a otro tipo de fútbol y, la verdad, nosotras no queremos “otro fútbol”; queremos poder seguir yendo a la cancha sin tener que lidiar con estructuras o situaciones machistas. Obviamente, nuestro enfoque es con perspectiva de género; por ende, la separación sexista no es la solución. 

     Más bien, la idea es que se especifique o que, en todo caso, no haya binarismo. Deseamos un fútbol que no discrimine y no margine.




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