Victoria Ocampo y el escándalo por «la casa más fea de Mar del Plata»

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Mucho se sabe del escándalo que desató Victoria Ocampo a fines de los años 20 cuando su casa racionalista estremeció como un rayo la ensoñación afrancesada de Barrio Parque (Palermo Chico). 

No es tan sabido –sin que llegue a configurar un misterio- que Victoria ya había hecho caer el mismo rayo en Mar del Plata con la construcción de una casa cubista; quizás la primera del país.

¿Cuántos significados encerró ese desafío?. En su propia biografía, Victoria ofrece explicaciones elocuentes y la primera de ella nos habla de una ruptura con los dictados familiares. De hecho, al recordar las casas que hacía construir su padre, manifiesta:”… se pasó a un estilo francés nada feliz, aunque costoso. Estábamos en una mala época, en cuanto a la arquitectura”.

Impactada por la vanguardia europea y particularmente por el provocador Le Corbusier, Ocampo observó en la arquitectura moderna “uno de los signos más reveladores de nuestra época. Nuevos materiales, nueva manera de vivir”; sin desconocer que al momento de aplicar esos revolucionarios conceptos en su vivienda habría gente “dispuesta a escandalizarse de mi inconducta…”

La casa cubista marplatense de Victoria Ocampo fue construida en Alberti 372, esquina Pellegrini, y hoy gran parte de su estructura original está integrada al hotel gremial “Realidad”, de OSETRA. Victoria Ocampo la describió con claridad: “construimos una casa pelada, unos cubos”, pero en su autobiografía nos hizo saber que por sus ventanas “entraba una increíble cantidad de Atlántico”.

La propia escritora diseñó aquella vivienda, que fue levantada en 1927 por Pedro Bottazzini, “…un hombre de buena voluntad, constructor de galpones…”. 

Luego Victoria escribiría: “Mi casa no era indecente, y sin embargo el público se comportó con ella como si lo hubiera sido. Las gentes interrumpían ante mi puerta sus paseos en automóvil o a pie y se ponían a hacer chistes, se daban de codazos, estallaban de risa, se cambiaban guiñadas significativas, lanzaban exclamaciones burlonas, preguntaban si era una usina o un establo. Cuando más parecían divertirse era a la hora del té, pues yo tenía por costumbre tomarlo ante mi gran ventana abierta a la terraza. Si el viento soplaba del lado del mar, hasta alcanzaba yo a oír sus comentarios sarcásticos”.

Victoria vendió esa propiedad un año después, no como consecuencia de las críticas. Lo hizo para financiar la escandalosa casa racionalista que inmediatamente levantó en Palermo Chico.

Queda además, como recuerdo, una humorada de Victoria, quien solía decir: “al tomar un taxi le pedía al chofer que me llevara a la casa más fea de Mar del Plata. Y me trasladaba a mi domicilio”.

Nota extraída del Facebook de Gustavo Visciarelli




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