Un Tablero lleno de Historia

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Por Federico Manzo – Trabajo especial para DeporTEA Mar del Plata

A principios del siglo XX y por varias décadas, nuestra ciudad fue ´´espectadora´´ y a su vez servicial, de la ostentosa forma en que la aristocracia porteña pasaba sus veranos.

Estas personas que optaban por vacacionar en la zona sur de Mar del Plata como, por ejemplo, en la Villa Ortiz Basualdo, adoptaron el estilo, la vestimenta y todo lo que respecta a la moda, de los ingleses. Las mujeres que vacacionaban utilizaban el pelo corto, cuasi masculino, no obstante, destacaban los ojos con kohol y los labios rojo intenso. La vestimenta consistía en un escote en V y en faldas que dejaban al descubierto los tobillos. Por su parte los hombres, se vestían con trajes, corbata, zapatos y el look era parecido al de hoy en día: el cabello corto a los costados y en la nuca, y un poco más largo arriba. En el rostro rara vez se podía apreciar barba, a lo sumo, un fino bigote.

 

 

Los “porteños” de clase alta acostumbraban pasar su tiempo en el Club Mar del Plata, el Ocean o el Golf Club, es decir, se movían por la zona sur, ya que la norte estaba destinada para la gente de menores recursos en comparación a los que pertenecían a esa elite.

Es inevitable remarcar que las prendas que utilizaban las mujeres estaban condicionadas por el pensamiento machista de los hombres. Aún así, conforme pasó el tiempo y ya situándonos entre la década del 20 y el 30, las damas que acostumbraban a tomar el té de las 5 en la Villa Ortiz Basualdo, utilizaban el pelo corto (liso u ondulado) algunas le agregaban una cinta en la frente. El maquillaje se usaba muy recargado sin importa que se viera artificial: los ojos negros, la boca y las cejas cuidadosamente perfiladas en forma semicircular. Ya en el año 1925 apareció en

el mercado la primer laca de uñas de color, la cual, por cierto, recibió miles de adeptas.

Pasado la mitad del siglo XX era común que en la casa y en los dormitorios se sintiese el Channel N°5, perfume icono de la modernidad.

Así se vivía en la Villa Ortiz Basualdo y ¿saben quién lo contó? el arquitecto e historiador Roberto Cova, que encontró en su archivo personal, el pasado agosto, un tablero de luces que comunicaba internamente las habitaciones de la Villa Ortiz Basualdo, actual museo Juan Carlos Castagnino, ubicado en Colón y Alvear.

 

El Tablero

 

Este hallazgo permite describir con precisión la cantidad de ambientes que tenía originalmente la casa. “El tablero nos ayuda a confirmar que durante los veranos de 1910 y 1960, albergaba la misma cantidad de residentes como de trabajadores de servicio”, dijo el arquitecto.

Aunque no sé sabe si el tablero fue fabricado en la Argentina o en el extranjero, sí queda claro que esta tecnología representaba un sistema sofisticado para la época. Había un trabajador que se encargaba de conectar manualmente los circuitos para realizar las comunicaciones, siguiendo las señales de luces.

Roberto Cova

En ese momento, Mar del Plata no contaba con tendido telefónico en las calles. Sin embrago, la Villa Ortiz Basualdo tenía teléfonos internos en cada una de sus habitaciones y en los espacios comunes. Por ejemplo, en la cocina.

El diseño de los teléfonos tenía el auricular y el micrófono separados. El funcionamiento era similar al de un conmutador actual. Cada espacio tenía un botón específico, al pulsarlo se encendía una luz y el operador los interconectaba.

Lo descubierto por Roberto Cova permite comprender mejor la obra, sus habitantes y la ostentosa forma en que la aristocracia porteña pasaba sus veranos a principios del siglo pasado en Mar del Plata.




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