TODOS CREEN QUE SON VÍCTIMAS

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En momentos de pensamientos, dudas y caras imaginarias que sobrevuelan un estudio toma una lapicera de color negro, y frente al papel impreso por la escribana que todavía sigue caliente, la hermana mayor, de cinco, realiza su firma característica dando parte de “su patrimonio” a un completo desconocido. Estallando un caos familiar.

Hebe Cingolani fallece en Necochea, dentro del hospital Dr. Emilio Ferreyra, y todos sus bienes (Negocio familiar y el ex departamento de sus padres) pasan a manos de Fernando Serrano, hombre trabajador que conoció a una anciana desolada en sus últimos tiempos de vida.

Olimpia María Brunelli y Juan Domingo Cingolani, ambos nacidos en Laprida, centro-sur de la provincia de Buenos Aires, dueños de un campo medianamente grande y padres de 5 hijas: Elba; Elsa; Ana María; Susana y la mayor de todas Hebe quien poseía cierto bajo grado de autonomía y sociabilidad.

“Señoritas hechas y derechas” cómo estaría anotado en un papel, un tanto arrugado junto a una foto de todas en su terreno. Y es que así fue, si se utiliza el pensamiento de ese entonces, ya que todas consiguieron casarse con un hombre serio, trabajador y honesto. Por un lado, Elba, Susana y Ana María conocieron a señores banqueros que dedicaron hasta el último de sus días trabajando para las entidades financieras. Por otro lado, Elsa se enamoró de un joven alto, peronista e hincha de San Lorenzo que trabajo de contador público. Hebe conoció a un español de doble apellido, que tenía en su patrimonio una verdulería completa, a quien se lo recuerda por su gran persistencia al trabajo.

Pasaron los años, en la década del 70, y se tomó la decisión general de vender el campo para mudarse a la gran ciudad costera, Necochea. Todas las hijas siguieron su camino, menos una: Hebe; quien abandonó a su marido en Laprida por tanto amor y cariño hacia sus padres.

Ya situados en allí, nació la idea de crear “Helados Cingolani”. Una de las únicas heladerías en la ciudad que estaba acompañada de un departamento en la parte superior del local, ubicados ambos en la Diagonal San Martín.

A pesar de facturar grandes cifras de dinero con la heladería, había algo que no podían comprar: El tiempo. Por lo que, Olimpia y Juan Domingo tomaron la rápida decisión de preparar las herencias que recibirían sus 5 hijas.

“Ustedes son grandes y cada una tiene una persona que en momentos adversos pueden socorrerlas económicamente”, decían los progenitores refiriéndose a sus esposos. “Pero, quien no está con nadie es Hebe. Por lo tanto, se nos ocurrió dejar el departamento y el negocio a nombre de ella ya que no habrá división de bienes en caso de una separación”.

“¡AUNQUE EL DEPARTAMENTO ES DE TODAS!”

Estas simples palabras fueron la raíz del desastre que años después iba a florecer, no como una rosa ni un girasol. Sino como una planta negra y marchita que intoxicaría todo a su alrededor.

Hebe, comenzó a entablar una relación amistosa con Fernando Serrano, el cual buscaba abrir un negocio para poder darle de comer a su familia. ¿Una víctima del sistema? ¿Una persona situada en momento y lugar correcto? Tiempo al tiempo llegaron ambos a un acuerdo en que la ex heladería tenía un gran potencial para imponer el negocio, por lo tanto, la quinta hermana decidió alquilarle a un precio más que accesible y totalmente desfavorable para su billetera.

Si bien el timbre del departamento en algunas ocasiones tenía rastros de la huella dactilar de alguna de sus hermanas, la realidad es que no siempre se mantenían en contacto. La relación entre inquilino y propietaria se fortaleció. Ninguna amiga —porque no tenía— la visitaba. Mucho menos su esposo abandonado en Laprida.

El departamento de Hebe, que dejaría de serlo a la hora de su muerte, normalmente se encontraba de lunes a domingo en un pleno silencio tras la poca visita y movimiento. Aunque, el boca a boca de un pueblo donde todos se conocen, hizo que el tono de llamada de ese celular antiguo llene de incesante e incontrolable sonido dando de cuenta a un CallCenter. En donde sus nietos y hermanas le reclaman e intentan hacerla entrar en razón.

Es que, en una noche de “egoísmo”, “psicosis” y de “vieja loca” optó por tomar la decisión de regalarle lo que la ley definía como su negocio y su departamento, a quien la había acompañado en este último tramo de su vida: Fernando.

La noticia dentro de la familia cayó como “patada en los huevos” expresado por los más sutiles, ya que se había regalado algo que, dicho por Juan Domingo “era de todas”.

“Y es que, ¿qué podemos hacer Elba? la ley no nos respalda. Todo estaba a nombre de ella” aquejaba Susana tras la falta de confianza a encontrar una resolución positiva.

Se analizó cada caso similar que encontraron en el estudio jurídico de Diego Di Fiori, hijo de Susana y nieto de Hebe. Hasta se llegó al punto de intentar intervenir por medio de una demostración psicológica, que Hebe no estaba en sus cabales. Pero nada…

La recepcionista del hospital Dr. Emilio Ferreyra con la agenda de visitas a más no poder, tras varios días de la internación de la actriz principal, preguntándose si esta señora era famosa o que pasaba. Una familia entera buscando respuestas del por qué a su accionar, y un sapo de otro pozo en una esquina de la sala sentado, vigilando que nadie la haga cambiar de parecer.

El tipo que iba cruzando por la calle, imparcial y sin idea de todo lo ocurrido, notó el triángulo informativo que se había formado, en donde todos demostraban la necesidad de “ser menos siendo víctimas”: quien aqueja necesitaba el dinero para su familia, aunque todo lo otorgado por Hebe estaba en buena ley y le pertenecía; “la dueña de todo”, con la conciencia limpia, convencida de haber actuado bien al darle todo a quien la acompañó durante su último tramo de vida, a lo Beatriz Sarlo; y un grupo familiar desesperado por conseguir lo que era falsamente propio desde el aspecto legal, intentando sin importar el costo. Pero si hay costo, para algunos es un golpe directo en el bolsillo en momentos donde no es fácil llegar a fin de mes; para otros, un verdadero shock en la dignidad y el pensamiento erróneo que se tenía sobre una persona, —no te voy a decir cuál es cuál, saca tus propias conclusiones—.

Un mensaje de WhatsApp de Fernando, que luego se iba a replicar por el resto de contactos, llega al teléfono de Elsa avisando que su hermana mayor había fallecido hace unos minutos.

Se cerraron las posibilidades, como el portafolio de la escribana luego de ambas firmas y como se cerró el cajón de Hebe tras su fallecimiento.

«Historias Minimas» – Tomás Echaveguren




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