Porque tienen con que creer

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Recuerdo como si fuera ayer la épica derrota de River contra Lanús, en donde nos metieron en menos de 45 minutos 3 goles y nos dejaron afuera de la final de la Libertadores 2017. En ese momento parecía que el ciclo Gallardo había llegado a su fin, que las posibilidades de volver a ganar una copa internacional eran muy bajas y mucho menos ante Boca Juniors.

A diferencia de la mayoría de los mortales, para Gallardo y su equipo esa caída marcó la reconstrucción de una nueva historia. Como un paso obligado para tocar fondo y llegar nuevamente hasta lo más alto de la historia. La frase “todo pasa por algo” y “de todo se aprende” tomó, menos de un año después, más valor que nunca.

Esa noche y semana post eliminación en 2017 me torturé la cabeza pensando como nos podía haber pasado algo así. Ir 3-0 arriba en la serie y que en un abrir y cerrar de ojos estemos 4-3 abajo. Gallardo, que ya era casi un dios para mí, no había podido ante un segundo tiempo de un equipo 7 puntos como Lanús. Me enojé mucho, muchísimo, no quería ver más fútbol, quería que River ganara todo, en este nuevo ciclo me había mal acostumbrado de tal manera que casi que había borrado la palabra perder de mi vocabulario.

Pero como dijo una vez el muñeco sobre las derrotas “es parte de la enseñanza permanente. Vos cuando perdes es ahí donde realmente aprendes”. Y así pasó.

Un año después, un 9 de diciembre, luego de no dormir durante un mes (cómo la mayoría de los hinchas millonarios) le agradecí al destino haber perdido aquella noche. La sed de revancha, la entrega, el compromiso que se vio en jugadores luego de esa derrota como lo fueron Pinola, Enzo Pérez, Scocco, Borré, Ponzio sentenció un nuevo final para River. Tardé más de 365 días en entender el beneficio de esa derrota contra el granate. La realidad reflejó que en estos equipos de elite mientras más hondo se caiga más rebote tienen hacia arriba.

Hoy, a dos días de haber perdido la final vs Flamengo, estoy casi tan dolido como aquella noche del 2017. Pero hay algo que me deja mucho tranquilo y es que de las peores batallas nacen los mejores guerreros. Y eso que ni nombré estadísticas como haber llegado a 15 finales en 5 años, eliminar 5 veces seguidas al máximo rival, entre otras cosas.

Lo del sábado no fue una derrota más para Pratto, Armani, Pérez, Palacios, Montiel, Nacho Fernández, Gallardo, etc. El factor que logró convertir a estas camadas en las mejores de la historia millonaria es la capacidad de resiliencia que ronda en el equipo. Para quienes no saben, este término se define como la capacidad de una persona para superar circunstancias traumáticas.

En síntesis, no sé cómo será el futuro de River de aquí en más, pero hay algo que si puedo asegurar y es que de ahora en más (y como siempre) que la gente crea porque tiene con qué creer.




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