Pensamientos de una docente en medio de la Pandemia

223

Comienzo estas líneas que vengo masticando hace tiempo con una mezcla de zozobra, incertidumbre y cierto sentimiento de desamparo. También con dolor, siento que hay una grieta más que se suma a las ya existentes a la sociedad argentina y eso, obviamente, no es bueno sobre todo cuando pienso que mi tarea fundamental es propiciar el pensamiento crítico y, a veces, sólo veo extremos… extremos que parecen (y repito, parecen) no tener espacios u objetivos en común.

Lo que voy a escribir es sobre dos afirmaciones que veo repetidamente en las redes sociales y de las que ningún gremio (de entre los cientos que hay en el país) sale a defendernos y trataré de llegar a algún tipo de conclusión que, como todo conocimiento socialmente construido, es sólo una impresión preliminar que nos permitirá seguir buscando consenso y diálogo. Como dicen mis amig@s españoles, al lío!

Afirmación 1: “Los únicos que pueden estar contentos con la extensión de la cuarentena son los empleados del Estado”

Soy empleada estatal ya que me desempeño como docente en escuelas estatales y mi hija va a escuela estatal. Yo no estoy de acuerdo con la extensión de la cuarentena, creo firmemente que estarlo es ser -de alguna manera discutible- egoísta. Sinceramente, pienso más allá de mi
persona, cada anuncio de extensión pasa sobre mí como una aplanadora porque pienso en amigos y familias de estudiantes que necesitan, imperiosamente, trabajar. Creo que deben encontrarse otras formas de convivir con el virus y gestionar el Estado y la sociedad en y durante lo que dure la pandemia teniendo en cuenta tres factores:

  1. Que se protejan las vidas y los empleos de quienes tienen más de 60 años y/o pertenecen a los grupos de riesgo
  2. Que haya estricto cumplimiento de los protocolos de cada actividad para preservar a trabajadores y consumidores al mismo tiempo que se normalizan las actividades laborales
  3. Que se disponga de todos los elementos de higiene que permitan mantener los protocolos aún en condiciones de precariedad material y económica (con eventual soporte del Estado)

Así que decir que los estatales estamos contentos con estas resoluciones es meter a tod@s en la misma bolsa y eso, definitivamente, nos ubica en veredas opuestas que sólo generan más división social.

Afirmación 2 : “Los docentes no trabajan” y “Las plazas para protestar sí pero para dar clases no, y después hacen paro”

Soy docente de escuelas cuyos estudiantes y familias tienen muchas necesidades y carencias, tanto materiales como culturales.

La escuela misma tiene carencias porque, a diferencia de lo que quieren hacer creer distintos relatos, las secretarias y equipos directivos tienen que ir a rogar al Consejo Escolar para que, en tiempos pre pandemia, les den (o tiren de limosna, según sea tu apreciación) 5 litros de detergente, 2 bidones de lavandina y poco más por semana, quincena o mes… todo dependiendo de cuánta sea tu insistencia y persistencia ante el sistema burocrático escolar.

Del jabón en los baños, guantes para auxiliares (para limpiar los baños y demás espacios comunes), del papel higiénico y para armar por lo menos dos botiquines que tengan lo mínimo (para toda la escuela en el peor de los casos)… se hace cargo la cooperadora. Y los docentes.

Porque las familias no siempre pueden pagar 200 pesos por mes para ayudar a las escuelas. Porque creen, y no están del todo errados, que el Estado debe proveer esos elementos mínimos.

Ahora que saben un poco en el contexto material en que doy clase (sin meterme en cuestiones de infraestructura que eso requeriría un artículo aparte) les cuento que, mi tiempo en pandemia está bastante ocupado. No estimad@, no estoy con tiempo libre descansando. El tiempo de clases, que
antes eran dos horas aquí y dos horas allá (porque los profes de secundaria tenemos un régimen distinto a los de primaria pero eso, nuevamente, sería para otro artículo) ahora es 24/7.

No trabajar, ja!… parece que no se enteraron que en la Argentina, l@s argentin@s piden poder ir a trabajar!

Te cuento un poco que mi tarea específica solía pasar por planificar las clases, corregir trabajos, llenar planillas de seguimiento, preparar actos y proyectar salidas o actividades de extensión (sí, todo eso sin contar cursos de actualización, los tiempos de traslado de una escuela a otra y demás
malabares). Ahora, además de todo eso (menos el traslado, porque hay actos virtuales también) tengo que tener en cuenta, entre otras cosas:

  • Los contenidos que la Provincia me dice que tengo la obligación de dar,
    el recorte real que hago de los mismos para llegar y que mis estudiantes no dejen el cerebro -y las ganas- en el intento.
  • El pensar la conectividad propia y ajena (sí, los docentes solemos tener familia con la que nos tenemos que turnar para usar los insumos tecnológicos disponibles en el hogar… aunque usted no lo crea).
  • El pensar actividades teniendo en cuenta cosas como que mis estudiantes no todos tienen a la familia al lado para que los ayuden (porque sus padres trabajan -que mala costumbre tienen!- o, peor aún como me pasa este año, no tienen familia porque han sido abandonados) y deben poder resolverlos solos (porque tampoco tienen tecnología disponible para, siquiera, mandarme un audio de WhatsApp).
  • El pensar que los recursos sean fáciles de comprender y de acceder tratando de sortear azarosamente la disyuntiva de “¿Poco y mantengo nivel o mucho y nivelo para abajo porque dejo, deliberadamente, a más de la mitad de los estudiantes fuera de las actividades?”. Esta última duda es algo que nos aqueja constantemente porque la decisión nos convierte de docentes inclusivos en docentes exclusivos.

Como les dije, además de las clases debo cumplir órdenes y contraórdenes de Directivos, Jefes de Departamento (que a veces vienen con minutos de diferencia) y requerimientos varios como:

  • Hacer planillas con participación de los estudiantes en forma semanal, quincenal, mensual (por si hay estudiantes que perdieron la continuidad a a través de la virtualidad).
  • Informar qué tipo de comunicación mantengo con cada familia y/o alumn@ (Classroom, mail, WhatsApp, Zoom y todas las disponibles… porque nos estamos especializando en explorar y agotar recursos con el objetivo de que nuestros chicos no abandonen la escuela).
  • Hacer planillas con recortes de contenidos de recorte de contenidos (con la justificacióncorrespondiente para que los Inspectores queden contentos).
  • Ser nexo entre familias y Equipos de orientación para coordinar asistencia ya sea de alimentos como de módulos en papel.
  • Cumplir con las reuniones obligatorias con equipos directivos aunque sean a las 7 de la tarde (total, estamos en cuarentena, no salimos de casa, no trabajamos y tenemos todo el día para descansar, así que la hora es lo de menos, no?)

Me parece que no es necesario que les diga nada más con respecto a la primera de las afirmaciones citadas y ante la aseveración de varios medios de comunicación diciendo que no estamos dando clases (¿no estoy dando clases? si hasta oriento a las familias de mis estudiantes cómo subir un archivo al blog de la escuela, como sacar fotos para que yo pueda corregir los trabajos y hacer devolución y hasta explicar qué app necesita el celular -dependiendo si es más nuevo o más viejito- para que puedan ver -aunque sea eso- las tareas que les mando). Pero, se ve que los que opinan sólo lo ven desde su lugar particular.

Respetar los protocolos, tener algún tipo de opción para regreso presencial… vayamos por partes…

La segunda afirmación crea, como mínimo, confusión y demuestra un total desconocimiento de las reglas del quehacer docente puertas adentro. Pero… nadie está obligado a saber el oficio de los demás así que, fiel a mi vocación, les paso a explicar, desde la perspectiva docente, el tema de las plazas -tan en boga en las redes sociales estas últimas semanas-.

El avispero lo removió CABA con los protocolos para que se implementara algún tipo de vuelta a clases presenciales por parte de ciertos grupos (los que no tienen conectividad y están al límite de quedar fuera del sistema, y grupos que están en el comienzo y al final de los niveles educativos). El gran problema se presenta con los protocolos que chocan con el educativo
(transporte, por ejemplo) y con la política (distinto signo político, difícil se hace gestionar). Me voy a dedicar, sin demagogia, a explicarles porqué necesitamos espacios abiertos PERO las plazas no son una buena opción AL MENOS para todo un curso de estudiantes.

Veo con bastante desagrado que nos digan que no queremos trabajar por decir que las plazas no son adecuadas para la vuelta a clases. Quisiera aclararles los siguientes puntos antes de seguir:

  • Con respecto al Lugar: sí, ya sé que la plaza es un espacio abierto con ventilación continua… También es un espacio público transitado por personas ajenas al ámbito escolar que pueden, tranquilamente, acercarse y robar, maltratar o, simplemente, dañar mediante frases dirigidas a alumn@s y docentes por el solo hecho de herir (o me van a decir que nunca han visto acción semejante?, Vamos!!!). Me olvidaba… No todas las escuelas están ubicadas frente a una plaza. Al menos en Mar del Plata, cerca de una plaza pueden coincidir entre tres a cuatro escuelas entre públicas y privadas en el ámbito del macro centro y suele haber una primaria y una secundaria en la misma manzana en calles más alejadas sin entrar a detallar la periferia. Por eso, está bien
    realizado el planteo y habría que considerar protocolos que empleen hasta el último espacio abierto o con ventilación dentro de la escuela porque si comenzamos con las plazas, la próxima clase la vamos a pedir en la calle, frente a la escuela y nos enfrentaríamos a otro elemento
    disruptivo en el movimiento de los trabajadores.
  • Con respecto a la Protección: si nos quejamos que hay que disponer policías para que inadaptados cumplan la cuarentena cuando son COVID positivo… Imagínate cuántos habría que pedir para que vengan a cuidar, te tiro el número de un solo turno de una de las escuelas en la que
    trabajo, 400 alumn@s por turno (sin contar docentes y demás)… Pensando que la política sea para toda la escuela y no por grupos específicos. Hagamos la cuenta y después charlamos con quien
    sea para ver cuánto personal hay para esto y de qué barrios los sacamos… Porque hay que cuidar la integridad de todos los integrantes de la comunidad educativa pero… la política de Estado no alcanza para todos.
  • Con respecto a la Higiene: sin lugar a dudas, una plaza cumple con los requisitos de ventilación… no te olvides que sean grupos grandes o pequeños, se plantea -desde la sociedad- que cumplan la mayor parte del horario escolar a como dé lugar. Ahora, y ¿si a tu hij@ se le ocurre
    ir al baño? ¿A dónde lo mando? ¿Con quién? (Porque no puedo dejar ni 2 ni 20 estudiantes solos en la plaza para acompañar a uno al baño y me parece que no necesito explicar porqué) O, y voy a ser muy bruta, ¿lo mandamos con pañales? (como hizo en su momento un supermercado con sus cajeras que fue tan criticado por toda la sociedad argentina). Esta última no es una idea seria de mi parte, es simplemente el cimbronazo que se necesita para pensar en todo aquello que se da por sentado que, efectivamente, está asegurado y que de ninguna manera lo está.
  • Con respecto al Material didáctico: Vamos a salir de CABA donde se puso a disposición 6500 notebooks para los estudiantes en riesgo pedagógico. Me centro en mi pago, Mar del Plata, donde no tenemos nada de eso y te pongo en esta situación: imagínate que estás en un lugar que no
    querés (la escuela, la clase), haciendo algo que no te gusta (estudiar, sobre todo si sos adolescente) y que encima tenés que aguantarte a tu profe dos horas (lo que dura la clase de cada profe) dictar a gritos pelados (porque al aire libre no hay proyección de voz posible y porque no podemos acercarnos banco por banco a dictar, tampoco repartir fotocopias) los contenidos para que anotes porque… NO HAY PIZARRÓN. El denostado pizarrón es el único material didáctico que es imprescindible desde la alfabetización temprana orientada a un grupo (es decir, si tenemos uno o dos alumnos, podemos prescindir de él pero ya con tres es bastante complicado). Y, a menos que alguien vaya hasta La Plata y se haga responsable de descolgar y volver a colgar cada pizarrón día tras día según las necesidades… Bueno, me parece una idea absurda pero el punto es que el planteo tiene que ir más allá del contenido y del lugar. Hay quiénes me puedan decir que, por ejemplo en secundaria sí se podría… Y sí, más allá de las dificultades, podemos llegar a intentar hacerlo… Pero, tenemos que salir de mirarnos el ombligo y pensar que una decisión va más allá de un caso particular y afecta a todos por igual. Me gustaría preguntarle a los docentes de primaria, ¿cómo hacen con un estudiante de 6 años que recién está comenzando a alfabetizarse y que sólo estuvo dos semanas en el salón de la escuela en el peor de los casos?
    Porque, si vamos a hablar con seriedad, debemos pensar en el peor de los casos con el que nos enfrentamos… no con nuestra realidad particular.
  • Con respecto a la Responsabilidad civil: Yo no soy abogada pero, todo docente -aún los que recién se inician- sabe que existe la responsabilidad civil. Esas dos palabras son mágicas para que desistas (o lo pienses mucho y muy bien y hables con tus directivos para saber que te apoyan)antes de iniciar cualquier trámite de seguro para una excursión dentro del horario escolar. Esas dos palabras (siguiendo el documento de Responsabilidad Civil en el Ámbito Educativo) hacen referencia a la responsabilidad legal que tenemos los docentes y las escuelas frente a, por ejemplo:

b. Daños sufridos por los alumnos
El fundamento de la responsabilidad aquí radica en lo siguiente: cuando los representantes legales del menor lo envían a un establecimiento escolar para que allí realice su instrucción y educación formal, celebran con su propietario un contrato innominado –que puede ser gratuito u oneroso– que tiene por obligación principal la de suministrar educación al menor, pero conlleva también, a cargo del deudor, deberes auxiliares de protección, cuidado y atención. Es decir que el propietario del establecimiento está obligado a mantener la incolumidad física del menor que recibe en su seno. El mismo se encuentra obligado, tácitamente, a devolver al menor, al término de la actividad, en las mismas condiciones físicas en las que lo recibió.

No incidirá en nada que el daño haya sido causado por un empleado del establecimiento, un tercero ajeno a él o como consecuencia del hecho de las cosas, ya que la simple infracción al deber de seguridad será la fuente de la responsabilidad.

Sin embargo, nótese que en el apartado correspondiente a las responsabilidades concurrentes se especifican las siguientes recomendaciones:

A partir de estos conceptos, es importante señalar, sin que esto resulte taxativo, algunos recaudos y precauciones para mejorar las condiciones de seguridad en los establecimientos educativos.
• Realizar un control periódico de las instalaciones y bienes muebles
que pudieran generar algún riesgo al alumnado por su mal estado de
conservación y, en su caso, ordenar por escrito de inmediato su reparación.
• Tomar medidas de seguridad y control en cuanto a las puertas de acceso del edificio escolar durante el horario de entrada y salida de los alumnos. En los demás horarios, deberán permanecer cerradas con algún dispositivo de seguridad y bajo el control de alguna persona designada por la autoridad.
• Durante los recreos se deberá designar personal docente o de preceptoría, distribuidos en puntos estratégicos, a fin de controlar en forma adecuada el comportamiento de los alumnos y evitar accidentes.
• En horario de clases el profesor jamás deberá dejar solos a los alumnos salvo que estén bajo la custodia de algún preceptor.
• No dar órdenes o encargues a los alumnos fuera de las dependencias de la escuela ni autorizar actividades, dentro o fuera del establecimiento, que no tengan vigilancia
• Obrar con mayor atención cuando se está al frente de alumnos que
presentan problemas de conducta.
• En los colegios que cuenten con más de un piso, controlar el sector de las
escaleras con el objeto de evitar accidentes.
• Asignar docentes responsables en proporción a la cantidad de alumnos
siempre que se realice una lección paseo, viaje o excursión organizada por el colegio, cumpliendo con las comunicaciones pertinentes y recabando las autorizaciones de los padres, conforme las reglamentaciones de las lecciones paseo.
• En general, actuar con los cuidados adecuados a las circunstancias propias de cada contexto educativo.

Para no abusar, baste decirles que, sin tomar en cuenta todo este documento del que he transcripto apenas una página, no hay aseguradora que firme el seguro de la escuela por lo que sin el mismo sus hij@s, sobrin@s y/o niet@s se encontrarían, cuanto menos, desprotegidos ante cualquier eventualidad.

Aaahhh, pero los docentes no quieren ir a las plazas a dar clases porque no quieren trabajar! Válgame Dios las cosas que hay que escuchar!

Epílogo
Quizás antes de seguir ahondando una grieta (más) con la cuestión docente, podríamos indagar en los porqués para llegar a la situación en la que estamos. Por supuesto, estoy abierta a escuchar sus opiniones, pero, de antemano, aquí van las mías:

  • No hay protocolos que se ajusten a la realidad escolar porque ésta es heterogénea y difícil: deberíamos ponernos de acuerdo para trabajar en serio en protocolos y formas de dar continuidad pedagógica a nuestros estudiantes y apoyo a las familias (no digo que no se haga sino
    que quienes lo hacen… Pues, hace rato que no pisan una escuela como docentes). Aprovecho para decirles, una vez a las familias de todos mis estudiantes, que les agradezco el enorme esfuerzo por comprender las tareas que mando y la ayuda que le dan a sus hijos para poder
    estudiar… Sin ustedes, nosotros hoy, solos, no llegamos a ningún lado.
  • La ímprova tarea de cumplir con protocolos propios y ajenos: como dije, las cosas no son tan simples como parecen (recuerdo cuando, en un momento, los padres querían ir al salón de clases con el libro del año en curso y dar clases… ¡pobres ilusos!). Deberíamos buscar formas
    de adecuar el horario y la infraestructura escolar para cumplir con protocolos propios y ajenos (transporte, por ejemplo, porque, déjenme recordarles, ni todos los estudiantes ni todos los docentes poseemos vehículo propio y junto a los estudiantes de inicial y primaria van los padres). Además, en Mar del Plata, hace tiempo que se dejó de usar el requisito de cercanía al hogar para inscribir a tu hij@ a la escuela… ese requisito ya no vale ni para inicial, ni primaria y menos secundaria… con lo cual sí es tema a tener en cuenta.
  • “No se está dictando clases”: dejenme decirles que, a los tumbos por infinidad de cuestiones SÍ se está dando clases, SÍ se están adecuando los contenidos (el recorte es para dejar lo que sí o sí los chicos deben aprender en el ciclo en curso) y SÍ hay falencias… como les dije, hay carencias en docentes, estudiantes y familias tecnológicas y de todo tipo. Que se podría hacer mejor, estoy segura de ello pero esto nos lleva a una cuestión de políticas de largo plazo por parte del Estado donde la educación sea realmente una prioridad y no un discurso eleccionario. Una política de largo plazo, para mí, significa construir desde donde el anterior dejó, comprometerlo a que no puede destruir nada de lo hecho porque la educación de todas las generaciones es patrimonio nacional. Una política de largo plazo es construir juntos más allá del signo político y, por supuesto, no es sólo inaugurar escuelas jardines y demás…inaugurarlas es sólo una parte de darle importancia a la educación, como sociedad debemos poner la vara alta en lugar de bajarla.
  • “Total, los docentes cobran igual”. El desconocimiento de nuestro empleo es profundo y los gremios ayudan a que así sea. Los docentes somos uno de los tantos grupos sociales que queremos un regreso a la normalidad, no sólo porque el acto educativo se ve trastocado en esta virtualidad que no llega a todos por igual sino porque nuestras fuentes laborales se vieron igualmente afectadas… Los que no somos titulares, dependemos de suplencias (porque llegar a ser titular cuesta horas de suplencia y años de formación mediante cursos específicos). Somos personas que también sostenemos nuestros hogares con un único sueldo, somos personas, ante todo, que también pasamos por separaciones y cuotas alimentarias y haberte metido en un crédito para dejar de alquilar pensando que, este año, con esos puntitos demás que tenés vas a poder llegar a tener 2 cargos (hablo desde el profe de secundaria que sólo puede tener 20 horas titulares)… Esas suplencias se toman en los actos públicos: el lugar y momento donde no sólo tomamos dos horas en una escuela y combinamos para llegar a otras dos horas en otra escuela, también es el lugar donde te dicen que llegaste a las 10 horas que podías tomar en este año y que pasas a segunda vuelta y ni se te ocurra renunciar porque se te superponen los horarios porque estabas dormida porque, entonces, no trabajas más en el resto del año… andá espabilada con changas a la vista.

Por eso, debemos pensar opciones realistas pero que sabemos van a ser diferentes en cada municipio. Creer que la pasamos bien en cuarentena y que estamos cómodos y contentos con esta situación, es poner a todos en la misma bolsa pensando que existe una realidad única y desconocer por completo TODO lo que significa y está implícito en el ACTO de EDUCAR.

Foto de Portada: Estefanía Ferreira




Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com