Con dominio de principio a fin, Peñarol goleó a Quilmes por 95-64 y aumentó su histórica ventaja a 50 partidos. HISTORIAL: 94-44
En una nueva edición del superclásico de básquet en la ciudad, Peñarol ganó 95 a 64 frente a Quilmes. Con antecedentes marcados por la irrupción de violencia en medio del cruce, esta vez la naranja fue protagonista en un encuentro que Peñarol dominó y superó con facilidad a los dirigidos por Sebastián Saborido.
El “Milrayitas” impuso un juego físico, presionó bien arriba, forzó el error, no los dejó tirar cómodos y cuidó muy bien el balón en cada posesión. Varios aportaron puntos y la ficha del goleo fue pareja, ya que Sebastián Vega hizo 18 puntos, Franco Giorgetti 14, Andrés Jaime 13 y Nicolás Charaviglio 11.
Para el término de la primera parte del partido, los del materno estiraron la diferencia hasta 29 puntos, lo que prácticamente sentenció el duelo. Mientras tanto, la desesperación del “Cervecero” incrementó notablemente, lo que provocó varias faltas a favor del equipo contrario quien manejó los tiempos con calma y supo cerrar el segundo cuarto arriba 58 – 29.
En el complemento, el panorama no cambió mucho. Quilmes intentó acortar distancias con varios tiros de tres puntos en jugadas individuales, pero los dirigidos por Leandro Ramella lejos de ceder el protagonismo, no regalaron espacios y continuaron con la presión alta para esperar el error y generar puntos de contraataque.
Minutos más tarde y con un Quilmes prácticamente entregado, Ramella priorizó rotar y darle minutos a jugadores en desarrollo, lo que permitió que Ignacio Bednarek sumara minutos importantes, tras su paso por San Lorenzo en la temporada anterior. Otro que ingresó fue Gonzalo Aman, para ganar confianza y generar ese desgaste físico ante el base y escolta rival. Además, hizo su debut el chileno Pedro Estuardo, una de las mayores promesas de su país, proveniente del Zentro Basket Madrid de España. En la vereda del frente, en su estreno como DT de Quilmes Saborido aprovechó para variar y les posibilitó minutos a los hermanos Alonso, Duvanced y el extranjero Beamer, que a este último le costó bastante el ritmo del partido.
Como muestra de fanatismo, en las tribunas del conjunto milrayitas del Polideportivo Islas Malvinas, los hinchas vivieron el compromiso saltando, cantando, festejando cada punto y robo de su equipo. Por su parte, la gente del “Tricolor”, a pesar de haber arrancado la noche con su ritual, poco a poco se fue apagando y desmotivó al equipo que ya estaba golpeado en la cancha.
Por Bruno Cicuttini
