MOMENTOS: Guillermo Vilas

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Momentos es un segmento creado especialmente para Marpla Noticias por Juan Carlos Morales.

EL más grande referente del deporte marplatense, aunque nacido en la ciudad autónoma de Buenos Aires, en el Instituto del Diagnóstico y Tratamiento de la calle Charcas, hoy Marcelo T. de Alvear, un 17 de agosto de 1952, es, sin ninguna duda, GUILLERMO VILAS. Además de popularizar un deporte de elite como el Tenis, se impuso en  62 torneos, en 1977 ocupó la cima del mundo al ganarle un 11 de setiembre a Jimmy Connors en la final del abierto de Estados Unidos y durante su tarea profesional, siempre ocupó los primeros puestos. Contemporáneo del sueco Bjon Borg, desde 1991 figura en el hall de la fama del Tenis internacional.

El “zurdo” hijo de Maruxa y el Escribano José Roque Vilas, ya a los pocos días de vida fue  a la ciudad balnearia que lo vio crecer y formarse como deportista. En las canchas de polvo de ladrillo del Club Náutico y bajo la atenta mirada de su profesor, Felipe Loccicero, nació su pasión por el Tenis, quedándose varias horas peloteando en el frontón.

A los 18 años ya era el número uno del país y su presencia en Capital y en el Buenos Aires Lawn Tennis eran frecuentes por sus permanentes viajes desde Mar del Plata.

En noviembre de 1969 debutó en el circuito internacional de mayores  y cuatro años después, en l973, logró el primer título de su carrera  al vencer, como local, a Borg  por 3/6, 6/7, 6/4,6/6 y retiro del sueco por lesión.

Si bien su mejor año fue 1977, la verdadera consagración llegó en el Masters de Australia en 1974 al ganarle a  Nastase. Debajo de su vincha, no olvidaba los consejos de don Felipe…

“se muere el tenis de fuerza, se acaba el tenis de golpes planos.  Cada vez más rápidamente se va ir convirtiendo en un juego de sutilezas y efectos. ”

También en el ´74 hubo una actuación memorable de Guillermo cuando ganó el abierto de Canadá. Ocho mil personas asistieron en Toronto a la final con el español Manuel Orantes, previo cruce con Borg- compañero de habitación del hotel- que resolvió con el estadio a su favor , en un escenario de arcilla verde  y rompiendo la  hegemonía del sueco que lo había derrotado en Tokio, Houston y Roma. Fue una buena manera de festejar sus 22 años, pues el cumpleaños llegó en plena competencia, que se caracterizo por jugarse con un calor agobiante – alrededor de 40 grados-.

Mas allá de un fugaz retorno en 1992, Vilas se retiró en 1989 y el único gran slam que no pudo ganar fue el de Wimbledon, donde no pasó de los cuartos de final en 1975 y 1976.

Si bien de acuerdo con el sistema actual, en 1977 hubiera sido el número uno del tenis mundial, ese año estuvo detrás de Borg. Los comentaristas de la época señalaron el error, argumentando- entre otras cosas- que esa temporada no hubo enfrentamientos entre ambos y en el balance, Guillermo consiguió mejores resultados y títulos. Por ejemplo: Vilas ganó dos torneos contra uno del sueco y en Grand Prix, la diferencia fue de seis a tres sobre el europeo.

Otro dato relevante de 1977, fue que el marplatense perdió la final francesa de Aix En Provance con el rumano Illie Nastase, pero este uso una raqueta de doble encordado, prohibida posteriormente.

Uno también recuerda que ese año, disputó en el Luna Park un cuadrangular con otros tres grandes de dicho deporte, el rumano Nastase, el italiano Panatta  y  el mexicano Raúl Ramirez , ganándole a todos.  Ya a esa altura, Vilas era dirigido por el simpático y particular  Ion Tiriac.

Entre las confesiones para evocar del notable tenista  argentino figuran las efectuadas en un reportaje en la revista “Goles Match” a los periodistas Julio Blank y Jorge Busico, cuando en 1981, declaró:

“Yo no soy segundo de nadie. Siempre tuve la idea de ganar. Si no, no viviría en un mundo de competencia como el tenis.

Nuestra familia siempre  tuvo una voluntad muy grande. Todos, mi padre, mi madre, mi hermana y yo me exigí así, no puedo hacer algo y luego dejarlo.

El tenis para mi no fue una aventura. Sí fue un desafío, el tenis era lo inalcanzable, todo el mundo hablaba de cosas imposibles y eso me creó una gran fantasía. Por ejemplo, si yo fuera comerciante me iría a una ciudad chiquita. No me gustaría haber sido futbolista, me encantó siempre hacer algo donde no hubiese nada y realizarlo todo yo. El tenis me gustaba, pero me atraía mucho más cuando veía que estábamos tan lejos.

Lo que hace más grande al hombre es tener su libertad.”

Muchos no saben que uno de sus más fervientes admiradores era otro hombre célebre de Mar del Plata y que en la época de oro de Guillermo Vilas, residía en París. Nos referimos a Astor Pantaleón Piazzolla. El destacado músico reveló que no se perdía ningún partido de “Willie” cuando este jugaba en la capital de Francia. Inclusive el día que conoció a Maradona , en ocasión de un amistoso de Boca y el Paris Saint Germain – 1981- y por gestión del cordobés Jairo, le comentó a Diego que él solía ver los encuentros de tenis de su coterráneo. El saludo de Guillermo y Astor hubiera sido la mejor postal de  la ciudad.

El Masters, torneo entre los ocho mejores de cada año, según el ranking de la A.T.P. comenzó a jugarse en 1974, habiendo ganado su versión inaugural el norteamericano  Stan Smith, pero no tuvo continuidad a partir de 1989. El 15 de diciembre de 1974, Guillermo Vilas superó en la final al rumano Ilie Nastase. Fue allí cuando el tenis argentino encontró su emblema, su ídolo absoluto. La cita fue en Melbourne y  Guillermo la recuerda así:

“Yo sabía que todo sería tremendamente difícil. Por el lugar, las canchas y los rivales. Se supone que si alguien llega a jugar el Masters es porque realmente juega muy bien al tenis, así que no se podía considerar rival flojo a nadie. Aparte el tipo de piso no era el que yo mejor manejaba. Por eso preferí irme con anticipación y acompañado por Juan Carlos Belfonte, mi preparador físico. Aparte vino Manuel Orantes, con el tenía un jugador de primer nivel para poder entrenarme.

En el duelo con el australiano de Sydney, Newcombe, jugué el mejor partido de mi vida en césped.  Realmente me salieron todas en un choque durísimo. El primer paso, el más difícil había salido bien. Después vino Borg. Yo sabía que la clave estaba en el primer set. Siempre nos pasaba lo mismo. Nos conocíamos tanto que el primero era peleadísimo y  quien lo ganaba,  porque ese día andaba  mejor, luego se llevaba el partido. ^Tras dos victorias, me tocó el neocelandés  Parun y fueron dos horas y media de competencia. En la semifinal me enfrenté al mexicano Ramírez y era tal el calor que resultaba imposible jugar. Era tal el cansancio que en  el penúltimo game veía todo amarillo. . Pero gané y llegué a la final con Nastase. Había 6.000 espectadores y me alentaron mucho. Fue en encuentro excelente y traté de jugar largo y profundo. Además me concentré terriblemente. Así le  gané los dos primeros sets. En el tercero 5-4 arriba, no deje escapar la oportunidad.”

Pocos recuerdan que las primeras raquetas de Vilas fueron una Sarina nacional y una Dunlop Blue Flash. Desde muy joven visitó las canchas del Club Náutico y a la mañana, aún en época de primaria, se lo veía entrenar frente a los frontones. En 1964, su padre, el Escribano José Roque Vilas, por entonces presidente de la entidad portuaria, le presentó a quien sería su primer profesor: don Felipe Locicero. Guillermo no pensaba mucho en el tenis:

“Yo estaba fascinado con la imagen de Gilmar, el arquero brasileño del Mundial, lo veía en las películas que por entonces daba la Cabalgata Deportiva Gillete y mi ídolo era Amadeo Carrizo. En los “picados” del colegio, atajaba y si no había nada que hacer, jugaba tenis. Hasta que entró Felipe en mi vida y empecé a ver que avanzaba, que podía pegarle y manejar esa pequeña pelotita. Entonces cambió todo.”

Buen pasar, vivía en un chalet de la calle Rodríguez Peña y estudiaba en el Instituto Peralta Ramos de los hermanos Maristas. Según cuenta la historia, su llegada al tenis nacional se debió a la gestión del  Escribano Juan José Vásquez, quien lo alojó en Buenos Aires durante todos los fines de semana, tras ir a buscarlo en el micro que lo traía de Mar del Plata y que por entonces llegaba a Constitución.

Guillermo Vilas  sabe que su pasión las disfrutan todos:

 “ Soñé siempre que la misma pasión que yo sentía la debía trasladar  a los demás. Que supieran del gozo de estar dentro de un court, de la perfección de un tiro bien pegado y de la amistad que se va consolidando después de cada partido. Ver que el tenis se ha metido en la piel de los argentinos, que ya no es de pocos, sino de muchos, es una de mis grandes satisfacciones. Haber realizado mi aporte para ello, me enorgullece. “

Mirar la pelota, flexionar las piernas, ejercicios previos de calentamiento, llevar siempre una remera seca a la cancha, evitar la tan temida doble falta, concentrarse al máximo, amoldarse al grip de la raqueta, son detalles que no faltaron en la preparación de Guillermo Vilas.  Tampoco algunas definiciones sobre la vida, como estas:

“No le tengo miedo a la vejez ni a la muerte, le tengo miedo a las mentiras.

No jugué al tenis por dinero.

Soy algo indefinido.

No me impresionan países, sino lugares, gente y costumbres.

Estoy lleno de defectos.

Ganar en mi país fue una revancha que me tomé contra mucha gente.”

Desde hace casi dos décadas, está casado con la tailandesa Phianghathu Khumueang con la que tuvo varias hijas. Andanin, cuyo nombre significa La Bella Mar , la más grande ,ya se familiariza con el tenis pues con poco más de diez años visitó los courts y practicó el deporte. Luego, están  Lalindao  e Intila.

Su joven mujer, que es precisamente lo que significa su nombre traducido al español, lo acompaña a todas partes. Guillermo no olvida que en Mar del Plata funcionaba un museo con su nombre y que ya no esta…

«Pasó que yo pensaba que mi ciudad lo iba a apoyar. Estaba todo hecho, era fantástico, y de repente le buscaron la vuelta para que se cierre. Yo no tengo que comprarme mi propio museo.”

A lo largo de su carrera, Guillermo obtuvo 61 títulos de Grand Prix, cantidad que lo ubica en la quinta posición entre los tenistas más ganadores de su época, detrás de Jimmy Connors. Ivan Lendl, John Mac Enroe y Bjon Borg. Además llegó a disputar otras 42 finales , siendo su última conquista la de 1983 en Kitzbuhel, Austria. Tiene el record en una serie con 50 partidos invicto y uno de sus grandes triunfos fue ante Jimmy Connors en la final de Forest Hill en 1977. Fue en Harrington, un lugar apacible, alejado del cemento hirviente de Nueva York, a cuarenta minutos del West Side Tennis Club, el sitio de concentración de Vilas y su entrenador , Ion Tiriac. Corría el once de setiembre y ese fue el día. Enfundado en su buzo azul y celeste, con su apellido en la espalda, con las zapatillas Super-Pro con sus iniciales grabadas comenzó el footing matutino durante media hora. Después junto a su adiestrador rumano, precalentamiento y pegada con slice, haciendo que la pelota baje para no darle ángulo a Connors. Fue una sesión de 40 minutos  donde se trabajó intensamente sobre el plan para derrotar al norteamericano.

Con ocho raquetas y un bolso verde, el marplatense viajó al escenario del inolvidable partido. Un trayecto de poco más de media hora. Allí lo esperaba Bil Norris, el masajista oficial del torneo. Su último contacto antes del cruce final de Forest Hill. Y fue victoria. 2-6 , 6-3, 7-6 y un rotundo 6-0.

Así se lo contó Vilas al recordado colega de la revista “El Gráfico” Luis Hernández mientras se quitaba la remera blanca con vivos rojos que hacían juego con las medias de los mismos colores y las zapatillas blancas:

“Entré lento. Los nervios me tenían atado  y me movía mal en la cancha. No le podía acertar a la pelota. Mi primer set fue realmente flojo. Por eso  y porque el viento se arremolinaba y se hacía difícil poder controlar la pelota. Hasta que le tomé la mano me tuvo desorientado.

Recién en el segundo set empecé a soltarme y a pegar con slice. Antes no podía porque estaba inseguro. Pero me di cuenta de que él no podía seguir arriesgando tanto sin que empezara a fallar. Jugar sobre las líneas es muy difícil de aguantar en un partido largo y con tanto viento . Pero lo que realmente empecé a hacer bien fue sacar. Conseguí tantos aces que eso fue fundamental para mantenerlo en el fondo.

En el tercer set, la cosa venía mal. Él tenía las riendas del partido, pero nunca me preocupé por estar 4-1 abajo, ya que igualaba con un  solo break que tuviera. Tenía constantemente el asesoramiento de Ion y me sentía seguro . Empecé a jugar de contraataque como creo que no volveré a jugar nunca en mi vida. Comencé a darme cuenta en que pelota se vendría Connors y a qué lugar. Entonces, pude preparar más rápido el passing y pasarlo seguido.”

Dominador técnico y mental del juego, cerró a toda orquesta el partido en medio de la ovación del público que no obstante ver perder a un compatriota  demostraba una vez más que Connors no le simpatizaba. Entre otras cosas nunca le perdonaron haber dejado plantada a Chris Evert.




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