Mi derecho: hacer silencio

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Nota de la Redacción: Debido a que los estudiantes entrevistados son menores de edad, sus nombres fueron preservados y sólo se mencionan sus iniciales. 

El 9 de septiembre, medios marplatenses reflejaron una situación muchas veces silenciada: en la Escuela Secundaria Nº2, dos alumnas denunciaron haber sufrido acoso por parte de compañeros. “Le dijeron que era porque tenía el guardapolvo muy corto” enfatizó M., alumna del ciclo superior replicando la respuesta otorgada por las autoridades a una de las víctimas. Hasta el momento, luego de la sentada que realizaron los estudiantes, la solución ofrecida por los Inspectores es la no concurrencia del acusado al establecimiento y acompañamiento a las víctimas.

Una de las protagonistas de la protesta es F., alumna de ciclo básico. Hace todo lo que las reglas de la escuela le dicen. A sus 14 años, ella y sus compañeros tuvieron un día largo. Fue un lunes que comenzó el viernes anterior casi al fin de la jornada escolar. Enterarse que, por los pasillos de la escuela, circula un alumno acosador les generó la necesidad de hacerse escuchar: “Si me enseñan a defender mis derechos, no pueden esperar que, como delegada, no haga nada” arranca diciendo F.

Organizar sus voces

“El viernes los delegados de los cursos nos enteramos de la situación de acoso que vivía una de nuestras compañeras y, a partir de ahí, empezaron a surgir otros relatos que incluían, no sólo a alumnos, sino a profesores de la institución”, relata A. otra alumna. 

El fin de semana fue caótico. La EES Nº 2, es una secundaria estatal céntrica marplatense. El actual Intendente de General Pueyrredón fue director por casi una década, instaurando normas estrictas que perduran (como no llevar el pelo teñido las chicas o el pelo largo los chicos) y por la que es conocida en la ciudad como la “Escuela de Arroyo”. En este contexto, los delegados barajan posibilidades sobre qué hacer. Al mismo tiempo, surgen nuevos relatos de compañeras que sienten haber vivido situaciones de acoso. Habían acudido a la Dirección buscando una resolución a sus inquietudes: “La respuesta fue el ninguneo. Las chicas dicen que hubo respuestas del tipo: el guardapolvo es muy corto o que hable con el chico y si no se soluciona, que vuelva”, F. lo dice con indignación. 

Al fin, deciden hacer una sentada pacífica, en el patio, con carteles. La idea es clara: pedir ser escuchados, tomar en cuenta a las chicas víctimas de acoso y demostrar, mediante una acción concreta, que se protege a todos de situaciones como esta. Las alumnas saben que luchan contra el miedo de los adultos de permitir que los adolescentes se expresen, muchas veces, con más coherencia que ellos mismos.

Sentada y huelga 

Docentes, padres y alumnos sabían de la sentada. Hubo estudiantes que no preguntaron en las casas sobre si estaban de acuerdo o no con su participación. “Primero, no nos dejan faltar así porque sí. Segundo, sentimos que tenemos que acompañar”, aseguran S. y S. 

Al entrar, la mayoría de los alumnos se queda en el patio. Despacio, aparecen los afiches. Algunos profesores ya sabían porque sus estudiantes, minutos antes de entrar, los pusieron al corriente de lo que sucedía. Otros, se enteran de la situación al llegar a sus aulas y encontrar sólo dos o tres alumnos. Quienes están en los salones se declaran “en huelga”: mochilas cerradas, brazos cruzados y, en algunos casos, silencio total.

Los adolescentes esperan a la Directora Parra. “Nos preguntó qué estábamos haciendo ahí en lugar de estar en clase. Cuando le planteamos nuestro reclamo, la Directora se fue sin decir palabra y llamaron a nuestros padres”, cuenta C. Cuando regresó, casi media hora más tarde, “dio a entender que no era lo mismo que a una chica ‘le toquen la cola’ a que la violen. Nos trató de mentirosas diciendo que a veces exageramos en lo que contamos”, relata A. 

Basta de ser ignorados

Se hacen las 10.30 y nadie da respuestas a los alumnos presentes en la sentada. Cuando los medios llegan a la escuela, la Directora manifiesta haber “tomado las medidas pertinentes: hablar con los alumnos, con los padres, dar intervención a los inspectores que están al tanto al igual que la jefa distrital”. Mientras esperan a la Inspectora, todos los estudiantes deciden redactar un reclamo y firmarlo. “También pedimos que nos escuchen. Porque si hablamos de la ESI y piden que nos acerquemos a Dirección si pasan estas cosas, después, no pueden mirar para otro lado, silenciarnos o hacer como que no pasa nada”, concuerdan F. y A. 

La semana concluye con los Inspectores trabajando en una solución que deje conforme y tranquila a toda la comunidad educativa. “Te indigna que te ignoren. Como si nosotros no tuviéramos nada importante para decir o hacer. Como si siempre tuviéramos que hacer silencio. Pero demostramos que podemos intervenir de forma pacífica para resolver problemas que nos afectan a todos”, comentan los estudiantes.




One thought on “Mi derecho: hacer silencio

  1. AvatarNélida Esther Ferreira

    Muy bueno tu reporte de lo que en realidad está pasando en la «Escuela de Arroyo», realmente asombra que la Directora siendo mujer tome a la ligera o no le dé importancia que a una adolescente le toquen la cola o a otra la acosen cuando las marchas por «ni una menos» son multitudinarias en todo el mundo y tanto la ley nacional como internacional ampara por igual a mujeres y varones en sus derechos individuales, a la intimidad, a decir no, a que nadie abuse de ellos. Tocar la cola a una chica es un abuso sexual simple, no es un chiste ni una picardía inocente. Felicitaciones por ser una docente que se involucra y defiende a sus alumnos contra el autoritarismo y la hipocresía.

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