Los “túneles” y “fantasmas” del Unzué

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En el escaso patrimonio de leyendas marplatenses, la de los “túneles del Asilo Unzué” lidera el ranking y ofrece variedad de opciones: desde un solitario pasadizo subterráneo hasta una vasta red habilitada para el “tráfico de pupilas”.

La trayectoria de esa imaginaria red de comunicación subterránea nos lleva a sitios diversos: la vivienda del capellán, que verdaderamente estaba cerca, la playa o la cripta de la capilla Santa Cecilia, que está a 1100 metros.

Los turistas que visitan el Unzué suelen preguntar por los “túneles” y hasta hemos hallado artículos periodísticos de medios nacionales que se ocuparon del tema. En los sitios de internet afines a lo fantasmagórico aderezan la historia con sonidos nocturnos (una cajita musical, el llanto de un bebé) que “se eternizan” en los pasillos del despoblado orfanato.

El Unzué comenzó a funcionar como asilo de niñas huérfanas en 1912 y terminó su vida como hogar de tránsito a fines de los ’90. Huelga aclarar que una historia donde se unen “pasadizos secretos” y adolescentes del sexo femenino deviene en una combinación explosiva para la imaginación.
A ello se suma una supuesta historia que pasó del rumor popular a la web con una fecha -1927- y multiplicidad de protagonistas. De acuerdo a esa versión, un capellán sedujo a una monja.

Otros relatos indican que no fue seducción sino violación. Otros, que no fue una monja sino una pupila. Y otros que no fue un sacerdote sino el chofer del micro que transportaba a las chicas. Todas estas variantes derivan en un final común: la mujer embarazada fue recluida “en los túneles” del Unzué para ocultar el escándalo. 

El Unzué, es cierto, tiene dependencias subterráneas. Se trata de antiguos talleres o salas de máquinas donde aún hay elementos que datan de sus tiempos fundacionales. Una de las fotos que ilustran esta publicación nos muestra uno de ellos.

Hace algunos años, al iniciarse el inconcluso proceso de restauración, tuvieron que apuntalar esos sótanos por peligro de derrumbe y los especialistas comprobaron que los túneles no existen.

A propósito del tema: el 1 de enero, La Nación informó sobre el estado en que se encuentra parte del edificio tras la paralización de la puesta en valor que había ingresado en la cuarta etapa. Hoy, una parte del Unzué luce flamante y se emplea para tareas culturales y recreativas. La otra corre peligro de derrumbe porque la administración pública –donde sí hay túneles y fantasmas- hace largo tiempo no envía los fondos asignados.

Nota extraída del facebook de Gustavo Visciarelli




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