Los misterios y el triste final del Capitán del Faro

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La historia se ha detenido en el perfil pintoresco de Fernando Müller, legendario jefe del Faro de Punta Mogotes. Poco su figura encubre un triste final y un misterio que llegó hasta a su propia sepultura.

«Se encuentra gravemente enfermo el Sr. Fernando Müller», leemos en un diario del 21 de septiembre de 1916. La sección «Vida Social» comienza con los anuncios del cinematógrafo y luego, en el apartado «Enfermos», irrumpe aquella frase.

El nombre de Müller apareció “por primera vez en marzo de 1894 cumpliendo funciones en el faro Punta Médanos. Seis meses después fue destinado al de Mar del Plata, donde se desempeñaría durante 22 años, hasta su muerte”, afirma la licenciada Adriana Pisani, apasionada investigadora de faros y naufragios.

Empleando botes, caballos y hasta un cañón para lanzar cabos, Müller y su dotación intervinieron con éxito en los naufragios de cinco buques que entre 1901 y 1914 encallaron en la restinga de Punta Mogotes.

Su simpática notoriedad quedó reflejada en una entrevista publicada por Fray Mocho en 1914. “Nací en Trieste, Austria, en 1845, y fue mi padre mayordomo del Emperador Francisco José. Cursé todos los años de estudio en la Escuela Naval y salí de ella con el grado de Guardiamarina. Ascendí después a Teniente pero pedí mi baja y obtuve patente de capitán de buque mercante. He viajado por todas las latitudes y he dado cinco vueltas enteras al mundo. Conozco quince idiomas y canto todos los himnos, hasta alguno de las islas indígenas de la Oceanía», dijo en aquella oportunidad.

De la carrera naval de Müller no hay constancias. De su familia tampoco. Y hasta existen dudas de su lugar de nacimiento, pues solía ofrecer versiones contradictorias.

También decía haber llegado a la Argentina en el viaje inaugural del crucero Patagonia, pero la licenciada Pisani corroboró que su nombre no figura en la lista de tripulantes.

De lo único que no hay dudas es de su intensa vida social en la Mar del Plata de principios de siglo XX y de las extensas veladas en que bares o clubes donde narraba aventuras con un gracioso entrevero de idiomas.
Su pechera gris, sus ojos azules, la flor roja en el ojal, su “americana” tirada por dos caballos blancos conforman la imagen de un hombre que siempre se pareció a una leyenda. Y que, además, era un refinado anfitrión para los turistas que se aventuraban a aquellos lejanos territorios de Punta Mogotes.

Hay, sin embargo, una sombra triste detrás de ese hombre pintoresco. No formó familia y la vejez lo encontró pobre y enfermo. Su obstinación de estar presente en el Faro durante una inspección agravó su salud y su vida ingresó en el tramo final. Un amigo lo protegió en su casa de 30 de Septiembre (hoy Hipólito Yrigoyen) casi Belgrano y así llegamos a aquella frase publicada por el diario La Capital. Y a otra que aparece un día más tarde: “Continúa siendo gravísimo el estado del Sr. Fernando Müller”.

Y finalmente, el 1° de octubre, la noticia de su muerte ilustrada con la famosa foto, donde luce uniforme y sable. 

La escueta reseña habla de «vecino extensamente vinculado a nuestros círculos sociales». Extrañamente, no menciona su largo desempeño en el Faro ni su presunto rango de capitán. 

Sus restos fueron sepultados aquel 1° de Octubre en el «Cementerio Viejo», tal como se llamaba al de la Loma y el Ministerio de Marina cubrió los gastos.

Pisani investigó el destino de sus restos y no halló constancia alguna hasta el año 1954, en que la urna con sus despojos fue depositada en la bóveda de José Ernesto Milani, quien fue su amigo y compañero en el Faro.
“¿Dónde descansó durante treinta y ocho años? –se pregunta Pisani- es un verdadero misterio, quizás como su propia vida».-

Nota extraída del facebook de Gustavo Visciarelli




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