Los cementerios perdidos de la vieja Mar del Plata

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Es probable que en Mar del Plata haya vestigios ocultos de antiguos cementerios. No debemos imaginar grandes necrópolis, pero está documentado que existieron. Y que la cuestión preocupó a las primeras autoridades del pueblo.

«Evidentemente empezó a morir gente desde que Cohello de Meyrelles instaló el saladero en 1857. ¿Dónde los enterraban?. Probablemente en cualquier parte», dice el arquitecto Roberto Cova.
Los dos primeros cementerios conocidos estaban vinculados a los dueños de estas tierras. De ahí que los antiguos vecinos los llamaran “el de Peralta” y “el de Luro”.

El de «Peralta», en alusión a Patricio Peralta Ramos, estaba cerca de la capilla Santa Cecilia, en la zona de 3 de Febrero al 2400, donde hoy se encuentra el templo San Gabriel. “Allá por los años 50 o 60 – afirma Cova- encontraron una calavera y un anillo de oro mientras hacían una construcción”.

El “Cementerio de Luro” –que también ha sido investigado por Cova- funcionó en el predio delimitado por Garay, Dorrego, Alvarado y Funes, que era atravesado por el arroyo Las Chacras. Allí estuvo en pie hasta los años ’40 la lúgubre casa el cuidador, Ramón Portas, un español que llegó antes de la fundación del pueblo y fue empleado de Luro y de Peralta Ramos.

Un antiguo cronista marplatense, Juan Manuel Antolín, supo por boca de Portas que allí enterraban a los peones de Luro y que «tres gallegos y un vasco muertos en un accidente» estrenaron el camposanto.

Existen controversias sobre la fecha inaugural del Cementerio de la Loma –llamado originalmente Cementerio General- pero Cova considera que “ya estaba funcionando en 1881”. Para acreditarlo invoca un documento de ese año, cuando el párroco Antonio Yglesias reclamó a la Corporación Municipal (así se llamó nuestro primer gobierno) la supresión de “un sinnúmero de cementerios que existen en terrenos particulares”.

En respuesta a su reclamo, las autoridades prohibieron “enterrar cadáveres fuera del Cementerio General”, fijaron una multa de 500 pesos a quienes no trasladaran sus difuntos al camposanto habilitado y ordenaron echar al osario general los restos desconocidos o de deudos reticentes.

Pero la Corporación obvió un detalle: el osario no había sido construido. «Así lo informo el 21 de enero de 1882 el comisario de tablada Jaime Sheridan, que era el municipal que se ocupaba de todo lo que pasaba en la calle», relata Cova. 

Tras enterarse de que había reglamentado algo imposible, la Corporación ordenó construir un “osario o pozo” para depositar «los restos que se encuentran actualmente en la superficie del suelo en la loma de Santa Cecilia y otras del partido».

Otros dos documentos compilados por Cova indican que hacia 1886 “el osario se había hundido” y que a los responsables del “Cementerio Luro” se les permitió demorar el traslado de los restos hasta su reparación.
Es decir que a cinco años de la reglamentación, esa necrópolis no había sido removida. ¿Cuándo se cumplió esa normativa si es que se cumplió?. “No tenemos datos –dice Cova- pero los vecinos hablaron durante muchos años de los hallazgos que se producían mientras araban o hacían pozos. Incluso han encontrado manijas de féretros que arrojaban al Arroyo Las Chacras. Es indudable que allí hubo restos. Y quizás los haya todavía».

Noticia extraída del Facebook de Gustavo Visciarelli




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