La Isla del Verano – Malta

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Por Martín Cassanovas

Esa mañana una lluvia blanca y densa caía lentamente sobre el Mediterráneo, lavando los colores y las horas.

 

 

Desayunamos como se hace en los barcos, es decir, como si fuera la última vez, y nos encaminamos por los pasillos alfombrados de azul, hasta el camarote a mirar por el balcón, un poco desilusionados porque el mal clima seguramente iba a estropearnos la visita al puerto del día.

 

 

 

No hacía frío, pero la costa que se acercaba rápidamente carecía del color turquesa del mar que nos había acompañado todos los últimos días, y tampoco tenía los verdes y marrones neoclásicos de la península italiana. Tan solo unos grises indecisos y borrosos, en un paisaje donde se sugerían penínsulas, edificios olvidados, otros barcos desiertos que aparecían y desaparecían en la tormenta. Dos noches mas tarde, el capitán del barco, un griego de más dec cincuenta veranos, nos dijo en un inglés de cariátide, que la maniobra para entrar el Silhouette al puerto de Valletta, esa mañana, con la visibilidad ofuscada por las dudas que deja la lluvia, había sido una de las más delicadas de su carrera.

 

 

 

Lo que siguió nos hizo pensar que la tormenta había sido la distracción para una sorpresa minuciosamente preparada. Ya a media mañana, todos subidos a una de las cubiertas mas altas del barco, vimos como las nubes se disolvían en el aire cálido y el sol volvía a brillar con toda la fuerza de Agosto, sobre un horizonte azul y ocre. El barco estaba inmóvil junto a un muelle de pescadores, en el puerto de la capital de Malta, sólidamente emplazada sobre una colina rodeada de murallas del color del azufre, que protegen un apiñamiento de casas, edificios, palacios e iglesias barrocos del color de la miel, como nunca habíamos visto hasta ese momento.

 

 

 

 

Porque Malta es como ningún otro lugar en Europa. Con su tierra y mar de isla griega, su arquitectura que recuerda al sur de Italia y su gente que te habla en una lengua árabe romanizada, morenos como en el Mediterráneo Oriental. Su historia tiene miles de años, en los que estuvo bajo el control de los fenicios, los cartagineses, los romanos, los bizantinos, los árabes y los normandos de Sicilia, hasta que a partir de 1530 estuvo en arriendo de los Caballeros Hospitalarios, conocidos en esa época como la Orden de San Juan de Jerusalém, y luego como la Orden de Malta, quienes le dejaron la mayor de las improntas. Después los franceses y los inevitables ingleses, hasta que el 1964 obtuvo su independencia; la que sólo fue literal a partir de 1979, cuando finalmente, la isla quedó sin ocupación extranjera, por primera vez en su historia. Hoy, la República de Malta es parte de la Comunidad Económica Europea. Esta historia agitada está plasmada en los monumentos y edificios históricos diseminados por las calles de su capital Valletta, en su idioma, en su comida y en su religión.

 

 

 

 

 

 

Trepamos a Valletta por una calle empinada, que discurría por el medio de un parque bastante arbolado, Nos llamó la atención la cantidad de gatos que vimos descansando al costado de la vereda, hasta que un cartel en varios idiomas nos indicó que todo el espacio era un santuario de felinos de la calle, protegidos por la ciudad, que les proporcionaba en ese lugar, casa y comida. La devoción a los gatos es un ritual atávico del Mediterráneo Oriental y del norte de África.

 

 

 

 

Al casco histórico de Valleta se entra por las puertas de la ciudad, e inmediatamente a la derecha, uno se encuentra con el Castillo de los Caballeros de San Juan, y sus jardines de Barakka, desde donde se tiene una vista panorámica privilegiada, de la tranquila bahía y los cientos de barquitos que la recorren desde una tierra a la otra. También desde aquí se mide la estrechez de las calles angostas, tan napolitanas, que separan edificios de cuatro o cinco pisos con balcones salientes pintados. El fuerte, la soberbia fachada del Albergue de Castilla, las iglesias de Santa Catalina y Nuestra Señora de las Victorias, y el resto de los edificios de la ciudad, todos estan revestidos de una piedra caliza color amarillo brillante, con las ventanas pintadas de colores intensos, lo que le confiere un aire inconfundible. La calles, llenas de negocios con una reminiscencia de zoco, nos llevan a una pequeña plaza bajo la Contracatedral de San Juan, donde tomamos un café oscurísimo y lleno de borra, bajo los árboles. La ciudadela es uno de los lugares con mayor concentración de iglesias ortodoxas de Europa, hay una prácticamente en cada manzana, con esos cortinados pesados en las entradas, que oscurecen su interior recargado a la manera oriental, donde los íconos ennegrecidos por los años, están iluminados por pequeñas luces de colores casi obscenos.

 

 

 

Nos perdemos por las callecitas apretadas, bajo los balcones de madera, con los postigos cerrados de la clausura. En cada esquina, una estatua de un ángel o de un santo hace una guardia eterna. Al llegar al Fuerte de San Elmo, sólo se oyen los cascos rítmicos de un carro de caballos que ya se aleja por el boulevard que rodea los bastiones, de nuevo hacia el puerto y sus jardines. En la Bahía del mismo nombre, unos chicos se tiran al mar desde las piedras, mientras sus mayores se congregan en uno de los tantos cafés diminutos que hay en cada esquina.

 

 

 

Subimos por una escalera que flanquea la Procatedral anglicana de San Pablo ( se dice que el santo converso habría naufragado en esta isla, en su viaje a las costas griegas ) y nos perdemos de nuevo en el pequeño laberinto de calles y negocios, hasta llegar a sus plazas de San Jorge y de la República, escoltadas por edificios de arquitectura decadente, como el Palacio del Gran Maestre de la Orden, que hoy es el Palacio Presidencial. Es el momento de comer unos ftira, pequeños panes horneados en un disco,rellenos de tomate, olivas, queso y anchoas para mí, y para las vegetarianas, pedacitos de gbejnlet, un queso de leche de oveja muy contundente, todo regado con una bebida llamada kinnie, hecha de naranjas amargas y hierbas.

 

 

 

 

Ya iba cayendo la tarde, y el sol enfatizaba el color azufre de los edificios de la ciudadela y de las otras tierras separadas de Valletta por los brazos de mar de la bahía: Kalkara, Birgu con su poderoso fuerte de San Ángel, Sliema y Gzira. El día se iba yendo y volvimos al barco con los pies cansados y el espíritu exaltado por haber recorrido una de las ciudades mas características del sur del Mediterráneo.

 

 

Recomendaciones:

  • El archipiélago de Malta esta compuesto por la isla propiamente dicha, y dos islas mas pequeñas: Gozo, rodeada de playas, muy turística, y Comino, pequeñísima y rural. A ambas se puede llegar en Ferry desde la terminal de Valletta, de frecuenta horaria y treinta minutos de duración. En Gozo está la famosa ventana azul, un arco de roca sobre la playa muy característico, que sirvió como uno de los tantos escenarios a la cosmopolita serie Game of Thrones.

 

 

 

 

  •  Valleta, la ciudad de los caballeros de San Juan, es solamente el casco histórico del siglo XVI, complementando a la misma los suburbios aledaños de Silema, San Julian y Paceville, muy residenciales y turísticos. Se puede encontrar alojamiento en la misma ciudadela, que rezuma un encanto medieval, o buscar otro tipo de retiro en un hotel de playa mas alejado. No hay que olvidar que Malta es un lugar de moda, que en Agosto puede estar abarrotado, sobre todo en los fines de semana.

 

 

 

 

  • Si bien no la recorrimos extensamente, no se puede dejar de mencionar que unas de las estructuras megalíticas mas antiguas de Europa se encuentran aquí: los templos de Hagar Qim y Mnajdra, al sur cerca del pueblo de Qrendi, recuerdan a Stonehenge y son de visita obligada si uno se queda mas de un día. Asimismo, en el interior de la isla se encuentra la ciudadela de Mdina, que fuera la capital antes de que Valletta fuera fundada por los cristianos, y que tiene una antigüedad de 3000 años.

 

 

 



Martín Casanovas

Fotógrafo. Historias de principios del siglo, documentadas fotográficamente... @martincasanovas https://www.facebook.com/martinmcasanovas/


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