LA INSEGURIDAD SIN TREGUA Y LAS CIFRAS NO ALCANZAN

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Cada vez que ocurre un robo aparece la misma discusión, qué se puede hacer para evitar el próximo y en Mar del Plata, el problema volvió a ocupar un lugar central durante 2026 

con reclamos de vecinos y comerciantes y con estadísticas que muestran que los delitos no evolucionan todos de la misma manera. 

Un informe del CeMAED contabilizó 2.847 robos y hurtos durante el segundo trimestre de 2026, el número fue inferior a los 3.194 registrados durante los primeros tres meses del año.

Pero la reducción general convive con un dato que preocupa especialmente al sector comercial, los robos y hurtos contra comercios pasaron de 182 a 239 casos. Ese incremento del 31 por ciento

demuestra que una política de seguridad no puede basarse únicamente en una cifra total. 

Si un delito disminuye mientras otro aumenta, la respuesta también debería contemplar esas diferencias, no se trata solamente de patrullar más, sino de establecer dónde están 

los problemas y qué herramientas pueden utilizarse frente a cada uno.

Trasladar toda la responsabilidad de un lado al otro no es una solución. Si el delito atraviesa distintos barrios y modalidades, la respuesta necesita coordinación. 

Durante agosto, esa preocupación se hizo visible en las calles. 

Vecinos de Acantilados se manifestaron por una sucesión de robos y, una semana después, habitantes de distintos barrios participaron de otra movilización bajo la consigna “Basta de robos”. 

Los reclamos expresan la necesidad de mayor seguridad y respuestas frente a los hechos.

¿Alcanza con conocer cuántos delitos se cometen si no se entiende por qué se producen? ¿Quién debe hacerse cargo cuando las medidas de seguridad no alcanzan? ¿No debería 

el Estado anticiparse a los problemas antes de que vuelvan a repetirse? ¿Y cuánto tiene que esperar un vecino para volver a sentirse seguro al salir de su casa?

Presentar estadísticas es necesario, pero no suficiente. 

Los datos permiten conocer la situación, mientras que las políticas públicas deberían mostrar qué se hará a partir de esa información. Sin esa segunda parte, las estadísticas o reclamos 

son en vano.

También hay que mirar lo que pasa en la sociedad. La pobreza y el desempleo generan dificultades que no pueden ignorarse, pero tampoco se puede decir que una persona 

delinque simplemente porque no tiene trabajo o porque vive en la pobreza. La inseguridad no tiene una sola explicación y buscar una respuesta sencilla para un problema tan amplio 

puede llevar a respuestas equivocadas.

La discusión, entonces, debería concentrarse en las responsabilidades concretas. El Municipio debe explicar qué hace con sus herramientas de prevención y monitoreo. 

La Provincia debe responder por las funciones que corresponden a la Policía Bonaerense. Y ambos niveles deben encontrar trabajar en conjunto para que se pueda evitar los robos, y además que

no sea una discusión sobre quién tiene la culpa.

Los vecinos ya salieron a reclamar y dejaron en claro que la preocupación existe. Ahora las autoridades tienen que responder con hechos y no solamente con anuncios. Porque una política de

seguridad no se demuestra con discursos, sino cuando logra prevenir delitos, responder ante las víctimas y hacer que los vecinos vuelvan a sentirse seguros.

Mar del Plata no necesita que la inseguridad se convierta en una discusión permanente. Necesita saber qué se está haciendo, quién es responsable de cada medida y cuáles son los resultados. 

Los reclamos y las estadísticas ya están sobre la mesa. Lo que falta es que las decisiones estén a la altura de ese problema.

Thaiel Principi




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