La Artista que transformó la calle en nuestra

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Nota realizada por la estudiante de Periodismo Victoria Iparraguirre Bujak @vikyiparraguirre, que logró el 1° lugar en el concurso «Historias Mínimas» realizado por el Instituto Superior DeporTEA Mar del Plata.

Desde hace cinco años Griselda Olea se dedica a liberar obras de arte y, a través de ‘La calle es nuestra’, consiguió transformar el suelo que pisamos los marplatenses en un espacio de arte colectivo.

Griselda Olea en su taller de arte

La calle, por definición, es un espacio que permite la circulación de los vehículos y el acceso a cualquier edificio dentro de la ciudad. Solo en Mar del Plata existen más de 1300 calles y se estima que circulan alrededor de 600 mil autos. Pero, la calle, es también una idea, una abstracción que utilizamos para referirnos a todo aquello que está fuera, a la intemperie.
Para la artista plástica marplatense, Griselda Olea, “no hay lugar más colectivo que la calle”, porque es que allí “estamos todos: el que va a laburar, el que va a estudiar, el que sale a encontrarse con un amor, el que vuelve totalmente frustrado de un laburo”. Y el arte, desde su óptica, “es lo que más suma”.
Pero el arte al que estamos acostumbrados no está en la calle; sino, en los museos y galerías del circuito tradicional, donde ya no estamos todos. Por eso, para la artista, esa lógica del arte intocable, monetizado, distanciado de la calle y la gente, “tenía que romperse”.

El comienzo

Un día, mientras llevaba a sus dos hijos a la escuela, Griselda se frenó en una calle del barrio Peralta Ramos Oeste, y dejó una obra de arte. Se trataba de una pintura de pequeño formato que había preparado con la intención de que alguien pudiese toparse con ella, y apropiársela. Por ese motivo, la ubicó acompañada por un pequeño cartel con gran significado: ‘Si la encontraste y te gustó, llevala!’.
Con esa inscripción habilitaba a cualquier transeúnte a convertirse no solo en un espectador casual, sino en poseedor voluntario de esa pieza.
Olea había pintado toda su vida; desde muy pequeña su madre le regalaba materiales de arte para que pudiese desarrollar su creatividad y así, al terminar el secundario, entró en la Escuela de Cerámica para convertirse en profesora. Al recibirse, se dedicó al arte con la pasión de quién solo comprende el enorme poder de comunicación tiene, y desarrolló un estilo fiel a su identidad. Pero pasados los años, tras haber dedicado una incalculable cantidad horas a su práctica individual, y producido significativa cantidad de piezas -de las que algunas estaban a la venta o las regalaba-, empezó a sentir que su “círculo más personal y cercano ya estaba cubierto”, y que con ellas “tenía que pasar otra cosa”. Así, con esa inquietud, ponía a germinar la semilla que poco después florecería como ‘La calle es nuestra’.

Obra liberada en la costa de Mar del Plata por la artista Eva Gómez Vázquez

“Para mí, liberar una obra, es dejarla en la calle e irme”, expresó Griselda, “nunca me quedo a ver quién se la lleva, realmente la dejo. Y no sé por qué, siento que siempre van a llegar a las manos correctas”.
Efectivamente, eso fue lo que sucedió pocos minutos después del primer acto de liberación: la pieza, tal como autorizaba la inscripción, fue encontrada y llevada por las manos de una chica que, al llegar a la casa, le envió un mensaje a la pintora contándole que “la estaba pasando muy mal, y la obra le llegó”. En ese momento -y con ese mensaje que, a día de hoy, aún le emociona recordar-, se le presentaba esa otra cosa que estaba buscando.
“De muchas obras recibo mensajes y de otras no, que son una incógnita… nunca sé qué fue, qué pasó; pero lo acepto. Hay algo que debe pasar muy importante en el que lo encuentra, ya sea la necesidad de contarlo o no” -interpretó- “también es como un juego, una mística que hay en dejar una obra y, según lo que me cuenta la gente, en encontrarla”.
De todas esas personas que le enviaron un mensaje, una de ellas es Luciana Lagos, quién fue durante 12 años víctima de violencia institucional y de género. Según relató personalmente, el día que encontró la obra debía acudir a una audiencia y “estaba con el ánimo muy abajo”. Se trataba de una pieza de técnica mixta con la frase “Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”, de la escritora inglesa del siglo XVI, Mary Wollstonecraft. Sobre tal coincidencia, transmitió: “Esta obra llegó a mis manos de forma mágica”. Hoy Luciana es feminista y asiste “personas que tienen sus derechos vulnerados”. «Sanaron (el grupo de LCEN) mi alma con dicha acción comunitaria”, agregó.

‘La calle es nuestra’, un movimiento de arte colectivo

Tras repetir la práctica, conmovida por sus primeras liberaciones y los emotivos mensajes que recibía, Olea contó la experiencia a un grupo de artistas con quienes formaba parte de ‘Un Café con Artistas’ -espacio que habían creado para reunirse y hacer muestras-, y sintieron tal fascinación que le manifestaron sus ganas de sumarse.
Uno de ellos es el fotógrafo marplatense, Alejandro Vergez, quién manifestó: “Tuve la posibilidad de liberar obra y, por otro lado, compartir obras ajenas en la vía pública. Indescriptible sensación reconfortante me invade en ambas situaciones. Cuesta bajarlo a palabras, pero en definitiva es ayudar a distribuir amor en nuestras calles, que son todas.”

Obra de Griselda Olea liberada por el fotógrafo marplatense, Alejandro Vergez, en el pasaje del Museo de Historia en Bucarest, Rumania

Al igual que Alejandro, muchos de aquellos artistas acompañaron a Griselda en las liberaciones; pero otros empezaron a enviarle obras para que las liberen, con lo cual, el proyecto adquiría una dinámica totalmente distinta e innovadora.
A partir de este momento se da un proceso evolutivo de LCEN, donde primero se colectiviza y, luego, se amplía hasta convertirse en lo que es hoy: un movimiento artístico colectivo globalizado, cuya esencia es poder empezar a valuar el arte en términos afectivos, ignorando los monetarios.
Al hablar de este proceso, Griselda explicó: “Cuando me empiezan a llegar obras de otros artistas para que las libere, necesitaba tener un registro fotográfico que probara que esa obra había sido dejada en la calle. Ahí nace la idea de armar un Instagram donde estén todos los registros de las liberaciones de obras, y donde la gente se pudiera comunicar. Entonces, la red empezó a mostrar la acción de dejar obras en la calle y muchos artistas -no solo de acá, sino del mundo entero- empezaron a sumarse. Comenzó con una artista de México que me llamó porque quería hacer lo mismo allá, y nació ‘La calle es nuestra’ en México.”
El 26 de septiembre de 2019, mes del primer aniversario, LCEN recibió un reconocimiento por parte del Honorable Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredón, expresado en el expediente N° 1990-U-2019.

Hoy se hacen liberaciones en toda la Argentina, y en países como México, Colombia, Chile, Cataluña, Dubái, Rumania, Ecuador, Inglaterra, Italia, Francia, Portugal, entre otros. Además, hay coordinadores en dos ciudades de México, (Puerto Veracruz y Querétaro), en las ciudades de Barranquilla (Colombia), Santiago de Chile, Valencia (Venezuela), y en el pueblo de Ripoll, en Cataluña.
“Yo tenía en claro lo que quería”-aclaró- “hay pasos fundamentales que hay que hacer para que este movimiento funcione: dejar un cartel en la obra que diga explícitamente que te la podés llevar, el nombre del artista -si es que lo desea-, y un registro fotográfico para que el autor vea que el coordinador dejó la obra en la calle”.
Bajo ese formato, hasta la fecha han sido liberadas alrededor de tres mil piezas, entre las que se encuentran pinturas, fotografías, collages, y técnicas como acuarela y xilografía, e incluso algunas obras escultóricas. La mitad de ellas son de la autoría de Griselda Olea, lo que significa una cifra impresionante para un solo artista en el término de cinco años, pudiéndose lograr -muy probablemente- por la fascinación de la pintora por las obras de pequeño formato. Sobre ello, explicó: “Hay obra que yo ya produzco pensando que va a ser liberada, y otra que no, que van naciendo y con el tiempo decido que va a ser destinada a la calle o no. Todo depende del proceso creativo”.
Una manera de hacer arte «Sin categoría»
Muchas de las liberaciones han ido en sintonía con eventos y luchas sociales, en una manera de hacer arte llamada activismo artístico. Temas como ecologismo, feminismo, identidades de género o legalización del aborto, han sido parte de una faceta de ‘La calle es nuestra’ totalmente envuelta en la vida política y social. Al respecto, Griselda afirmó: “Dejar una obra en la calle sin ninguna consigna y por ganas, ya es político. Ahora, si a esta obra encima la enmarcas en un hecho social, por supuesto tiene mucha más fuerza”.

Grabado de la artista Jorgelina Sanchez Pagano liberado en el marco de la Marcha del Orgullo LGBT, en el año 2019

Otro de los formatos que ha adoptado LCEN, es el de arte correo; a través del cual, recibieron obras de todo el mundo mediante cartas y correo postal bajo una convocatoria denominada “Una semilla”.
El pasado domingo 17 de septiembre se realizó una exposición, previa a las liberaciones, en el “Café Literario La Rada”. Allí se reunieron públicamente, por primera y única vez, todas las piezas enviadas por artistas de todo el mundo desde mediados del año pasado. Pudieron verse más de 50 obras llegadas de 17 países del mundo, tales como Bielorrusia, Japón, Malasia, Turquía, entre otros.

Muestra ‘Una semilla’ en el “Café literario La Rada”

Transformar la mirada

En Mar del Plata, una ciudad donde a medida que uno se aleja del azul del mar todo se va haciendo gris, existe un grupo de artistas que le devuelve el color.
‘La calle es nuestra’ invita al caminante a olvidar la costumbre de mirarse los pies al andar para empezar a levantar la mirada y ver el arte que se esconde entre las veredas y los semáforos.
“El pueblo merece ser partícipe de la obra artística, conocer el sentir de otros, a través de un lenguaje universal. Se borran las fronteras, se acercan las sociedades, se valora la función del arte.”- Alejandro Vergez.
‘La calle es nuestra’ ha impactado en la vida de miles de personas que, sin siquiera imaginarlo, salieron un día a la calle y se encontraron por el azar o el destino, con una obra de arte.
“El arte repara el alma, pero el arte al alcance de todxs. Es una acción revolucionaria. Gracias. A La calle es nuestra.”- Luciana Lagos.




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