IDENTIDAD: UN CLUB, UNA CULTURA

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La historia de Mar del Plata acuna un choque de culturas, donde la tradición portuaria se entrelaza con la pasión futbolística. El puerto, símbolo de la llegada de inmigrantes y el sustento de muchas familias, ha sido testigo del crecimiento de la ciudad y del nacimiento del Club Atlético Aldosivi

Día soleado en Mar del Plata, y el aire está impregnado de esa mezcla de sal y emoción que solo los días de partido pueden traer. El Estadio José María Minella se prepara para recibir a miles de hinchas que pintan la popular sur con los colores de Aldosivi, al mismo tiempo que el equipo se prepara para recibir a su próximo rival de cara a un compromiso que mantiene viva la ilusión de cada hincha: el ascenso a primera.

Los gritos de la gente, el sonido de la orquesta y el olor a humo invaden el ambiente, mientras el equipo transita por el túnel que conecta el vestuario con el verde césped para hacer la entrada en calor. “Hoy hay que ganar, es crucial para nosotros. Las dos fechas que nos quedan son finales”, declara Ariel, quien hace décadas sigue al tiburón, con su camiseta verde y amarilla desgastada, que llevaba con orgullo.

El fútbol en Mar del Plata no es solo un deporte; es una tradición. Aldosivi, fundado en 1913, ha sido testigo de la evolución del fútbol argentino y de la ciudad misma.

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29 de marzo de 1913. Empleados que trabajan en la construcción del puerto local, hacen conocer su necesidad de contar con una entidad social y deportiva.
El nombre surge de la dirección telegráfica del puerto local; son las dos primeras sílabas de los ingenieros y propietarios de la empresa constructora: Allard, Doulfus, Sillard y Wiriott. El nombre original sería Al-Do-Si-Wi, pero como la letra “W” no se utiliza en las direcciones telegráficas, se lo cambió por la “V”.


Al mirar más allá de la línea de banda, se encuentra el puerto, un símbolo cultural y económico que supo moldear la identidad de la ciudad. En el fondo, el sonido de las olas parece seguir el ritmo del partido.

Rueda la pelota y, al mismo tiempo, en el puerto de Mar del Plata zarpa un barco. La conexión entre el deporte y la cultura del puerto es innegable. Ahí, la atmósfera es un poco diferente: el bullicio de los pescadores, la carga y descarga de cajones, y el revoloteo de las gaviotas acechan por lo bajo en busca de robar algún resto de pescado que quede al descuido de algún estibador.

La historia del puerto de Mar del Plata se remonta a 1910, pero su inauguración oficial tuvo lugar en 1921, gracias a una Ley Nacional.

Conocidos como el Pueblo de los Pescadores, llegó una comunidad que estaba compuesta por inmigrantes de diversas regiones de Italia, como Ischia, Sicilia, Puglia y Sorrento. Cada grupo intentaba mantener vivas sus festividades patronales.

La primera fiesta se llevó a cabo con éxito en 1928, congregando a más de 2000 personas en una procesión hacia la banquina.

En la década de 1940, se formó la primera Asociación Pro Fiesta de los Pescadores, lo que evidenció una mejor organización y crecimiento del evento. En 1979, la Secretaría de Turismo del

Partido de General Pueyrredón declaró a Mar del Plata como sede oficial de la fiesta.
Hoy, esta celebración sigue viva, recordando a aquellos que perdieron sus vidas en el mar y reinventando las tradiciones de los inmigrantes. La Fiesta de los Pescadores se mantiene como un símbolo de unidad y herencia cultural.

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Todo parecía indicar que la derrota ante Defensores de Belgrano la fecha pasada complicaba al tiburón y lo alejaba de la lucha por el primer puesto de la Zona B, pero Aldosivi sigue con vida. Los resultados que se dieron al finalizar esta fecha 36 beneficiaron de alguna manera al equipo dirigido por Andrés Yllana, quien actualmente y a falta de dos fechas para la finalización del torneo, ocupan el segundo puesto con 60 unidades, escoltando a Nueva Chicago que lidera la tabla con 62.

Sigue rodando la pelota. Aldosivi comenzó a presionar al rival y la emoción en el ambiente se intensificó. Cada pelota disputada y cada duelo ganado por los de verde y amarillo es como una ola rompiendo contra la escollera. La tribuna alienta y en ese momento, el pasado y el presente del puerto se encuentran en un mismo grito. Las historias de los pescadores, las tradiciones que se transmiten de generación en generación, y la pasión de “la pesada”, se entrelazan en la popular sur.

“Vamos a pelear hasta el final, como lo hicimos siempre mientras las chances estén al alcance nuestro. Y si no se da, ocuparemos una muy buena posición que nos va a permitir poder iniciar el reducido con alguna ventaja”, expresó el entrenador del Tiburón, Andrés Yllana, en conferencia de prensa.

“Es una definición por detalle. Estas fechas son difíciles. Estando arriba, todos los equipos vienen a sacarnos puntos pero seguimos firmes y con confianza para los que nos queda porque vamos a ir a buscar la final y si no se nos da, ya estamos en reducido y tenemos que pelearlo”, declaró Juan Ignacio Sills, actual defensor del equipo del puerto.

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Son los años 30, los barcos zarpan cargados de productos frescos, y la ciudad es un punto de encuentro para pescadores y comerciantes. Muchas familias se reúnen en la costa, ansiosas por recibir la llegada de los barcos que traen no solo pescados y mariscos, sino historias de aventura y trabajo duro.

En simultáneo, Aldosivi comienza a forjar su propia historia en el fútbol local. El club se afianza en representación de la comunidad local, uniendo a los marplatenses en torno a la pasión por el deporte y la cultura portuaria. Muchos de los trabajadores del puerto son quienes se bajan del barco e inmediatamente se calzan la ropa del club para que el Tiburón, de a poco, siga haciendo historia.

Estos tiempos dejarán una huella profunda en la cultura local, una herencia y tradición que aún con los años perdurarán.

La pasión por Aldosivi y la historia del puerto reflejan la identidad de una ciudad. Al caer la noche, mientras las luces del Minella se apagan y los barcos vuelven al puerto, se siente en el aire que, aunque las olas y la pelota se detengan, la historia sigue viva y escribiéndose.

Por: Luna Beltrán




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