Historias: Querido Unión

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Carta dirigida por el profesor julio santella a dirigentes, cuerpo tecnico y jugadores del Club Atletico Unión con motivo de obtener el derecho a participar en el Argentino “A” en el  año 2009 el hecho deportivo de mayor  trascendencia logrado por union en su historia.

Querido Unión:

             Nos conocemos desde hace mucho. Y sin presentaciones formales. Como un hijo más. Recuerdo que eras citado en las conversaciones familiares. Por los bailes de carnaval, por ejemplo, que te hicieron famoso. Mas de un verano supimos ir todos los Santella con los parientes de Buenos Aires, la madrina Teresa incluída; y yo con mis seis años me dormía en una silla. También por Antonito, mi compañero de infancia, porque los  Botta, su papá y sus tíos, vecinos de enfrente, eran ex-jugadores, socios, dirigentes y muy activos colaboradores. Y tiempo después, cuando mis hermanos, Hugo y Mario, empezaron a jugar en tu tercera, tu nombre comenzó a sonar más seguido. “Nos vamos al club, mamá” parecía un motivo de preocupación para los viejos, que eran medios reacios, especialmente porque no entendían muy bien que era eso del fútbol.                      

              Recién allí, detrás de una pelota y detrás de mis hermanos, comencé a interesarme por vos. Hasta que un día supe que te pertenecía: fue en la esquina de 3 de febrero y Dorrego, a metros de casa. Yo era un chiquilín y estaba  metido entre el gentío de la fiesta popular que era el circuito callejero de las carreras de patín. Y sin saber bien porque, como las cosas de corazón, aplaudía y alentaba el paso de Adalberto Lugea, de Fitipaldi y de Giordani que lucían la camisola blanca con la banda celeste. Se les podía leer en el pecho Club A. Unión. Y cuando en el podio les pusieron la corona de laureles, saltábamos alborozados con todo el piberío del barrio. Sentí que habiamos ganado.                                                                                                            

              Finalmente, te empecé a querer de verdad cuando aquella mañana de junio, pisé el verde escarchado del estadio San Martín con unos botines dos números más grandes que mis pies y con una camiseta a rayas celeste y blanca que me llegaba a las rodillas. Que fue lo que pasó? que seguramente la noche se le hizo demasiado larga a más de un muchacho de esa tercera dominguera y solo había ocho para jugarle al Peñarol del Noni Mayor y Raulito Elías. Entonces, mientras el técnico-utilero-delegado-consejero y amigo Castagnoli quería retirar el equipo, el negro Porta, y mis hermanos le decían: “ dale, Casta, completá los once con los pibes…no nos vamos a ir sin jugar…hacelo por nosotros, nos levantamos a la seis y acá estamos como fierros”. Así, Aroldo Tesoriero, Bepi Gambini y yo debutábamos sin siquiera estar fichados.

            A partir de ahí todo fue muy fuerte. Al lado tuyo, la intensa adolescencia a todo futbol. El hincha…el ascenso del 60, con Osvaldo Manfrin y el largo Petrosino y los cinco goles a Huracán por la promoción. Y dimos la vuelta olímpica a la ciudad en la caja de un camión; la caravana se detenía en la sede de cada club y desde las puertas y ventanas aparecían manos y manos que te aplaudían y te saludaban. Si, el hincha…hasta de básquet, como aquella emocionada noche en Quilmes, cuando la hazaña del “Potrillo” Duhalde. Y el jugador… la quinta campeona de don Horacio Morillo, y mi vieja cosiendole los números a las camisetas; el debut en primera, contra Kimberley en la vieja cancha de Quilmes; (“vas de 6, pibe, “jugá de jávolante, siempre al lado de Villavicencio” fueron las consignas); la angustia futbolística cuando nos comimos el descenso del 62; y el último año, el  “cuadrazo de los pibes”, el 63, con el Cholo Ciuffardi, Dighero, Doglioli, Luisito Rodríguez, Pettita, Pololo Acosta, Danelón, la “Gata”Bruschetti, Echeverría, fuimos animadores del torneo de 1ª.B que se llevó Nación con el negro Artero y el Hugo  Blanco.

              Empecé a volar y nos separamos. Llegaron Estudiantes, Deportivo Español, La Plata y Buenos Aires. Con los altibajos propios de quien debe concretar la madurez.                                                                           

El título de Profesor de Educación Física le abrió las puertas al Preparador Físico, pero no al fútbol, una obsesión que no pude superar.

              Pero nunca te olvidé y en cada vuelta a casa siempre estuvimos un rato juntos.                                                                                                

              Querido Unión, hoy que vivis tu hora más gloriosa, quiero decirte sin vergüenza, que al igual que en los folletines baratos, tuvimos un amor apasionado que no duró muchos años  pero del que yo no me pude desprender jamás.                                                                                              

                   Porque con vos incorporé el compromiso que demanda el juego colectivo, aprendí que es un jugador solidario, que es como decir un buen compañero, di los primeros pasos en eso de asociar ideas, juntar esfuerzos: sumar para ganar. En tus entrañas vivencié la célula social que iba desde La Juanita al Puerto, todos distintos, todos iguales, todos juntos en el festejo del gol, todos juntos en el llanto perdedor. Conviví con los que solo poseen la esperanza de una pelota y aprendí a quererlos. En tus vestuarios y en tus salones, me enseñaste a honrar a los mayores, a saber escucharlos,“a dejarse enseñar” por los que tienen algo que decir. A respetar los lugares, los momentos, las reglas de juego.               Con vos supe que es estar en desventaja, enfrentar la adversidad, luchar por una razón o por un sentimiento y no entregarse jamás.

De tu mano aparecieron las primeras lecciones de la vida: comencé a intuir la existencia de grandes poderosos y chicos humildes. Y sospechamos que había fallos justos e injustos. Y en tu mostrario me dibujaste la trasgresión, los ventajeros y los traidores.

En nuestro idilio vivimos muchas cosas más, pero lo más trascendente que me has dejado es que con vos comencé a soñar, a proyectarme, a fabricarme ilusiones, a delinear ideales,  a creer  en algo mejor.

Querido Unión, hoy que has hecho realidad aquella utopía del argentino A, no te detengas. Seguí forjando quimeras y prometeme que un domingo de sol, sin escarchas, nos vamos a encontrar en la Bombonera.

Y otra vez, vas a volver a hacerme feliz. 

Para los jugadores, el cuerpo técnico y fundamentalmente para Fernando Piovano y Cacho Pagano un gran muchas gracias.   




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