Historias: Made In Lanús

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Historias infimas para contar antes que sobrevenga el olvido – Por Julio Santella

Julio Santella: coequiper de Carlos Bianchi, como Preparador Físico en los ciclos triunfales de Velez y Boca, es marplatense. Inclusive se inició y se relacionó con Unión local. Es su gran referente. Su historia profesional comenzó en Estudiantes de La Plata y una tercera inolvidable dirigida por Miguel Ignomiriello. Después se inclinó al Profesorado de Educación Física y fue destacadisimo en la matería. También entrenó al Racing de Basile cuando ascendió a Primera.
En la actualidad, su hijo se destaca en la función.Tras superar una enfermedad complicada, ahora con 70 años, quiere dejar sentencias de vida referidas a su Unión y debido a la amistad con nosotros nos envió las crónicas.

En cualquier manual de historia del futbol argentino por más sencillo que sea, jamás deja de aparecer la mención de aquel Lanus 1956 como una de las grandes expresiones de un balompié exquisito: los famosos “globbetroters”.

Y en aquel poster gigante de “El Gráfico” donde posa el plantel profesional podemos ver las siluetas de los jóvenes categoría 1935 Osvaldo Donnola y Rosendo Fernandez.

Carlos “Loco” Ferrand.

Y en esa misma cancha de tablones de madera, Osvaldo Manfrín y Osvaldo Oscar Petrosino (categoría 1934) se cansaron de gritar goles con la casaca granate de la quinta y de la cuarta división.

Los cuatro ingresarían a la historia del querido Unión a partir de 1959. A ellos se les sumó Carlos Julio Ferrand, “Galleta” para los muchachos, el “Loco” o “Pelado” para la pequeña “torcida” marplatense, un portero categoría 33 que llegó hasta la 3ª de Independiente de Avellaneda y que pasara por Talleres de la “B” y el Deportivo Español. También era del sur del conurbano capitalino, pero el único de ellos que creció del otro lado de la Pavón, en Remedios de Escalada.

Sentados en banquetas, en el medio, de izquierda a derecha: José Nazionale, OSVALDO DONNOLA, Carranza, Moyano, Alvarez Vega (arquero), Beltrán, Mastroantonio y Emilio Fernandez.-
Y sentados en el suelo de izquierda a derecha: Osvaldo Gil, ROSENDO FERNÁNDEZ, Piromalli (arquero supl.), Daponte, Reynoso, Ramos Delgado, Alfredo Rojas. Los parados son: Pratto, Juan Hector Guidi (considerado el ídolo máximo de la historia granate), R.García, Bendazzi, Benito Cejas y Dante Lugo.
Osvaldo Donnola con la celeste de Temperley

Donnola llega a Unión luego del préstamo de Lanús a Temperley para que se fogueara. Después de dos años de arrojarse a los pies en Unión se iría a devolver pelotas de cabeza en Rivadavia de Necochea, ciudad en la que no solamente jugaría muchos años, sino que concluida la etapa de pantalones cortos trabajaría como director técnico también. Pero mas trascendental sería que encuentra en Necochea su reducto de toda la vida constituyendo allí su familia.

Rosendo (un gran gambeteador que el “Tanque” Rojas recordara como “Eriquito”, así le decían) tras jugar en un muy buen San Telmo de los 57-58 se puso la celeste y blanca hasta el 63. Durante su paso no solo nos mostró su virtuosa gambeta. Se destacó como un jugador funcional, con una gran ubicuidad para adaptarse a diferentes puestos y requerimientos. Siempre dispuesto, contaba con una gran entrega y era un jugador de carácter, que no le gustaba perder. Siendo un medio- campista participaba asiduamente en acciones de ataque. Y aunque, por razones de trabajo no entrenaba lo aconsejable, tenía un gran despliegue y contagiaba.

Rosendo Fernandez, con la 8 de San Telmo, antes de sus casi cinco años de Unión.

Un ser humano afable y muy social, que después de Unión prefirió organizar su vida en el trabajo y comenzó a jugar en el futbol aficionado solamente para despuntar el vicio. Integró los equipos de veteranos del granate, siendo muy querido por aquella camada subcampeona del 56, la cual frecuentaba. Es que Lanús lo vio nacer y hacerse hombre. Y allí vivió hasta que sorpresivamente nos dejó a fines de los 80, siendo muy joven.

La presencia de Petrosino fue controvertida para la barra unionista. Es que este flaco hincha de Racing, que llegó de la mano de su amigo Manfrin, no tenía mucha pinta de jugador de futbol. Era alto, medio desgarbado, calzaba como 46-47 (uno de sus sobrenombres era “Patón” o el “Pata”); con nariz prominente, “Narigón” (que también le decían); la figura tenía un aire de “Turco” (otro de sus alias) aunque en realidad algo de eso había, como que la ascendencia siciliana de la cual venía siempre estuvo emparentada con el imperio otomano.

Pero a juzgar por la opinión futbolera generalizada, por ese paladar que le dio identidad a Unión, no disponía de ningún argumento técnico destacable. Lo suyo era la ventaja que sacaba en esa carrera de zancadas amplias y potentes y la catapulta que impulsaba su pierna izquierda: los zurdazos del “Largo” Petrosino eran misiles y sus centros un alimento para los cocazos de Manfrín. Su cercanía a los dos metros de altura también lo hacían peligroso en los envíos aéreos.

Osvaldo Oscar Petrosino, Osvaldo Donnola, Osvaldo Cacho Manfrín, Rosendo Fernandez y Juan Jose Rico. Un paseo sabatino por la rambla marplatense

Bepi Gambini todavía hoy recuerda las discusiones del buffet, donde su viejo (un reflexivo empleado de Casinos, oficio muy común entre los simpatizantes del club) ofrecía una meditada respuesta acerca de cómo se podía poner en discusión un tipo que con pocas presencias ya tenía tantos goles como todos los demás juntos y además le había hecho cuatro a Banfield en la fatídica tarde aquella que perdimos contra los del puerto 5 a 4…

Vino como wing izquierdo. Pero Laffont descubrió que de “10” tenía muchas más chances de gol. De esa forma, el zurdo “Anchoíta” Arcidiácono se calzó la 11. Pero el hombre de las lanchas pescadoras, si bien era wing-wing, se tiraba atrás y le gustaba volantear. Así fue que sin proponerselo, Unión incorporó una novedad táctica, como hacía el San Lorenzo 61 del Toto Lorenzo con un tal Cabrera, (un medio campista que después jugó en Estudiantes) y que hacía de “ala tornante” según la definición del polémico D.T.

El 60 lo convirtió en el goleador del campeonato con 15 goles, uno más que el crédito blanquiceleste Manfrín, su compañero de andanzas. Pero los 29 goles de ambos aseguraron el ascenso.

Cuando en el 63 la austeridad de Unión le dio el final a los jugadores-viajantes, la dupla siguió jugando en la liga amateur de Lanús, como lo habían hecho de jovencitos. Allí, con las camisetas del Guido o del Real, también supieron de goles y campeonatos.

Petrosino compartió el futbol divertimento con el trabajo del taxi, del remise, de camiones y finalmente donde se jubiló: motorman de subterráneos de Buenos Aires. Se fue para siempre en el 2001.




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