Fútbol en Deuda – Por Juan Carlos Morales

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No fue un buen año el 2018 para el fútbol argentino. Actuación irrelevante en el Mundial de Rusia y lamentable final de la Copa Libertadores de América con el partido River-Boca trasladado a Madrid por inseguridad. Dos hechos graves que denuncian las debilidades de la conducción. No rindió Jorge Sampaoli al frente del seleccionado y eso arrojó una pobre imagen deportiva y un costo desmedido (millonario pago para que venga y otro gran desembolso para coordinar su ida ). Ahora, con la Copa América por delante (2019) , se confía en el ex futbolista Lionel Scaloni, mientras el mercado interno destaca claramente a Marcelo Gallardo, entrenador «millonario». Se mantuvo en la mayoría de los casos la no presencia de visitantes en los partidos oficiales pero continuaron los inconvenientes y el  clásico que definía el máximo torneo de clubes sudamericanos fue una triste muestra de incapacidad organizativa. Tal vez queda como balance positivo que  nuestro fútbol recuperó la hegemonia continental pero la agresión a los jugadores que llegaban al estadio en un micro neutralizó el valor de la competencia y mostró el lado oscuro del popular deporte.
Así como Francia desnudó nuestras falencias deportivas (nos eliminó sin discusión en el cruce sovietico), los hechos en Nuñez dejaron al descubierto la fragilidad de cualquier sistema para controlar y conducir  operativos tendientes a dar seguridad y respaldo a miles de hinchas que acuden con ansias de disfrutar. El dominio de los violentos (que son clara minoria) duele y perjudica, como también lastima que se busquen soluciones lejanas para resolver el armado del plantel que nos representa en la principal justa deportiva del planeta. Ya pasó años atrás con Carlos Bianchi ( no se le ofreció claramente la selección) y se repite ahora yendo a buscar un técnico al exterior como si en el país no hubiera hombres capaces para elegir y orientarlos.
Detrás quedan exponentes verdaderos de nuestra escuela. Con Lionel Messi a la cabeza. Aunque se lo discute en nuestro medio, mientras el resto del mundo lo admira. Y la nomina puede agrandarse con nombres como Agüero, Di María, Higuaín, Icardi, Dybala, etc.
En la proyección marplatense en el terreno profesional, lo de Aldosivi es muy digno. Figura entre los diez mejores de la Superliga, recuperó la plaza en el certamen principal y tiene por delante una temporada que puede ser ideal para confirmar sus pergaminos. Bastaría con recordar que reanudará su gestión ante el puntero, el Racing Club de Avellaneda.
Lo que viene establece, ante todo, un replanteo profundo, la necesidad de ordenar y recuperar prestigio. En lo deportivo y en lo organizativo. Es hora de creer en la capacidad – si los que estan, la tienen- de los que conducen y en la riqueza de nuestros futbolistas. Ya no se pueden aceptar más errores. Si es necesario un cambio, bienvenido sea. Pero basta de improvisación y cargos por herencia o amistad. El fútbol argentino debe saldar la deuda.



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