Entre la nostalgia y la historia: Hace treinta años dejaban de funcionar las piletas Punta Iglesia

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Construidas originalmente en los sótanos de las barracas de un antiguo puerto, las piletas de Punta Iglesia atraviesan la historia de la ciudad y aún viven en la memoria de miles de marplatenses, que la recuerdan como símbolo de un tiempo de esplendor.

Nacieron hace más de un siglo en el enclave ancestral de Mar del Plata. En sus restos, hoy sepultados, duerme parte de la historia de la ciudad. De hecho, surgieron de la ingeniosa remodelación de nuestro antiguo puerto, cuando la capilla Santa Cecilia dominaba el paisaje desde lo alto de la loma despoblada y aquella “punta de la iglesia” guiaba a los hombres de mar.

La historia de los muelles que prosperaron en la zona desde los tiempos de Cohelo de Meyrelles es extensa, pero hoy nos interesa lo que ocurrió hacia 1905 cuando la Compañía Argentina de Navegación Angel Gardella construyó un embarcadero de madera, barracas y otras dependencias que concentraron la actividad portuaria. Sabemos que la estación marítima fue arrendada más tarde por un consorcio local identificado como “Lloyd Comercial” hasta que hacia 1916 apareció un concesionario que hizo historia: el ingeniero italiano Vicente Laborante, quien –según el arquitecto Roberto Cova- era director de Obras Públicas de la municipalidad.

Debe recordarse que el actual puerto estaba en construcción y que los pescadores empezaban a migrar a su nueva banquina, de modo que los días de la vieja estación portuaria estaban contados. Entonces el ingeniero italiano decidió refuncionalizarla como complejo turístico y empleando los sótanos de la antigua barraca, laboriosamente cavados en la piedra, construyó una piscina de agua de mar de casi cien metros. Confitería, vestuarios y el muelle, dedicado a actividades deportivas, conformaron aquel emprendimiento de avanzada que la ciudad conoció como “Pileta Lavorante”.

En 1924 un temporal destruyó los sueños del ingeniero italiano, que se apartó definitivamente del proyecto. La Municipalidad –gobernada por el socialismo- se hizo cargo de la reconstrucción y así nació la Pileta Municipal, que era pública y gratuita (segunda foto). Pero en 1950, un temporal volvió a destruirla (tercera foto), iniciándose un período de inactividad que se extendió hasta 1966 y que incluyó su provincialización.
Año tras año, las crónicas periodísticas lamentaron el abandono del sector y recordaron su pasado esplendoroso como centro recreativo, escenario de competencias nacionales e internacionales de natación, certámenes de belleza y espectáculos diversos. Finalmente, un artículo de diciembre de 1966 dio cuenta de su reapertura.

La antigua “Pileta Lavorante” renacía modernizada, con mayor protección sobre el mar y con tres natatorios: uno para niños, otro para saltos ornamentales con altos trampolines y uno olímpico, tal como muchos recordamos (cuarta foto). Ya no serían públicas como en los viejos tiempos, sino que entraron en la órbita privada bajo el usufructo de los concesionarios “Giaccaglia y Von Kotsch”, según reza la crónica.

Huelga aclarar que el apellido Giaccaglia está íntimamente ligado con el negocio balneario de la ciudad desde sus albores. Por su parte, el abogado Máximo Von Kotsch (Lolo, para todos), fue, sin dudas, el alma mater de las Piletas Punta Iglesia (así se llamaron desde su renacimiento) en sus años de renovado esplendor, cuando eran epicentro del turismo, prensa nacional y figuras del ambiente artístico y deportivo.

¿Cuándo terminó todo?. No fue sencillo fijar una fecha exacta porque las piletas dejaron de funcionar sin anuncios ni repercusión periodística. Sin embargo, hay en los archivos algunos indicios que nos permiten ubicar ese momento en 1989. (Si… hace treinta años).

Hubo algunos intentos fallidos de reactivación, pero triunfó el abandono y el lugar terminó en ruinas. En 1993 el intendente Mario Roberto Russak anunció que las piletas serían tapadas y que el sector sería convertido en un espacio público. Explicó en aquella oportunidad que el complejo estaba cerrado desde hacía cuatro años y que habían fracasado dos licitaciones en procura de recuperarlo. En diciembre de 1994, con las piletas tapadas con arena y algunas palmeras ornamentales, inauguraron el espacio público, que pronto recuperó su aspecto decadente.

En 2005, en concordancia con la realización de la Cumbre de presidentes realizada en Mar del Plata, el viejo predio de las piletas fue recuperado como Plazoleta de las Américas. Miles de personas la visitan anualmente, quizás sin saber que sus pasos discurren sobre un sepultado capítulo de nuestra historia.-

Nota extraída del facebook de Gustavo Visciarelli




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