Entre la “Galería del Suicida” y la Catedral de Mar del Plata

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El jardín de invierno pasó a llamarse “Galería del Suicida” desde aquel incidente con el apostador arruinado. Muchos vieron en ello un presagio de lo que luego ocurrió.

El problema, en realidad, había empezado años antes en Mar del Plata, que devenía en páramo con los primeros fríos. ¿Por qué no construir entonces una ciudad invernal para la aristocracia criolla?. Eso se preguntó a principios del siglo XX el doctor Pedro Olegario Luro, noveno hijo del propulsor de Mar del Plata.

Los primeros 2000 millones de pesos provinieron de 65 inversores que competían en abolengo y fortuna: Uriburu, Avellaneda, Anchorena, Blaquier, Alzaga Unzué y Pereyra Iraola, por citar algunos. Los unía la creencia de que el gran negocio turístico inaugurado en Mar del Plata podía replicarse en otro sitio.

Ese sitio fue Empedrado, Corrientes y el proyecto se llamó “Ciudad de invierno”.

En 1909 la provincia les cedió en concesión por 35 años un predio de 3141 hectáreas y en junio de 1913, con reputada concurrencia, inauguraron la primera parte del proyecto: “El Hotel Casino-Continental” o “Mansión de Invierno”, un palacete de 12 mil metros cuadrados con 114 habitaciones que se erguía sobre una barranca en la margen oriental del Paraná. Salas de juego y de teatro, canchas de tenis, golf y criquet, un parque de 20 hectáreas trazado por el mismísimo Thays y un muelle para el desembarco de turistas nutrían sus atractivos.

El resto del proyecto –una ciudad con anchas avenidas, paseos públicos, un gran balcón sobre el río, usina, hipódromo, estación ferroviaria- jamás dejó de ser un sueño.

En su efímera vida, la mansión albergó una historia trágica: la del apostador que perdió su fortuna y se suicidó en el jardín de invierno. Obviamente, esa no fue la causa del cierre del hotel, pero sí una metáfora de esa apuesta descomunal que fue «La Ciudad de Invierno».

Nunca se supieron con certeza las causas de aquel fracaso empresarial, cuyos vestigios actuales (foto) son unas pocas ruinas entre la vegetación, fruto de remates, saqueos y más de un siglo de abandono.

Pedro Olegario Luro rescató numerosos elementos y los acomodó en otro emprendimiento familiar, incluyendo una araña que había comprado en París y que era réplica de la que se encuentra en el foyer de la Opera Garnier.

Con sus 600 kilos distribuidos en una estructura de bronce, 136 luces y 140 caireles de cristal de Baccarat, la araña iluminó desde entonces las selectas veladas del Bristol Hotel de Mar del Plata.

La luz de ese establecimiento inaugurado en 1888 se extinguió en 1944 y todos sus bienes fueron rematados. La subasta de la araña se produjo el 3 de julio y pagaron por ella 2500 pesos.

La historia tiene otro giro: el comprador, Odilio Gasparotti, actuó en representación de la firma que explotaba el hotel e inmediatamente anunció la donación de la araña a la Basílica de San Pedro. Así se llamaba en esos tiempos nuestra actual Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, en cuya nave central se encuentra hoy esa araña que vivió tiempos de luces y sombras.-

Nota extraída del Facebook de Gustavo Visciarelli




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