En Mar del Plata encontramos dos realidades paralelas que avanzan a ritmos desconectados. Por un lado, la contienda política de la gestión pública: el municipio de General Pueyrredon y la pugna por recuperar el predio de Punta Mogotes, con la Provincia de Buenos Aires atrincherada en mantener su control. Por el otro, la realidad de lo que pasa en las calles con la inseguridad nuestra de cada día.
La disputa por Punta Mogotes refleja un enfrentamiento partidario de larga data. Se comprende que los marplatenses reclamen soberanía sobre su propia costa y pretendan administrar los recursos locales sin depender del visto bueno de La Plata.
Sin embargo, cuando la energía política se concentra de forma excesiva en presentaciones judiciales, comunicados encendidos y disputas de poder sobre quién gestiona unos metros de arena, el vecino siente que la agenda dirigencial corre por un carril totalmente opuesto al de sus necesidades urgentes.
Mientras los escritorios discuten la titularidad de los balnearios, la inseguridad se consolida como la única certeza en el día a día.
Ataques a cualquier hora, robos en los barrios, la constante desprotección en las paradas de colectivos y el temor a que la violencia escale a mayores son la verdadera emergencia de la ciudad. El marplatense común no distingue entre las responsabilidades de la Policía Bonaerense, la secretaría de Seguridad municipal o los tribunales; lo único que exige es vivir tranquilo, con calma y que no le roben el esfuerzo de su trabajo.
No se trata de desmerecer la importancia del patrimonio ni de la administración del espacio público. Pero sí de exigir prioridades claras. Si las distintas esferas del Estado pusieran la misma tenacidad, recursos e intensidad en articular un plan integral de seguridad que la que destinan a la disputa política por un predio, la vida cotidiana en General Pueyrredon sería sensiblemente más segura.
Hasta que eso no ocurra, los debates de gestión seguirán en marcha, como un eco lejano frente al verdadero problema que nos cruza en la puerta todos los días. Continúa un duro reclamo que no deja de darnos capítulos, nuevas declaraciones y una duda que sigue abierta.
Entre la «rosca» por Mogotes y el miedo en las calles, la política se encuentra trastocada y no encuentra una solución ante los problemas que diariamente están en los titulares y no buscan una respuesta favorable.
Por Natalia Gallardo
