El tobogán de la vida: El sube y baja de las expectativas

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En un mundo globalizado y altamente materializado, ¿cómo hacemos para controlar nuestros deseos y expectativas en el amor, la salud, el trabajo, el estudio y muchas cosas más? De la mano del psicólogo y director del centro “Clínica de Familia” Fabián Melamed, analizamos dicho fenómeno.

En su artículo “Cuando nos gobiernan nos matan y sin ellos nos morimos” Fabián se encarga de comprender y explicar el difícil equilibrio del anhelo y las expectativas en la vida de las personas.

Previo a examinar dicho artículo, vamos a definir la palabra central de esta nota: Expectativa. ¿Qué es? Según su definición se conoce como expectativa (palabra derivada del latín exspectātum, que se traduce como “mirado” o “visto”) a la esperanza, sueño o ilusión de realizar o cumplir un determinado propósito. De acuerdo con la Asociación Educar para el Desarrollo Humano “las personas suelen llenarse de expectativas en cosas y situaciones diversas (económicas, profesionales, amorosas, laborales, familiares, etc.), en general personales, porque cada uno las crea por sí mismo y para sí mismo, con el fin de obtener un resultado. Si no se cumple o los resultados no satisfacen, la frustración y las quejas abundarán.”

“Cada cultura tiene un conjunto de creencias básicas sobre qué es felicidad y bienestar. Cada comunidad, la suya, así cada familia y cada individuo y su grupo de pares, también aportan las suyas particulares. Todo esto fogoneado por los medios de comunicación, el marketing y la publicidad. Y advierto, no solo es para vender productos o servicios, sino que hay también marketing para otras cosas, tales como el amor. ¿El amor? ¡Sin dudas! Al marketing del amor, lo podríamos definir como el lugar donde una sociedad posiciona a este fenómeno como requisito para la felicidad”, destacó entre sus primeros párrafos Melamed.

Para una mejor comprensión, se permitió dividir las expectativas en categorías, desde intrafamiliares hasta económicas. “En el amor este tema es central, en las parejas se cruzan tantas expectativas, que raramente es posible cumplirlas a medias, y lo que queda más bien, son bases listas para ser maduramente reformuladas durante la vida, volviéndolas reales o ser parte de la caída de la pareja. Los divorcios tan rápidos en tal cantidad de casos ¿qué nos dice? ¿Poca tolerancia a la frustración? Pues sí claro, pero más que nada altas expectativas que son solo distorsiones a la hora de ponerse en marcha. Y la pareja cae por el peso de todo aquello que iba a darse y no ocurre o bien viceversa.”.

También expectativas respecto a que el bienestar económico es base de bienestar es algo que las investigaciones hoy denuncian como una falacia.  Si tenemos la base de alimentación, salud, educación y vivienda, no habremos de ser más felices por sumar más dinero.

“Luego pasemos a expectativas de lo que pasa intrafamiliarmente. ¿Qué esperamos de nuestros padres y que esperan ellos de sus hijos? ¿Cuánta pelea se da en el sentido de los anhelos que tenemos con nuestros hijos y sus vidas y las expectativas que ellos tienen de nuestro rol? Pues muchas. Y muchas peleas y muchas biografías sufridas descansan entre lo que se esperaba y lo que se dio”, concluyó.

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