El hotel fantasma de Mar del Plata y el suicida desconocido

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El monumental hotel Saint James –construido y abandonado sin estrenar a fines del siglo XIX frente a la actual Playa Verese – es el mayor misterio de nuestra historia. Sus sombrías ruinas, finalmente demolidas, alimentaron un relato jamás probado sobre el suicidio de su arquitecto.
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“En la explanada de Mar del Plata asentado en la loma, un edificio sin puertas, ni ventanas, ni balcones, alza su silueta sobre el mar. De lejos sus finas líneas arquitectónicas, las agudas aristas de sus techos, la masa total le dan el aspecto de un soberbio castillo”. Esto escribía hace un siglo Manuel María Oliver, periodista de Caras y Caretas, tras explorar el lúgubre edificio que “hace treinta años que gime, resistiéndose a los huracanes con pasividad heroica. Se cae a pedazos, sus muros se desmoronan, los techos crujen, los tirantes ceden…”

¿Dónde estaba el misterioso hotel que nunca llegó a nacer?. En las cuatro manzanas delimitadas por las actuales calles Boulevard Marítimo, Alberti, Carlos Pellegrini y General Paz. Es decir que abarcaba el predio donde hoy se encuentra Torre de Manantiales, sitio en que, se supone, iban a florecer parte de sus jardines. 

Solitario en la barranca, a 25 metros de altura sobre el nivel del mar, el edificio flanqueaba el camino costero y miraba hacia la playa, que pasó a llamarse Saint James. Igual que el pequeño restaurante que los hermanos Durrossier levantaron sobre la arena para darle de comer a los obreros, y que luego se transformó en un hotel de madera montado sobre pilotes. Los visitantes británicos – ligados en su mayoría al Ferrocarril del Sud- prefirieron ese paraje agreste antes que la Bristol y hasta jugaron un rudimentario golf en sus barrancas. Los lugareños empezaron a hablar de la “Playa de los Ingleses”, nombre que sobrevivió hasta la Guerra de Malvinas, cuando fue suplantado por el del genovés Luis Varese, quien en 1909 había construido, también sobre la arena, su restaurante- hotel “Centenario”.

En su artículo del 15 de febrero de 1919, Manuel Oliver se preguntaba: “¿Quién asentó el palacio?; ¿Cómo?; ¿Cuándo?”. Hasta la fecha es poco lo que sabemos. Hay un año -1890- que aparece como difuso eje de esta historia. Hay tres nombres : Thomas Duggan y Santiago Graham, dos hacendados irlandeses radicados en Argentina que habrían puesto el capital junto a un presunto Duarte Carres, de cuya existencia se duda.
Oliver plantea otra incertidumbre que perdura hasta la actualidad: del hotel no hay registros ni planos, ni historia escrita, salvo una referencia que hablaría del comienzo de sus desgracias: parte de la imponente arquitectura habría sido levantada, por error, en tierras ajenas.

El periodista de Caras y Caretas cita como testigo a un anciano innominado que “se concentra, golpea sus sienes con los nudillos de los dedos: ¡Saint James!. Veinticinco, treinta años que lo construyeron para hotel, para combatir al Bristol. Lo dejaron casi listo, hasta artesanado y decorado. Ahora hay pleito largo señor…No volvieron a él desde entonces…”
Al recorrer el edificio abandonado, Oliver descubrió tres habitantes. Uno es un hombre “criollo y sintético, que habla poco, como todos los que tienen como compañero a la soledad”, sin precisar si se trata de un cuidador o de un intruso. Otro es “un perro grande y noble” que “no sale del castillo, no saldrá, mientras su amo sea el amo de esa casa sin abrigo”. El tercero es una lechuza “audaz, terrible , implacable, que entona sarcásticos nocturnos y que ríe de manera extraña”.

Volviendo a aquel anciano sin nombre citado como testigo, Oliver pone en su boca una historia que siempre estuvo ligada a los misterios del Saint James: “Uno de los ingenieros se suicidó cuando la sociedad quebró”.
Quizás nunca sepamos si es verdad o leyenda y si es cierto que el presunto ingeniero, cuyo nombre jamás fue mencionado, se ahorcó dentro del edificio. Más probable es la versión de la quiebra, sobre todo si recordamos que en 1890 comenzó la segunda gran crisis económica argentina.

Oliver nos dejó una acuarela del hotel abandonado treinta años antes y lo definió como el “primer monumento arqueológico de Mar del Plata”.
“El malezal, alto y tupido”, “los techos agujereados, hendidos, heridos por el rayo”, la hiedra que “abraza las ruinas”, “el crujir del cimiento” y el “trozo de torre que se desploma” asemejando “un cañonazo”, fueron registrados por la pluma de Oliver, cuatro años antes de la demolición del Saint James.
Pero aún resta hablar de otro misterio que llega hasta nuestros días por versiones populares. Se refiere al presunto contratista italiano que, ante la presión de los obreros que reclamaban su paga, decidió viajar a su tierra natal “en busca de dinero”. El misterio, obviamente, fue el de su paradero, ya que nunca se lo volvió a ver en Mar del Plata.- 

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Las imágenes compartidas son las que ilustraron el artículo que en 1919 publicó Caras y Caretas. Aporte de Ignacio Iriarte al proyecto Fotos de Familia del diario La Capital

Nota extraída del facebook de Gustavo Visciarelli




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