El famoso pintor que casi se ahoga y que halló el amor en Mar del Plata

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Una antigua crónica nos recuerda que en febrero de 1913 dos bañeros africanos –ya hablaremos de ellos en otro artículo- salvaron a un joven de 22 años que se estaba ahogando en Playa Bristol, sin saber que en ese acto también rescataban parte de lo que sería nuestra pinacoteca popular.
Aquel joven, llamado Florencio Molina Campos, volvió a Mar del Plata en 1927 para exponer 34 pinturas en el local que el diario La Razón poseía en la antigua rambla. 

Pocos meses antes había hecho su primera exposición en Buenos Aires, cautivando al público con la singular técnica que empleaba para plasmar paisajes y personajes rurales.

Su figura fue creciendo con los años y ganó inusual popularidad cuando ilustró los almanaques que la firma Alpargatas editó en tres series: 1931-36, 1940-45 y una póstuma en 1961-62.

Aquel artista criollo que en la década del ’20 publicaba en La Razón una tira cómica llamada “Los Picapiedras Criollos” (anticipándose tres décadas a la de Hanna-Barbera) y que fue asesor de los estudios Disney, volvió a Mar del Plata en 1928 y 1937 para exponer en Casa Subirana y Galerías Witcomb. De esas visitas quedó la obra de la serie Alpargatas que ilustra este texto: “Viera qué linda la mar”, donde dejó un detalle curioso: su propia sombra sobre la arena, junto al paisano que contempla ese océano que estuvo a punto de arrancarle la vida.

Pero volvamos a la muestra de 1927. María Elvira Ponce Aguirre tenía 25 años, era maestra y había venido desde Mendoza a veranear junto a tres amigas. En una tarde de paseo por la Rambla Bristol se detuvo frente al local del diario La Razón donde estaban montando una exposición.

Molina Campos –que tenía 35 años y estaba solo después de un efímero matrimonio- salió del local, conversó con la joven y le hizo una invitación osada: acompañarlo en la inauguración de la muestra, a la que asistiría el presidente Marcelo Torcuato de Alvear y su esposa Regina Pacini. (Un aplauso para María Elvira, que no se dejó amilanar por los prejuicios de la época ni por la presión de semejante compromiso).

En la noche de la inauguración fueron vendidas las 34 obras expuestas. Una de ellas, “Charqueando”, fue adquirida por el presidente Alvear.
María Elvira y Florencio no se separaron nunca y se casaron tres veces; primero en Uruguay (1932), luego en Estados Unidos (1937) y por último en Argentina (1954) cuando se legalizó el divorcio. El pintor murió cuatro años después.

Hasta 1998, cuando falleció, María Elvira fue una encendida defensora de la obra de aquel artista que 71 años antes le había hecho una osada invitación en Mar del Plata.-

Nota extraída del facebook de Gustavo Visciarelli




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