El derecho de admisión usado con fines discriminatorios

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“No entrás -en la Constitución-“- Por Juan Manuel Lamacchia, Rosario Riego, Facundo Gallego, Makú Rodríguez, Pablo Salom Pita y Rocío Vorlentini (Alumnos de tercer año de DeporTEA Mar del Plata).

Mar del Plata es una ciudad ícono del turismo y la vida nocturna. Bares, restaurantes, boliches: la ciudad se muestra como un abanico de lugares que las familias, los amigos y las parejas eligen para pasar un buen rato.

Sin embargo, personas que fueron rechazadas en la entrada de algunos establecimientos decidieron hacer públicas sus quejas, alegando motivos injustificados y discriminatorios por parte del personal.

La Defensoría del Pueblo actúa en la ciudad como una delegación del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), a la que las personas pueden recurrir para denunciar estos casos, pero un llamado a la oficina bastó para evidenciar una realidad: “Asentar una denuncia en INADI no tiene sentido”. Las únicas tres -sólo tres- denuncias existentes son de travestis.

Cuando fueron consultados por qué los damnificados no realizan las denuncias, los miembros de la Defensoría, ubicada en Belgrano 2740, aseguraron que para que una acusación cobrara fuerza, deben contar con un video o una prueba contundente que les permita actuar contra el lugar, algo que “casi nunca sucede”.

 

Hecha la ley, no hace falta hacer la trampa

La ley nacional 26.370 o ley de derecho de admisión y permanencia, el famoso “La casa se reserva el derecho de admisión y permanencia” fue promulgada en 2008 con el objetivo de imponer ciertos límites y ampliar así los derechos del consumidor. Quienes crearon esta prerrogativa se olvidaron de un pequeño gran detalle: no hay penalización para quien incumpla alguno de sus artículos en los que involucre al consumidor, al público, excepto cuando el establecimiento exceda su capacidad.

Es decir, la defensa de cualquier persona se reducirá a una prueba, una foto, un video. ¿Cómo corroborar que le denegaron la entrada a alguien “por negro”? ¿Su palabra contra la del dueño? Parece algo muy complejo para resolver algo simple: empezar una causa judicial, con sus agotadoras implicancias e incontables plazos, todo para que te confirmen que fuiste discriminado, si acaso se llega a esa conclusión. ¿Indemnización por daños y perjuicios? ¿Qué es eso?

 

¿Las redes como solución? Las denuncias 2.0

Con la llegada de las redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram), las personas encontraron un espacio en el que podrían compartir no solo videos o imágenes divertidas, de puro entretenimiento. La amplia llegada y la rápida viralización se convirtieron en las aliadas perfectas para aquella gente que estaba harta de la ineficacia e ineficiencia de los organismos de defensa y justicia.

Así nacieron las denuncias 2.0: publicaciones de casos en los que los damnificados explicaban la experiencia ocurrida adjuntada con lo más importante: la foto o el video del momento. Ver a alguien siendo discriminado, golpeado, abusado o siendo víctima de bullying incrementa el rechazo y también otorga algo que una denuncia a la Defensoría no puede: alguien a quien apuntar, un lugar a donde poder ir y quejarse.

En sus propios perfiles o a través de un grupo creado con el propósito de defender a los usuarios y denunciar a los victimarios, las publicaciones que las personas suben son compartidas y viralizadas en cuestión de minutos.

Algunos casos de discriminación ocurridos en Mar del Plata:

Denuncia boliche Bruto (Playa Grande)

 

Denuncia boliche Bookan (San Martín 3533)

 

Denuncia boliche Bruto (Playa Grande)

 

Denuncia boliche Sethai (Paseo Jesús de Galindez)

 

La segregación, vista desde dentro

Milagros trabajaba de manera ocasional como voluntaria en primeros auxilios en varios boliches de Mar del Plata, así como también en los balnearios que, en temporada de verano, se convierten en el “hogar” de las fiestas electrónicas.

Si bien su oficio no tenía relación alguna con las fuerzas de seguridad y los promotores que operaban en dichos lugares, una particularidad le permitió conocer cómo estos empleados “usan el derecho de admisión con fines discriminatorios“.

“Como era estrictamente necesario estar en contacto con mis compañeros, compartíamos los handies (comunicadores) que los guardias y promotores utilizaban, así que, cada vez que hablaban, yo escuchaba todo” explicó.

La recurrencia con la que Milagros oía a los agentes discutir sobre quién pasaba y quién no era severa. ”No, no, es muy gorda”, “No, tiene gorra de villero (sic ), no pasa”. “Dejalas pasar gratis y que hagan presencia en el V.I.P“, son algunas de las frases que la joven solía escuchar cuando prestaba sus servicios.

“Como mujer y como persona, era indignante y transmitía mucha impotencia. A veces hasta presencié como le negaban la entrada a hombres y mujeres“, enfatizó visiblemente molesta.

Las anécdotas que Milagros recordó fueron numerosas, pero los motivos guardaban la misma relación. “Ejercen el derecho de admisión con fines discriminatorios y lastiman a la gente”, consignó y prosiguió, “es una realidad triste, por esoya no piso esos lugares. Sus empleados, sus dueños, todos son extremadamente superficiales y es una actitud deplorable”, concluyó.

 

Triste conclusión

La investigación que se llevó a cabo tuvo como objetivo de denunciar el uso del derecho de admisión y permanencia de manera selectiva, aislante, por parte de los dueños de distintos establecimientos de la ciudad. El numero de casos, que no es escaso, no es un determinante: sean muchas o pocas, este tipo de actitudes deben ser condenadas.

La Defensoría del Pueblo evidenció la pésima eficacia que tiene iniciar acciones legales cuando alguien es discriminado en un boliche, bar o pub. Que tres denuncias sean las únicas que este organismo tiene, deja entrever además que las víctimas no confían en el mecanismo que utilizan. Por otro lado, publicar una acusación por redes sociales se presenta hoy como la solución más cercana a lo que buscan los damnificados: ser escuchados y defendidos.

Mar del Plata es ícono del turismo y la vida nocturna. Una vida nocturna disponible para quienes estén dentro del estereotipo que buscan en los bares, restaurantes y boliches de la ciudad. Quienes no cumplan con su requisito, afuera.

La falta de una legislación pertinente a la protección de los usuarios y un organismo que dedique su función a la lucha contra la discriminación de manera exhaustiva, que cumpla su función, genere confianza y tenga empatía por las víctimas, es lo que visiblemente hace falta en una ciudad que actualmente las desprotege.




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