«El arqueólogo»: Murió Pablo Ramírez el autor de Historia del Profesionalismo. 1931-1978

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Hace unos días se conoció el deceso del periodista, Pablo Ramírez autor de «La Biblia» como se conoce el libro «Historia del Profesionalismo 1931-78». Tenía 94 años.

Hace unos días se conoció el deceso del periodista, Pablo Ramírez, investigador de la historia del fútbol argentino desde sus orígenes. Autor de «La Biblia» como se conoce el libro «Historia del Profesionalismo 1931-78». Una obra completa. Tenía 94 años

Ramírez, empleado en la actividad privada, se acercó al periodismo deportivo llevado para una pasión compartida por millones de argentinos, antes y ahora. Alto, espigado. Vivía en Belgrano, casa que conoció el autor de éstas líneas fascinado con su archivo

Su amistad con Dante Panzeri le permitió conocer centenares de historias del fútbol de los años dorados, los 40 y 50. Como miles, admirador del juego de La Máquina de River, el Terceto de Oro de San Lorenzo. Los Diablos Rojos de Avellaneda.

La edición «renovada» del diario La Nación

No tanto de otro equipo inolvidable de la época, Racing del primer tricampeón entre 1949 y 1951. Tiempos del primer peronismo y apoyo fuerte al deporte. Don Pablo se reconocia ser «anti peronista».

Ramírez quitaba mérito, «equipazo» que tenía seis jugadores en la selección: Antonio Rodríguez, el «Colorado» Alberto Rastelli, Mario Boyé, Norberto «Tucho» Méndez, Rubén Bravo y Ezra Sued.

En El Gráfico, años 70, la Editorial tuvo un archivo paralelo. Tiempos donde Ramírez comenzó su trabajo de «arqueólogo» recuperando, jornada por jornada, fecha a fecha con comentarios periodísticos, suyos, la llamada «Biblia» de Pablo Ramírez.

Con fotos de equipos de Primera División y Primera B. Todos los nombres, los apellidos. La mirada completa. Datos, número, goles, protagonistas. Acontecimientos. Todo. Duro crítico de ciertas dirigencias y casos de corrupción en el fútbol.

La Editorial Perfil en sus comienzos, ya orientada por Jorge Fontevecchia, con apenas 23 años de edad, difundió en fascículos la obra inconmensurable del fútbol argentino. Entrega semanal, años 76, 77, 78.

La historia la recuperó más adelante el diario «La Nación». Ramírez llevó a Adolfo Pedernera virtual «editorialista» en los renovados fascículos. Antes y después publicado a todo color y papel laminado.

Pablo orgulloso de su obra, decía: «Todos recurren a la Historia del Profesionalismo» aunque no todos le dan crédito al trabajo de muchos años»». Hombre de pocas palabras, sentido ético a veces fronterizo con el costumbrismo de lo cotidiano.

No le importaba ser algo así como «un franco-tirador» casi invisible. A menudo tildado de «ácido» por muchos de los colegas de las generaciones suyas. Famoso por sus críticas «a un periodismo cercano al poder de turno».

Los que no lo quería demasiado, remitían a la figura «del lobo estepario» del célebre escritor alemán Hermann Hesse. Aunque los suizos decían que el pensador de los «sueños pacíficos y místicos» había nacido del lado de ellos, cerca de los Alpes.

Horacio Del Prado, destacado colega, mas de medio siglo de experiencia periodística con ciclos en El Gráfico, los 70, «Goles Match» los 80, Tiempo Argentino, El Cronista Comercial, los 90, Radio Nacional no hace mucho, lo frecuentó. «Una triste noticia», dijo consultado por el cronista. «Estuve con él varias veces en los últimas años. Vino de visita a mí casa en Belgrano, donde vos has estado. Le hice dos notas grabadas», comentó Horacio en el intercambio del chateo.

«Pablo. Muchos lo consideran un «enemigo» en el periodismo deportivo. ¿Es así ? indagué. La respuesta de Ramírez: «Mire, es peor. Me tienen como si fuera un perro rabioso. Como si tuviera rabia», contestó

Todos lo consultaban y no todos lo reconocían

Del Prado continuó: «Se supone que su visión, cerca a Dante Panzeri, donde la ética y la moral están por encima de la vida cotidiana y lo condicionan, Pablo …» infiere la consulta.

«Panzeri decía que no le importaba ser intolerable para mucha gente del gremio periodístico. No me interesa que no me saluden colegas que conceden lo sagrado del periodismo, la justicia, las verdades, a los poderes de turno», sostuvo.

«En mí caso -concluyó Ramírez- no todos los famosos tienen prestigio. Hubo ídolos en el fútbol que como personas fueron pésimos ejemplos», cerró.

Se fue entonces un periodista ético. Con matrimonio de 65 años e hijos profesionales. Vivía como pensaba.




3 thoughts on “«El arqueólogo»: Murió Pablo Ramírez el autor de Historia del Profesionalismo. 1931-1978

  1. AvatarCarpeDiem55

    Lo que nos acercamos a la historia del fútbol en los ’70 recordamos su obra publicada en fascículos, la primera de tal carácter. Tuvo el valor del esfuerzo pionero, aunque notables imprecisiones, fruto de la lamentable costumbre de mezclar opiniones con realidades (como la de no contabilizar cambios en los últimos minutos porque no le parecía correcto) le quitaron rigor a su hora. Hoy ha quedado totalmente superada por trabajos mucho más rigurosos y completos.
    Fue un Panzeri de segunda selección, solo a la altura de su númen en su antiperonismo.

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  2. Avatarbenso

    Me gustaba mucho su obra,ahora que leo «antiperonista»,me imagino que seria un tipo amargado….

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  3. AvatarGustavo Marcelo Farías

    También lo frecuenté y pude conocer su casa, un archivo gigantesco. Sin dudas que su gran mérito fue sumergirse en un espacio y en una tarea que en Argentina no cotiza nunca y mucho menos en esos años: el de la memoria. Fue un referente para varios de los que heredamos su pasión por bucear en la historia y del deporte en particular. De todos modos, coincido mucho con CarpeDiem55: tenía criterios poco felices a la hora de investigar y no toleraba la mínima observación de los numerosos errores que solía cometer (aunque fueron más sus aciertos, claro está). Marcarle un error era peor que insultarle la madre. Y aunque reconociera su equivocación, se enfurecía de tal manera con su interlocutor que lo hacía pensar dos veces en volver a hacerle notar un dato erróneo. Tropecé dos o tres veces en situaciones de este tipo, hasta que comprendí que era contraproducente y riesgoso corregirlo.
    Conocía la historia como pocos y tenía a su favor el hecho de haber vivido muchos años, pero a la vez era un descalificador serial de cualquier trabajo ajeno que se metiera en «su campo». A ello le sumaba una crítica despiadada a todo aquello que no le agradaba. Muchas veces tenía razón, otras no tanto y parecía que le buscaba el pelo al huevo para hacer lo que más le agradaba: criticar y acusar. Obviamente que este combo de características no le podía entregar muchos amigos, pero sin dudas hizo historia y no pasó inadvertido. Descansa en paz.

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