Diario de un Marplatense en Rusia – Día 1

162

Juan Lamacchia es un estudiante de 3er año de DeporTEA Mar del Plata que vijó a Rusia por el mundial y escribirá a traves de Marpla sus experiencias en la Copa del Mundo.

Entre Mar del Plata y Moscú hay alrededor de 14.000 kilómetros, un océano, dos continentes y algún que otro inconveniente. Lo único que siempre estuvo en el pensamiento colectivo de quienes viajaron al Mundial de Rusia 2018 es que la selección argentina tiene a un jugador único en su especie: Lionel Messi. Por lo tanto, única esperanza o motivo de fe.

Entre todas las opciones para viajar, la elegida fue vía Qatar Airways por una cuestión de precio y tiempo. Con salida nocturna, en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini ya se sentía el clima mundialista. Remeras, banderas, gorritos y grandes grupos de amigos y familias despidiendo el país con fotos al mejor estilo equipo de fútbol. La verdad, no esperaba otra cosa.

El vuelo con destino a Doha tiene una parada en San Pablo, donde se completan los asientos que, desde Argentina, iban vacíos. En ese ambiente era todo muy amigable, los grupos de hinchas se agrupaban al fondo, compartían experiencias, consejos, canciones, formaciones y destinos dentro del país organizador del mundial. Hasta que la voz del piloto pidió que todos vuelvan a sus asientos y se ajusten sus cinturones porque estábamos aterrizando en suelo brasilero.

Todos sabemos que en Sudamérica hay dos países que comparten la pasión por el fútbol de manera exagerada, son grandes equipos, y obviamente, rivales (no enemigos).. Argentina y Brasil. Entre el personal de limpieza y los pasajeros que caminaban para estirar sus músculos, los asientos del avión se llenaron de un público eufórico, con banderas, remeras verdeamarelas, y algunas canciones. Fue en ese instante donde el clima cambió, y todos los que habían subido al avión en Ezeiza, optaron por dormir.

Hasta la capital de Qatar el vuelo tarda unas 17 horas, entre siestas, comidas y películas es aceptable, pero la ansiedad por llegar al mundial, permite lo contrario. Las primeras conversaciones con nuestros pares fueron risas y chicanas sobre el futuro campeón del certamen, y la conclusión fue la misma para todos: Brasil felicitaciones por el campeonato.

 

La llegada al país árabe mezcló a los hinchas para reencontrarse unas siete horas más tarde en la puerta B6, donde la sorpresa estaba presente. Los nigerianos vestidos igual que sus jugadores, españoles representados por el Real Madrid, un uruguayo camuflado entre nosotros, un australiano que hablaba como si hubiese vivido en La Matanza diez años, egipcios con banderas, más argentinos y más brasileros copaban el vuelo con el último destino: Moscú.

 

 

Las últimas cinco horas no mostraron ninguna amistad. Nadie se guardó ni lo más insignificante que podía representar a su país, y todos se animaron a cantar. Así nos recibió Rusia, sin mucha idea futbolera pero con todas las facilidades para sus visitantes. Entre el diluvio y el frío, empezó mi mundial.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com