Desmitificando mitos: Trastorno por atracón

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Para cualquier enfermedad o problema de salud que sufra una persona siempre es importante el correcto diagnóstico y en consecuencia un correcto tratamiento.

En el artículo “Trastorno por atracón: el más frecuente, erróneamente diagnosticado y tratado” escrito por María Valls, psicóloga de Adolescentes y Adultos especializada en Psicoterapia de la Obesidad y Cirugía Bariátrica en el centro ‘Clínica de Familia’, se realizó un interesante análisis de los errores al diagnosticar este tipo de problemas y la facilidad a la hora de confundirlo con enfermedades como la bulimia nerviosa o la obesidad.

“La característica del trastorno por atracón es que las personas que lo sufren experimentan una compulsión a comer que no pueden resistir. Perciben y sienten una pérdida de control ante la comida, un impulso que se vuelve irrefrenable” arrancó contando en sus primeros párrafos.

Luego pasó a diferenciar los posibles diagnósticos que se le pueden adjudicar a un paciente, ellos son: “La bulimia: En la bulimia nerviosa hay restricción alimentaria, disconformidad severísima con el cuerpo y una consecuencia de dicha restricción que finaliza en los atracones. Otra característica es que luego de la ingesta masiva del atracón, quien lo sufre, pone en acción conductas compensatorias para intentar calibrar lo ingerido con métodos que disminuyan la ingesta calórica o sus consecuencias. En cambio, en el trastorno por atracón no hay restricción alimentaria. Comen normalmente e incluso a veces tienen un hábito alimentario más reforzado o calórico que la media, sin tener obesidad por ello. La obesidad deviene en ellos con los atracones imparables (…)” y agregó otro falso diagnóstico, la obesidad: “Si bien pueden padecer obesidad, no tienen ni la misma conducta alimentaria y los atracones de uno y otro son distintos. El atracón del obeso es de cantidad de ingesta, no tienen esa sensación de descontrol de no poder parar por más que desesperadamente intenten. Mas bien, el obeso come grandes cantidades como hábito y como parte de una costumbre familiar y placentera. El obeso come frente a todos, no siente vergüenza, no se esconden. Muchos muestran su disfrute incluso en esa forma intensa de comer. No sienten remordimientos, al menos no intensos y son pasajeros. No hay pérdida de control sino de hacer lo que quieren hacer, comer mucho y variadas cosas de manera consecutiva y placentera.”

En resumidas cuentas, como se explicó al principio de esta nota, el problema de todo esto es el diagnóstico erróneo lo cual deriva en un tratamiento equivocado que no solo no ayudaría al paciente, sino que puede perjudicarlo. Es por eso que la Licenciada Valls explicó: “Se trata de un error frecuente que, no solo no consigue modificar las pautas alimentarias, sino que hace que los pacientes carguen con la indicación de ser ineficaces para seguir las instrucciones de las dietas. Esto les generan mayor sufrimiento (…) Por eso, estos programas deben tener diferentes especialidades psicoterapéuticas, nutricionales y médicas junto a diversas formas de implementar las prácticas. Deben ser especializados y combinados. De otro modo, quien lo sufre solo entra en otro círculo vicioso que se suma al que ya tiene con su propio padecimiento.”

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