Desde la belle epoque, tapando el mar y ocupando playas

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Flota en el espíritu marplatense una misteriosa añoranza por la “Biarritz Argentina”. Misteriosa porque no quedan sobrevivientes que puedan mantener viva la nostalgia por la belle epoque . Y aquellos que dejaron descendencia en Mar del Plata no disfrutaban ese microcosmos europeo, sino que en su mayoría estaban pescando, cultivando, construyendo o comerciando 

Sospecho que esa nostalgia está asociada a la idiosincrasia local, cuyo análisis delego en quienes saben, pero no dudo que las antiguas fotos de Mar del Plata –magníficas, glamorosas- son un interesante disparador para observarnos.

“! Cómo me hubiera gustado vivir en esa época!”. Miles de veces escuché tal expresión ante esas fotos que muestran damas con elegantes vestidos y hombres trajeados en las arenas de la Bristol. Pocos piensan en los 30 grados que hornearían tanta elegancia, porque las fotos –sin perjuicio de su valor documental- son una tajada de la realidad. Muestran lo que el autor desea mostrar y el espectador ve lo que desea o puede ver. Me incluyo, obviamente, en el último concepto y comparto mi subjetiva mirada.

En ella se suceden fotos de tres ramblas de madera sobre la playa Bristol desde fines del siglo XIX hasta la primera década del siglo XX. No tarda en aparecer una caravana de casillas de baño para instalarse en la orilla. Y pronto irrumpen para no irse nunca de nuestras arenas los grandes toldos que en su origen protegía del sol estival a los ataviados turistas. No se trata, por supuesto, de inventos locales sino de costumbres que llegan desde Europa.

Falta mucho para que los beneficiarios de esos servicios deban “disputar” esos espacios con un sector menos acomodado que todavía ni asoma a las playas. Sí lo hacen con los pescadores que históricamente operaban en la Bristol y de hecho los desplazan.

En 1913 irrumpe en la maravillosa bahía de Playa Bristol la no menos maravillosa rambla que trasciende con el justo apodo de “francesa”, ícono fotográfico de aquella Mar del Plata de ensueños. A lo mucho que se ha dicho sobre ella, me atrevo a observar que fue la primera gran barrera arquitectónica de nuestras playas. Con su hermosura subyugante (columnatas, cúpulas, cerámicas), tapaba el mar a lo largo de 400 metros, desde San Martín hacia el sur. Iba a ser más extensa pero jamás la terminaron, de modo que sus extremos remataban en grises y abruptos paredones que fueron aprovechados con fines publicitarios.

Una profusión de antiguas fotos nos permite pasear aún por ella y mirar la costa desde sus señoriales terrazas. Pero antes de ver una franja de mar, observaremos que en la playa había piletas de natación privadas, carpas por doquier y hasta bares montados en toldos.
A fines de la década del ’30 los fotógrafos registran su demolición. Y, ligeramente al oeste, el surgimiento del complejo Bustillo, que con su abrumadora monumentalidad arrasa un bello paseo diseñado por Carlos Thais. Desde entonces los marplatenses extinguimos el debate en una cuestión de preferencias entre una y otra barrera arquitectónica. 

En honor a la brevedad, detenemos nuestra mirada en la Bristol. Pero abundan, de norte a sur, elocuentes imágenes que reseñan nuestra larga historia (¿alguna vez cambiará?) ocupando playas y levantando barreras entre el hombre y el mar. Todas ellas son representativas de momentos históricos y sociales de una Argentina que siempre atravesó y modificó la realidad marplatense, muchas veces tomándola como escenario y vidriera. Sospecho que esa sucesión de hechos contribuyó a forjar la idiosincrasia local, cuyo análisis delego en quienes saben. Pero no dudo que todo ello opera en lo que queremos y podemos ver a través de nuestras antiguas fotos.

Estas notas fueron extraídas del Facebook de Gustavo Visciarelli




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