Bioy: carta desde Mar del Plata a una amante en problemas

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«En la fría y solitaria Mar del Plata de esta época del año, trabajo, y, mientras tanto, estás, o creo que estás feliz…”, le escribía Adolfo Bioy Casares a Elena Garro el 21 de abril de 1969.

El romance con la escritora mexicana computaba veinte años de clandestinidad y apenas tres encuentros. Se habían conocido en París en 1949, se reencontraron en la misma ciudad en 1951 y volvieron a verse en Nueva York en 1956. Ella estuvo casada con Octavio Paz hasta 1959.

Poco antes de morir en 1998, Garro vendió su biblioteca a la Universidad de Princeton. Con ella iba la apasionada correspondencia de Bioy: dos postales, 13 telegramas y 91 cartas.

Elena no era feliz como presumía su amante. Tras la masacre de Tlatelolco en 1968 quedó enfrentada con la intelectualidad mexicana y, bajo sospecha de haber sido informante del gobierno, tuvo que irse a Europa con su hija. Recurrió entonces a su amado Adolfo para que se hiciera cargo de sus no menos amados gatos de angora, que eran ocho. Los mandó por avión. Silvina Ocampo puso el grito en el cielo, según cuenta René Arias en «Los Bioy». “En los diarios de por acá hay muy pocas noticias de México», escribía Bioy en aquella carta del ’69.

«Las que puedo darte de mí son demasiado triviales. La vidita de siempre… Menos mal que este año trabajé. Escribí una novela, El compromiso de vivir, que estoy corrigiendo; una Memoria sobre la pampa y los gauchos; un cuento, “El jardín de los sueños”, y ahora un segundo cuento [ilegible]: uno y otro, Dios mío, tratan de fugas. ¿Recuerdas que en el Théatre des Champs Elysées, en el 49, la primera noche que salimos, me dijiste que sentías gran respeto por los que huían? Me gustaría compartir hoy esa convicción. En todo caso no me parece improbable que dentro de poco me convierta en fugitivo”. Si la última frase encerraba una velada promesa, quedó incumplida. El escritor nunca se alejó de Silvina.

Las dos novelas que menciona en su carta figurarían en su obra como ensayos. En cuanto a la “vidita de siempre”… ese año publicó nada menos que “Diario de la Guerra del Cerdo”, una novela que –según dijo- escribió cuando “empecé a sentirme viejo”. Orillaba entonces los 55 años y sus deseos de encontrarse con Elena asoman, briosos, en la carta: «En junio o julio o agosto acaso me vaya a Europa. Cómo cambiaría ese desganado viaje si en París, en Roma, en Londres… dónde tú quieras, nos encontráramos. Anímese. Un besito de Bioy”.

Los felinos vivieron un tiempo en el departamento de Bioy y Ocampo. Después en un oneroso refugio gatuno que Silvina se negó a seguir costeando. Cuando Bioy le comunicó a Elena que los había mandado al campo, «donde estarían bien», el amor de la escritora mexicana se trizó en furia y dolor. Por eso, la carta escrita en Mar del Plata fue clasificada en Princeton con el número 91. Es la última que Adolfo le envió a Elena.

Nota extraída del facebook de Gustavo Visciarelli




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