Barrios de Mar del Plata: Los Pinares

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Los Pinares, de los pocos barrios con identidad propia. Tal vez sea un punto olvidado en el mapa. Sus rincones recuerdan lo que fue.

Como cada mañana desde hace tres años, Carla hace un esfuerzo descomunal para subir la persiana de la panadería que da a la calle Millán.
–Está algo dura por el uso–, dice mientras analiza si vale la pena, como tantas otras veces, dejarla a la mitad hasta que llegue el dueño al mediodía. Lo que sí cumple a rajatabla es controlar que en el taparrollo no haya ningún murciélago.

Son las 6 de la mañana del lunes, otra semana que comienza para Carla. Ayer (unos años atrás en verdad) en el patio de su casa, hoy trabajando a unas cuadras. Pero siempre en el mismo barrio, y confiesa que cuando era chica jugaba cerca de esta esquina, que a veces hacía de potrero para todos sus hermanos. Otras solo era correr y muchas sentarse en el suelo a jugar entre los cardos.

Carla tiene 37 años y trabaja en la confitería El Cañón desde que una de sus sedes se trasladó al barrio Los Pinares, sobre la avenida Constitución, a metros de donde vivió toda su vida y al lugar que de niña le servía como plaza. Cuenta lo mucho que ha crecido esta zona durante los últimos cinco años, en comercios y en cantidad de personas, lo que se percibe fácilmente, por ejemplo, arriba del colectivo 551.

El Norte de Mar del Plata posee una particularidad. Tal vez el Puerto, por su origen y por ser piedra fundamental para el desarrollo de Mar del Plata a fines del siglo XIX, genera la misma idiosincrasia y un sentido de pertenencia que parece ubicarlo por fuera de la ciudad. Porque la periferia, muchas veces conocida solo por quienes viven ahí, mantiene un aire a pueblo.

“Si miramos el mapa, yo soy de Aeroparque, pero estoy a cuadras de la Fomento y me gusta sentirme parte. Si me preguntan, mi barrio es Los Pinares”, dice Federico Trifilo, integrante de la Sociedad de Fomento de Los Pinares.

Esa es otra característica propia, ya no solo de Zona Norte, claro. La delimitación de los barrios se torna confusa en el mapa de la ciudad, y muchos y muchas como Federico geográficamente ocupan un sitio, pero en el discurso dicen ser de un lado distinto.
Es un hecho que en sus principios estos terrenos se ocuparon por viviendas o quintas enormes que pertenecían a familias adineradas. Y como el lugar era prácticamente campo, se trazaron planos si tener en cuenta la futura disposición de las calles. Eso explica porque hoy cada 200 o 300 metros hay una calle cortada.

Paso a paso, si uno recorre tanto Los Pinares, Aeroparque, Barrio Constitución, Caisamar (denominado así en referencia a la empresa constructora de lotes y viviendas), Barrio Estrada se topa con edificaciones antiguas que desvían el trayecto hacia otra calle, e incluso pequeños pasajes que después retoman el camino.

Sin ir más lejos, sobre las calles Cataluña y J.V. González, entre los pisos de una casa común y corriente se alza una vasta torre de apariencia medieval, producto de las viejas construcciones que han quedado como recuerdo y atracción en medio de los altillos de los vecinos.

El recorrido a lo largo de la avenida Constitución ha mutado durante los últimos cinco años. Los pocos espacios verdes, por lo general baldíos de altos pastizales, han sido reemplazados por locales comerciales, muchos de los cuales se instalaron en el año 2015 y demoraron en abrirse al público.

Desde su intersección con la calle Ortega y Gasset en adelante, hoy Constitución conforma un paseo comercial igual o más fuerte que el del centro, con numerosos establecimientos gastronómicos, de los cuales resaltan, por su estructura (enchapado al exterior con patios amplios) y su cantidad y variedad, las cervecerías de tipo artesanal.

Durante el último verano los hechos delictivos se volvieron reiterados dentro de Los Pinares. El caso de Pepe es uno más de los quince robos que se dieron en el mes de febrero. Sobre todo en los límites del barrio, sobre la avenida Champagnat, cerca de un mural que reza Villa Strobel, donde las casas de chapa y material permanecen recluidas entre hechos de violencia, ajustes de cuentas por venta de estupefacientes y disputas territoriales.

A esto se suma el poco alumbrado. Por la noche en un túnel oscuro, con pavimento y veredas rotas en bajada que obliga a automóviles y peatones a resguardarse dentro en días de tormenta. A veces hasta se tienen que movilizar a zonas más altas, que no se inunden.

“Ya era una costumbre. En cuanto caían un par de gotas pensaba que por favor no sea un diluvio, porque por ahí la safamos. Pero es un riesgo. Más por el estado de las calles que por otra cosa”. La que habla es Miriam que, con largo esfuerzo dice que consiguió terminar hace unos meses su casa de la calle Strobel. Ahora está más cómoda ante las inclemencias naturales, pero no tanto por los conflictos propios del lugar.

El tiempo pasa, las cosas cambian en la Zona Norte de Mar del plata. Calles, gente, edificios, vistas, modos de vida y aun así en el aire se percibe un aroma pueblerino, mientras que lo lejos se ve bajar las persianas de los comercios, antes baldíos que hacían de plazas. Los últimos se saludan y entornan la mirada cuidándose uno a otro, hasta volver a la mañana del día siguiente.

Por Santiago Baudeyens

3° Año Periodismo Gráfico

DeporTEA Mar del Plata




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