Amar(se) y querer(se) en tiempos virtuales: Segunda Parte

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La primera parte de “Amar(se) y querer(se) en tiempos virtuales” ya fue publicada. Ahora, arranquemos con la segunda.

¿Qué nos está pasando que le tememos tanto a la soledad? Depender de otro constantemente, ya sea para una noche o para toda una vida, es la gran problemática que esconde dentro de cada uno esa inseguridad y ese vacío existencial. No hay amor más puro que el quererse a uno mismo, volviendo a lo dicho en la nota anterior sobre que la sociedad predetermina conceptos y acciones, con la soledad pasa lo mismo. Se le teme (incluido yo personalmente hablando, le temo), se la ve como algo raro o triste, cuando realmente no siempre es así.

La ayuda del psicólogo Fabian Melamed siempre es clave para analizar y entender todo tipo de problemáticas que se relacionan con lo psicológico.

“En estos tiempos, se ha logrado, a diferencia de tiempos pretéritos, que todos tengamos derecho al amor para realizarnos personalmente. Con ello, buscar mejorar dentro de un camino compartido que haga que nuestra vida, nuestra experiencia en ella. Además, que nuestros proyectos hacia el futuro se vuelvan un poderoso incentivo vital.
Sin embargo, esta nueva libertad se ha convertido en una compulsión. Nos han engañado diciendo que tenemos un derecho para finalmente convertirlo en una obligación para la realización personal. Ya no es lo bueno de sentir que puedo elegir si quiero y se da la oportunidad de compartir mi vida. Es una obligación básica como principio posmoderno para ser feliz. Una locura, ya que ¿no es de una falacia darle a la amplitud de posibles formas de realización personal a la de estar en pareja, de hallar el amor, sobre todo el amor romántico? amores virtuales
Tan errado está este concepto social, que paradojamente es de hecho la razón más poderosa que hace al fracaso de muchas expectativas con respecto a lo que la pareja puede dar y que dan por tierra con ella luego de descubrir que nada de lo esperado en este sentido se ha logrado.
Tenemos, por un lado, la soledad, una experiencia maravillosa que ahora se la denosta, más un vacío existencial creciente. Experiencias de soledades urbanas, unidas a una casi vergüenza situación basada en la situación de soledad o de pareja, pero sin amor romántico. ¿Se acuerda la obra no seré feliz, pero tengo marido? Eso es, a eso me estoy refiriendo.” destacó Melamed.

Finalmente se encargó de diferenciar en términos concretos, los amores virtuales de los amores reales: “Encuentros fáciles, superficiales, lejanos, tecleados y puramente fantaseados, están reemplazando a encuentros reales. En los reales, hay lo que es humano: timidez, pudor, temor. Hay miradas, tonos, silencios, incomodidades, movimiento de cuerpo ante ciertas preguntas. Risa y silencio. Hay menos creatividad tal vez, hay más una verdadera relación que se va adentrando de a poco en la intimidad del otro y que permite un encuentro progresivamente real. Un encuentro que genera una charla, que activa otra, que da ganas de comunicarse más a menudo con las apps, pero sabiendo quien es el otro. (…) Internet, apps, lo que usted quiera, pero si quiere ir hacia un amor que le haga bien, le recomiendo dos cosas: primero, no se obligue al amor, no busque desesperado. Un amor se encuentra, no se busca.”

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