Todos Mienten – Por: Jota Ce Musmeci

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Creo necesario aclarar que no me interesa ni me atrae particularmente la música del Indio. Musicalmente no encuentro en sus composiciones nada de lo que me atrae musicalmente, sus letras no me cambian la vida. Respeto muchísimo a quienes si se enamoran y maravillan con su música, sus letras, sus posturas, sus declaraciones. Entre esas personas está mi hija. Y por miedo a dejarla sola en un trance así, y para generar actividades compartidas que se conviertan con el tiempo en recuerdos imborrables, la acompañé anoche a Olavarría (y a Tandil en el 2016).

Todos, TODOS, mentimos. Yo, ustedes, la Producción, el Intendente, los medios, los comerciantes, el público, el Indio. TODOS MIENTEN.

El Intendente de Olavarría no es amigo del Indio. Agarró viaje porque vio un buen negocio para las arcas de la gente y del propio municipio. Ahora, sentirse desbordado e “ignorar” que el número desde siempre fue, en el “imaginario previo”, 300.000, es de mentiroso e incapaz.

Que el personal “altamente capacitado” de Defensa Civil, seguridad, Swat y los Power Rangers sea INCAPAZ de sacar dos personas de una aglomeración a dos metros de donde están, y un fulano con más miedo que Vidal en las paritarias agarre con desesperación el micrófono para pedir que se corran dos metros, es una postal del lado más oscuro de la Argentinidad.

La Producción miente cuando dice tener “todo organizado” y hace salir 300.000 personas A OSCURAS por unas callecitas sin salida, sin carteles sin nadie que te diga por donde salir. La puerta 12 es un chiste de gallegos en comparación. Salimos, de puro pedo, por un costado, a un campo a oscuras, como mejicanos cruzando el Rio grande, escuchando a lo lejos los gritos y los lamentos de la gente.

El público miente, auto convenciéndose de que lo que pasa abajo es más importante de lo que pasa arriba. Creando un mito con códigos de dudoso origen (no sé dónde se generó el código de que para ver al Indio hay que ir, inexorablemente, mamado). Yendo a dedo sin un mango, sin entradas, entrando últimos y llegando “hasta adelante” con el gentil sistema de empujar, pechar, pelear al que tengan entre su objetivo y ellos. Deambulando por la ciudad, sin plata, sin nada.

Hoy las imágenes parecían un capítulo de Walking Dead. Y nos horrorizamos cuando lo vemos, e ignoramos que desde hace muchísimos años estos pibes andan así por la vida. Sin laburo, sin estudios, sin esperanzas, dependiendo siempre que de algún lado (“Dios es Argentino”) le llegue algún salvavidas. Salvavidas para salvar el pedacito chiquito de vida que tienen. El Indio, Peñarol, Quilmes, Deportivo Laferrere, lo que quieras. Y poco más. Y se suben a un camión como si fueran corderos, para que los saquen a la ruta (y de la vista) y “arreglate”. Y van, y se arreglan.

Todos se horrorizan de verlos deambular como zombies, y para mí la pregunta es otra. ¿Cómo puede ser que alguien pueda estar 3, 4 o 5 días viajando a dedo, o deambulando por una ciudad? ¿No tienen obligaciones y responsabilidades (del tipo que sea) que los retengan en sus lugares de residencia? Temo la respuesta, y más me temo que esa respuesta sea posible.

Mienten los comerciantes olavarrienses que se rasgan las vestiduras por los saqueos y vendían a $ 50 lo que valía $ 10 y abrieron las cajas registradora más veces en estos días que en los últimos 5 años.

Los medios mienten, tergiversan, cuentan lo que les parece y como les parece. Por los mismos intereses mezquinos que los mantienen vivos A TODOS: pegarle al Indio por K, pegarle al Intendente por Pro, vender un apocalipsis, esperar ese apocalipsis para con, el diario del lunes, utilizar un hecho como masilla moldeable y convertirla en esa confusa entelequia al que llaman “noticia”. Y llevar para el granero conveniente.

El Indio también miente. Ya no le puedo creer cuando canta “el lujo es vulgaridad” sentado en una pila de guita, pila que no le robó a nadie y se ganó mango sobre mango, ninguna queja al respecto. Y tampoco puede alegar ignorancia.

En este juego macabro del gran bonete, todavía nos seguimos preguntando “pues entonces quien lo tiene”.

Antes de salir para Olavarría, me saqué las 3 cadenitas que tengo (una regalo de Lili, otra de mi viejo, y una tercera comprada a un Senegalés en la playa, nada memorable) y le dije a un amigo “no sabes las ganas que tengo de que sea domingo y estar de vuelta”. Yo también miento.

Mi conclusión es siempre pesimista, y vuelvo a ella como se vuelve siempre al primer amor.

Somos una sociedad quebrada, devastada, sin rumbo, con muy pocas (en mi caso) esperanzas. No es la política (o al menos no la partidaria), somos nosotros. Que, sea el grado de instrucción que tengamos, en algún lugar sabemos lo que se puede y no se puede hacer, lo que es licito o no, y aun así seguimos cegándonos en el otro como si el otro fuera el enemigo, y negando y desconociendo el significado y los alcances de eso que llamamos “bien común”.

Buenas tardes y hasta luego. Me voy a estacionar el auto en una ochava, nuevo deporte TOP del tránsito local.

 

No es lo mismo

Leo con atención las opiniones que surgen alrededor de este gran debate nacional (?) que es el recital del Indio.

En particular la opinión de dos tipos que quiero y admiro, como Omar Magrini y Rodrigo Sabio. De distinta manera, en sus posts deslizaban la idea que “solo eran letras de canciones” haciendo analogías a Shakespeare y su obra (en el caso de Omar) y Charly y otros autores en el caso de Rodrigo.

Queridos amigos, permítanme no estar de acuerdo con esa postura. Sin que eso haga mella en mi afecto y admiración, y sin que ello signifique condena ni defensa para los responsables de la situación.

 

Voy a fundamentar mi desacuerdo:

Una ficción literaria (novela, letra de canción, etc.) puede tener dos aproximaciones:

Una es narrar una historia donde un personaje que no soy yo dice cosas que yo no diría y donde tiene que producirse necesariamente lo que Umberto Eco llama “suspensión de la incredulidad”. Me tengo que creer lo que estoy leyendo. A manera de ejemplo, si estoy leyendo Súperman tengo que creer que el hombre vuela, ya que todo ese mundo posible (ficcional) gira alrededor de esa premisa. Si no suspendo la incredulidad, esa ficción no funciona.

Llevado al mundo musical (y a guisa de ejemplo) Ricky Martin puede cantar una canción de amor heterosexual. Yo sé que Ricky Martin es homosexual, pero le estoy creyendo al personaje que está encarnando Ricky Martin en esa ficción, no a Ricky Martin.

Hay Bibliografía profusa (canciones sobre asesinos seriales, suicidas, etc.).

En tal sentido, Barreda podría escribir una excelente novela sobre el amor filial, Bukowski podría inventar un personaje abstemio, El Mauri podría inventar una ficción sobre un Estadista maravilloso, excelente orador. ES SU OBRA, NO LO QUE ELLOS SON.

Otro si digo, también existen letras, de alguna manera, “autorreferenciales”, donde yo, autor, en primera persona, digo cosas que pienso y creo, y de alguna manera, estoy exponiendo lo que creo, pienso y siento sobre determinada circunstancia. Y que me “definen” como persona.

Creo que gran parte de las letras del “Indio Soldatti” (chiste interno del bondi) militan en esta categoría.

Es ahí donde sostengo que ya no es posible cantar “el lujo es vulgaridad” o “violencia es mentir” con la misma convicción y autoridad que hace unos años. No es lo mismo una letra en tercera persona, que una en primera. Generalmente estas últimas contienen las frases que van a parar a una remera. Si cabria una “nota al pie” donde el autor dijese “muchachos, esto lo escribí hace 40 años, ni ustedes ni yo somos los mismos, no me tomen al pie de la letra”. Y está bárbaro.

De todas maneras, sostengo un punto. El problema es nuestro. Si idealizamos a nuestros “referentes” (políticos, culturales, sociales) corremos el (creo) inexorable riesgo de mitificar primero, y desilusionarnos después.

Son personas. Y, como todas las personas, cambian con los años (afortunadamente). Si nos quedamos con el Pergolini de la TV ataca, nos damos de jeta con su actualidad de Empresario Burgués. Y así con todos. Si conociéramos íntimamente la vida de nuestros ídolos (palabra que detesto) o referentes, dejaríamos de escucharlos, leerlos o seguirlos.

Muchachos, el bien, el mal y LA SALVACION la tenemos nosotros, adentro nuestro. El de afuera ilumina, ayuda, inspira, pero es el otro. No perdamos el espíritu crítico, jamás. La terminamos pasando mal. A los que llegaron hasta acá, gracias.

A los que se fueron durmiendo por el camino, despiértense que se va el micro




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