Temer: Una reunión fuera de agenda y un grabador

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El mandatario brasileño fue grabado por un empresario al que le solicita dinero para callar a un testigo clave.

Sobre las 22:30 horas del 7 de marzo, el empresario Joesley Batista, uno de los dueños del mayor frigorífico de Brasil, llegó al Palacio de Jaburu. El presidente brasileño, Michel Temer, estaba esperándolo.

Batista llegó a la residencia oficial del mandatario con máxima discreción para una reunión que estaba fuera de agenda. Y escondía en su bolso un arma poderosa: un grabador.

Temer había llegado un poco antes al lugar, luego de cumplir con el último compromiso del día: una rápida visita por la conmemoración de los 50 años de carrera del periodista Ricardo Noblat.

El mandatario y el empresario conversaron durante unos 40 minutos. Podrían haber discutido, por ejemplo, la caída del 3,6% del PIB, un dato que había sido divulgado justamente ese mismo día. Pero eran otros los asuntos a tratar.

Todo el diálogo fue grabado por Batista. Y tiene partes explosivas. Una de ellas, es que el dueño de JBS contó Temer que estaba pagando una coima a Eduardo Cunha y a Lúcio Funaro para que ambos, que están en prisión y están enterados de decenas de casos escabrosos, no abrieran la boca. Temer se mostró satisfecho con lo que escuchó. En un momento bajó un poco la voz, pero dio su aval.

“Tiene que mantener eso (los pagos), ¿vio?”-, dijo el mandatario brasileño al empresario.

En su testimonio a los fiscales, Batista afirmó que no fue Temer quien determinó el pago de coimas. Pero dijo que el presidente tenía pleno conocimiento de la operación para que Cunha y Funaro no hablaran.

El pedido parece claro. Temer necesitaba que Batista pagara esas coimas a Cunha para preservarse en el poder sin turbulencias. Lo que no previó el presidente es que iba a ser traicionado por el empresario, que contó todo a la Justicia, en el marco de la delación premiada.

El diálogo no termina allí. No. Sigue con la intervención nuevamente de Batista, quien solicita ayuda para resolver algunos problemas de su firma. Ese era el trato oculto: la empresa pagaba semanalmente casi 160 mil dólares y el gobierno le facilitaba situaciones, como evasión de impuestos o complicaciones diarias de cualquier tipo.

“Hable con Rodrigo Rocha Loures”, le dice Temer.

“¿Puedo hablar de todo con él?”, pregunta Batista.

“De todo”, le responde el presidente.

Rocha Loures es un hombre de confianza del presidente. Fue jefe de Relaciones Institucionales de la vicepresidencia. Después del impeachment, se convirtió en asesor especial del nuevo mandatario y en marzo volvió a la Cámara para ocupar la vacante del ministro de Justicia.




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