El Periodista Deportivo – Por Jorge Búsico

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Anoche, entrando en las primeros minutos de éste día, terminé de leer El periodista deportivo, un buen libro de Richard Ford que no refiere al periodismo deportivo ni al periodismo, sino que los ubica a ambos para contar una novela de la vida misma. Pero en sus últimas páginas, Ford retrata, sin mucho rigor, una redacción: la gente yendo de un lado al otro, los gritos, televisores y radios encendidas, el ruido de las teclas de la computadora, las angustias del cierre. Y fue ahí, leyendo esas páginas y sin tener conciencia de qué día era hoy, cuando se me vinieron encima todos los recuerdos de los 38 años que trabajé en redacciones. Hermosos 38 años repletos de aprendizajes, amigos e historias. Para mí la verdadera sangre del periodismo sigue estando ahí. Siempre llevaré en mi corazón el ruido ensordecedor de decenas de máquinas de escribir latiendo todas al mismo tiempo, de los gritos de “¡¡Boletín!! en las agencias de noticias o de !!Material!! en los diarios, de las páginas cerradas con el corazón en la boca, corriendo contra reloj, de las reuniones para armar la pauta, de las cenas interminables, de los viejos maestros que enseñaban el oficio sólo con mirarlos, de buscar los cospeles para salir corriendo a una nota, de los enajenados, del humo de los cigarrillos, de las botella de ginebra en los escritorios, de las enriquecedoras peleas con diagramadores y fotógrafos, de putear al mundo entero cuando se moría alguien sobre el cierre o por un partido de la noche que cambiaba de resultado cuando estaba la página lista para irse.

Desde que me fui de Clarín en el 2006, nunca más pisé la redacción de un medio, salvo la de La Nación, para algún que otro trámite. De vez en cuando extraño ese ritmo, pero no sólo tengo a mano la redacción de TEA y Deportea, sino que disfruto más de los tiempos de ocio que no me permitían -o no supe encontrar- estando en una redacción. Sospecho, quizá sin razón, que mucho de aquello se perdió, porque también veo que muchos de los buenos ya no están y muchos de los malos siguen. Y de los buenos que quedan, no siempre me cuentan buenas noticias.

Tiempos de sueños, de construcción, cuando Deportea era apenas algunos pocos sueños sobre otros.

La primera vez que entré en una redacción, allá por 1978, en la agencia Noticias Argentinas, sentí que ese era mi lugar. Fue amor a primera vista. Me enamoré de ese vértigo, de ese anonimato, de esa pasión y de esa locura. También de esa frialdad y sensatez para resolver contra reloj. Pero hace rato que ese relación se cortó. Ahora es una fantasía romántica.

Y mientras leía las última páginas del libro de Ford, las que dibujan una redacción, pensé que el día que me proponga dejar el periodismo, me gustaría pasar al menos dos semanas en una redacción. Que alguien me deje unos días, al menos, haciendo lo que hace todo periodista en una redacción. Para irme como llegué.

JB

PD: Miles de gracias por todos los saludos que he recibido hasta ahora y por todos los que vendrán.




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