Las escuchas de Cristina y el chismerío barato y deleznable

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(Opinión en torno a las nuevas escuchas de CFK“ difundidas por Infobae el domingo 26 de marzo)

Si aleatoriamente se convocara a una jornada de reflexión sobre el valor de lo público y de lo privado, muchos probablemente desistirían, o al menos ya advertirian la propuesta con cierto desgano. Claro, sería como la invitación a otro aburrido y bastardeado debate sobre políticas económicas. Y no está mal esa libre asociación, si entendemos que hoy, estar ajenos al complejo contexto que atraviesa al país, es casi un logro marciano. Lo que no se admite, sin embargo, es la imposibilidad de otros razonamientos, ya casi olvidados.

En torno a estos conceptos, se propone, en realidad, el espacio para un replanteo más rico y profundo, que escarbe en esos extraños comportamientos sociales que hasta hace no tantos años eran merecedores de la crítica, y que ahora aparecen absolutamente naturalizados por los medios y sus consumidores.

La difusión de las escuchas de Cristina sirven, en este sentido, como claro ejemplo del debate ¿Acaso nadie recuerda en Argentina la idea de “privacidad” o “intimidad”? ¿Acaso nadie cuestiona o, al menos, duda sobre la legitimidad de tales publicaciones? ¿Acaso alguien entiende por qué se publica lo que se publica? Es cruel, pero el accionar mediático parece de simple impacto: la sociedad absorbe, se acostumbra, y olvida.

Se torna verdaderamente preocupante el presunto rigor periodístico que puedan tener las escuchas. Más aún, lo es su sospechosa procedencia de los ámbitos de la Justicia. Y la falta de crítica de la masa social, termina de dar forma a una bola de nieve. En definitiva, cada uno hace su aporte para dejar al desnudo el chismerío barato y deleznable, que cada vez es más adorado y sostenido por la prensa.

Y no hay que confundirse. Porque el hecho que las escuchas sean “legales” y estén “autorizadas” por un juez para una investigación — tal como se han encargado de citar y repetir en cada medio —, no habilita su publicación. Como si lo legal necesariamente se correspondiera con las normas morales. Ahí está otra de las tantas estrategias falaces y cobardes a las que recurre el periodismo moderno. No es más que un mero intento de justificarse a sí mismo, y a su falta de límites y de ética.



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