La Riviera Adriática (Italia) – Por Martín Cassanovas

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Italia es un país de superlativos. Es perder el tiempo enumerarlos a todos porque son obvios, pero creo que no se puede comenzar un relato de un viaje por alguna de sus ciudades o regiones sin dejar claro esto. De donde vengas, te produce  un sacudón en los sentidos que te retrotrae a estados primigenios. Sobre todo a nosotros los argentinos, nos hace sentir que a partir de que ponemos un pie en esa tierra volcánica y ancestral, tendremos el corazón dividido para siempre. Porque se trata de nuestros antepasados que nos miran en silencio, desde esas fotos en sepia, como si quisieran decirnos que siguen viviendo a través nuestro. De nuestra comida que es la suya, simple, exquisita, universal. De las vocales bailando y los cortes abruptos que incorporaron los inmigrantes al idioma de Cervantes, terminando de definir nuestro dialecto. La arquitectura misma de algunos de nuestros barrios más antiguos tiene esa geometría de las vías soleadas de la Toscana, de Umbria, de le Marche; por más que Argentina también es un poco España, y Buenos Aires también, en algún sentido, es París, nuestros barrios recuerdan a los inmigrantes que los construyeron.

 

Riviera Adriática

 

Nuestros apellidos a veces nos dan pistas suficientes; muchas veces referencian a un lugar concreto, un pueblo, una ciudad, un punto en el mapa donde acudimos, antes o después del necesario periplo por las ciudades no negociables, a la búsqueda de personas o recuerdos, nuestros o ajenos, como para entablar una primera o última conexión con ese pasado que sigue dando vuelta dentro nuestro. Forjar un lazo, cumplir un sueño o cerrar una etapa, siempre un cambio, un comienzo. En nuestro caso, tenía algo de todo eso, ya que la familia paterna de mi esposa es de una de las regiones mas encantadoras de la península. Le Marche, o las Marcas, como se traduce, se encuentra mas bien al centro del país, con las manos firmes en los Apeninos mas altos, y los pies blancos hundidos en el Adriático azul.

 

La vista desde nuestra terraza en Altidona

 

Proa hacia Monterubbiano

 

Le Marche no es una zona monótona. Dos tercios montañas y el resto colinas suaves, tiene paisajes alpinos impresionantes, y ciudades góticas que son una verdadera sorpresa, como Ascoli Piceno y Urbino. A cada paso y en cada nombre, el pasado ha dejado una huella, conviviendo la naturaleza y la historia. . En verano, la costa se anima con una sucesión de playas blancas que componen la Riviera Adriática, y desde el santuario de Loreto, donde está la Santa Casa, se puede ver el mar a través de ordenados campos de girasoles, mientras el aire se llena de cánticos gregorianos. En la parte mas alta de cada colina, el campanario de la inevitable iglesia congrega una serie de casas apiñadas, en una forma de urbanización particular que los europeos llaman “hill town”, pueblos en la cima. La Región esta rasgada por una serie de ríos que bajan de los montes Sibillini hacia el mar en forma directa, casi pareciendo que la arañaran: el Aso, el Metauro, el Tronto. Es una zona de tradiciones y de magia, la tierra de la Sibila Apenínica en tiempos de los griegos y romanos, y de brujas y hechiceros en tiempos mas oscuros.

 

Altidona

 

Altidona

 

Nos hospedamos en una casa situada en el pueblo de Altidona, a un tiro de piedra del mar. Altidona, aunque milenaria, es muy pequeña, en realidad sólo tiene una o dos calles, pero no puede ser más pintoresca, con sus murallas, su arcada, su iglesia, fotogénica por donde uno la mire. Nuestro umbral daba a la pequeña piazza y al Teatro del pueblo, junto a la iglesia. Rodeada de murallas de piedra y despeñaderos donde pastan las ovejas, Altidona está sumida en el silencio reverencial que preserva los lugares encantados.

 

Altidona

 

Desde nuestra terraza se tiene una vista de la ciudad de Fermo, con su catedral románica y su hermoso casco antiguo. Fermo domina la colina del Sábulo, donde los romanos fundaron Firmun Picenum, para contemplar la calma del Adriático.

 

Fermo, casco histórico

 

 

Fermo

 

Altidona, el Teatro

 

Habíamos ido a Italia invitados por la familia de mi esposa, para festejar el cumpleaños de su tío abuelo, el último de la generación que había peleado en la segunda guerra mundial y que había reconstruido Europa desde los cimientos. Ellos viven en Marina de Altidona, a unos kilómetros, el equivalente a nuestro pueblo pero en la costa adriática, junto a la playa, una parada mas del tren que  enlaza los pequeños pueblos y ciudades de la deslumbrante Riviera Adriática.

 

Altidona, puerta de los leones

 

Estableciendo base allí en Altidona, recorrimos los pueblos y ciudades aledaños,cada uno antiquisimo, lleno de historias y recuerdos. Tolentino, antigua ciudad de batallas y tratados, con una piazza encantadora, donde un enorme y característico reloj divide el paso del tiempo; Recanati, glamoroso y  elegante, ciudad natal del poeta Giacomo Leopardi, y sede del Centro Mundial de la Poesía; las ciudades costeras como San Benedetto del Tronto, San Elpidio, San Giorgio y la diminuta y encantadora Torre di Palme, con su terraza colgante sobre el Adriático azul, donde se puede tener la cena mas cliché que uno pueda imaginar.

 

Macerata

 

Altidona, desde nuestra terraza

 

Puerto San Giorgio

 

Hacia el norte, las colinas se ondulan para terminar en el contundente macizo del Monte Cónero, cubierto por una melena de bosques, precipitándose al mar en un acantilado blanco que cobija pequeñas calas de marfil, en Sirolo y Numana.

 

Numana, Monte Cónero

 

 

Sirolo, Riviera del Cónero

 

Y hacia el oeste, el paisaje se torna alpino, o mas bien apenínico, donde el Monte Véttore domina las vistas, que durante el invierno se cubre de nieve, moteado de cabañas de piedra y madera, y pequeños pueblos colgados de sus estribaciones . El camino va subiendo, y nos lleva primero a Amándola, donde visitamos una feria de productos regionales, y luego a Montefortino y Montemónaco, recorriendo caracoles vertiginosos que conducen a los pasos montañeses por los que se llega a  Umbría, la provincia limítrofe con Le Marche. Si bien el invierno estaba en retirada, en las fuentes de las plazas el agua permanecía congelada en formas imposibles, y en las pequeñas cafeterías del centro, la gente se apiñaba a consumir amaretto caliente, y a templarse las manos en la pequeña fogata de leña que existe en todas las cocinas de la región.

 

Montefortino

 

Offida

 

Ya volviendo al nivel del mar, lo que lleva a lo sumo una hora, el clima era apacible, aunque fresco. Había un sol respetable para Marzo y ya empezaban a abrirse los bulbos que duermen todo el invierno. La ruta atravesaba parcelas en barbecho y bosquecillos, encadenando pequeños pueblos ajenos a este tiempo: Moresco, Monterubbiano, Offida, Montefiore dell Aso… Cada uno con su paisaje particular, sus casas encimadas, sus piazzas, sus iglesias de mil años, sus presencias y sus ausencias. En cada uno, una pizzería donde hacían la mejor pizza que uno hubiera probado hasta ese momento.

 

Moresco

 

Moresco

 

 

Moresco

 

Y como broche de oro del paseo, la visita a Ascoli Piceno. Áscoli esta situada en el valle del Tronto, rodeada por montañas por todos lados menos por el sur. Es más antigua que Roma, destruida y reconstruida varias veces duante nuestra historia, hoy prevalecen sus edificios góticos y renacentistas. A la manera de las ciudades de banqueros de la Toscana, estaba llena de torres, algunas de las cuales subsisten configurando un paisaje característico. Sus plazas de mármol son consideradas entre las mas hermosas de Italia, sobre todo la adusta Piazza Arringo, y la Piazza del Pópolo, soberbia con su suelo pulido como un espejo, donde te puedes sentar a tomar algo para acompañar las inevitables olivas a l´ascolana, una especie de aceitunas gigantescas rellenas de carne por dentro y bañadas en pan rallado por fuera. Pero no el primer domingo de Agosto, día en el que se recuerda a San Emidio, cuando la plaza sirve de escenario a un desfile de personas vestidas al estilo del medievo, y luego se enciende en un furioso Palio.

 

Ascoli Piceno, Piazza Arringo

 

Ascoli Piceno

 

Ascoli Piceno

 

Ascoli Piceno, Piazza del Pópolo

 

A la vuelta, pasamos por Cupramarittima, por las mismas calles donde el abuelo de mi esposa había jugado con sus hermanos, ochenta años antes, hasta llegar a la casa donde habían vivido en esos años. Frente a ella, una arcada de piedra del color del azufre divide el camino, y en lo mas alto de la arcada, un pequeño friso con un rostro desgastado.   – Ves Gisela? – dice Armando en una mezcla de italiano del norte y español, los ojos entrecerrados, señalando los adornos de la piedra amarillenta con su mano temblorosa – tu abuelo talló su nombre en esa estatua cuando teníamos seis años.- Armando había cumplido el día anterior, los noventa años. Nuestra hija Mia, de dos años y medio, corría en círculos sobre los adoquines desgastados.

En Italia, el tiempo y la eternidad se acomodan a la escala humana.

 

Cupramarittima

 

Cupramarittima

 

Recomendaciones:

  • Le Marche es una zona muy turística en verano, toda la costa está interrumpida por pueblos y ciudades de carácter balneario muy desarrollados, por lo que la infraestructura turística veraniega es muy completa; hoteles, balnearios, restaurantes, bares… Nada le falta para pasar unas vacaciones apacibles o en lo que a nosotros respecta, unos días recorriendo playas espectaculares, cada una con sus propias características; algunas mas llanas, otras tipo calas, sobre todo las que están al pie del Monte Cónero, que también es un parque protegido. En el invierno, no obstante, las ciudades se vacían de gente, adquiriendo un carácter mayormente nostálgico, que le otorga a toda la zona una perspectiva distinta de turismo. Por lo cual la región tiene una marcada estacionalidad en cuanto a turismo se refiere, que va a ser determinante al momento de planificar nuestro viaje.

 

 

  • El tren recorre toda la costa pegado al mar. Si bien es el medio de transporte mas práctico, también es el mas lineal, y no cubre los pequeños pueblos que se encuentranhacia el interior, donde radica a mi criterio, la originalidad  y el mayor encanto de la zona. Por lo que es recomendable animarse y alquilar un auto, con el que se podrá explorar de una manera mas libre. Manejar aquí no es tan complicado como sobre la Costiera Amalfitana u otros lugares costeros de Italia, y recorrer los pequeños pueblos solitarios puede ser muy gratificante.

 

 

  • Por lo que pudimos experimentar, el carácter de los habitantes de Le Marche los aproxima a los italianos del Norte, es decir, más contenidos y menos ampulosos que sus vecinos del sur, circunstancia a tenerse en cuenta al momento de saludar o entablar una conversación. Le Marche recuerda más a Milán, Turín y Bolonia que a Nápoles o Palermo, aunque es un lugar con características propias.


Martín Casanovas

Fotógrafo.
Historias de principios del siglo, documentadas fotográficamente…
@martincasanovas
https://www.facebook.com/martinmcasanovas/


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