El Umbral de la Intimidad – Por Juan Alberto Poteca

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Estas líneas no suponen defensa extrema del jugador Ricardo Centurión, pero si una preguta que nos debemos hacer todos, ¿ hasta dónde puede llegar un periodista, respecto de lo que hacen los protagonistas?. Ulises Barrera nos decía: ” los pasos del periodista, deben detenerse en el umbral que da paso a la intimidad del protagonista”.
Hoy día todos somos públicos, sin dudas, porque celular mediante, todos se creen dueños de tomar para si, los actos ajenos y así volcarlos a la redes, no siempre con buenas intenciones. Hasta los que en su máxima privacidad, en su habitación, casa, auto, lo que fuera, llegan a tomarse sus selfiels de las más insólitas secuencias, incluso provocativas y tantas veces reñidas con las buenas costumbres. Todo con absoluta normalidad. 


Ahora bien, Centurión es un hombre público, si. Debe cuidarse, si. Lo debió hacer por los sucesos que protagonizó de manera continua, si. Lo que no se le puede discutir, su entrega profesional en cancha y en los entrenamientos. Sin dudas que ha habido y los hay, jugadores y deportistas varios, de comportamientos parecidos y hasta quizás más discutibles, pero Centurión, como jugador de Boca, es alimento para las fieras. Por eso, ver algunas discusiones, en los pobres programas y paneles televisivos, mostraron una persecución salvaje, con la inocultable posición de hacer del jugador, una bestia a sacrificar. Confieso que hace tiempo evito mirar esos espacios. Apenas informan e idiotizan a la gente, enfrascados en posiciones interesadas, tal como ocurre en la mayoría de los programas políticos.

La intimidad existe y debe ser respetada. Gobernantes, funcionarios, políticos, jueces, sindicalistas, dirigentes varios, tienen la obligación de mostrarse merecederos de nuestra confianza, en sus desempeños específicos y también en sus conductas. Ellos, como máximos exponentes de todos nosotros, asumen todas las responsabilidades juntas de exhibir su moral. ¿Centurión, también las debe tener?. Sin dudas que todos debemos de guardar buena conducta, ¿ pero así lo hacemos?¿ . Los fiscales y jueces periodísticos que lo condenaron, orinan agua bendita?. Existe una hipocresia tan grande en nuestra sociedad, que queda evidenciada en estas discusiones televisadas. Centurión, pasó a hacer casi un criminal de guerra, condenado como en el Tribunal de Núremberg.
Todos exigimos conducta a los deportistas y eso está bien, pero la saña que hubo sobre el jugador, mostró miserias humanas en cantidad.

Creo que vale la pena preguntarnos, si en todos los casos, el umbral de la intimidad del protagonista, debe ser superado.




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