El recuerdo de Hugo

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Conocí a Hugo ya en el ocaso de su vida. Una vida de película: llena de historias, viajes, recuerdos y un gran amor que lo acompañó en todo momento.

Hugo Rossier era el menor de 4 hermanos (nació en 1942), de una numerosa familia en Paraná, Entre Ríos, llegó a Mar del Plata para cumplir sus sueños a los 18 años. Hugo era simpático, entrador, siempre dispuesto y muy responsable.

Pero el mar no lo detuvo en su deseo de conocer el mundo y decidió emprender viaje para recorrerlo. Pasó 4 años fuera de su país, viajó por Europa y Africa. Trabajó en diferentes lugares para conseguir dinero y así seguir viaje. En su rebusque por el mundo descubrió que trabajando en los barcos podría recorrer diferentes lugares y además ganar dinero.

En su regreso a Mar del Plata en 1969 encontró al amor de su vida, Graciela, una bella jovencita que trabajaba en la recordada cosmética Pozzi de la calle San Martín en el  centro de la ciudad.

Tras un breve romance nació Paulita, siempre transgresor y con sus propias reglas, Hugo desafió a las normas de la época y tuvo a su hija con una mujer soltera.

Pero Hugo tenía un sueño: Quería tener su casa y ser su propio jefe. Pero para ello necesitaba dinero, así que emprendió un nuevo viaje con el objetivo de traer suficientes fondos para arrancar con el emprendimiento.

Dejó a Graciela y a Paulita en Mar del Plata y partió a trabajar en los barcos durante 22 meses donde recorrió el mundo de punta a punta.

Tras miles de kilómetros y millones de historias, Hugo volvió a la ciudad con dinero suficiente para tener su propio hogar y poder comenzar con su empresa.

Desde su llegada y hasta sus últimos días Hugo trabajó y formó una familia en la que se sumó Jackie y posteriormente vendrían los nietos: primero Juani por el lado de Paula y Francisco con Jackie. Siempre con su tabaquito y su vasito de vino, Hugo disfrutó la vida.

En su etapa de padre de familia, Hugo siempre apoyó a sus hijas quienes también participaron de la empresa familiar.

Hugo cumplió sus sueños y vivió a su manera. Siguió viajando por el mundo, pero ahora de vacaciones y acompañado siempre por Graciela, a veces también con la familia completa.

Paradoja del destino este cabeza dura falleció por un golpe al caer de la escalera. Su recuerdo, quedará para la eternidad en quienes lo conocimos, siempre con su tabaquito, su vasito de vino y su sonrisa.

 

 

 

Por Juan Martín Morales




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