El descenso del Dragón – Bahía de Ha Long (Vietnam)

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Por Martín Casanovas

 

Los dragones desde siempre fascinaron a la humanidad, con sus poderes sobrenaturales, su longevidad imposible y su inteligencia proverbial. En muchas culturas podemos encontrar alegorías de estas bestias míticas, que representan entre otras cosas, la armonía entre lo subterráneo y lo aéreo, la inteligencia del cosmos, la energía de la mente.

El nombre de este lugar quiere decir precisamente eso, el descenso del dragón sobre el mar ; porque cuenta la leyenda que, ante el ataque de ciertos invasores del sur de China, el emperador de Jade delegó la tarea de enfrentarlos, a seres de esta clase.

Las consecuencias de esa batalla, que se libró en las mentes de los eruditos de la época, es el paisaje que se abre a partir de que el camino deja la ciudad de Ha Long, y se angosta en un puente carretero que cruza a la isla de Dao Tuan Chau. Su dramatismo es impresionante, desde la mas oscura tormenta al pleno rayo del sol. La Bahía de Ha Long forma parte del Golfo de Tonkin, que se encuentra al sudoeste del Mar de la China Meridional.

Es patrimonio de la Humanidad, catalogada por la Unesco, desde 1994. Tiene mil quinientos kilómetros cuadrados y esta salpimentada de tres mil islas kársticas, cubiertas de selva, algunas de las cuales son simplemente pináculos, mucho mas altos que anchos, que sobresalen del mar decenas de metros, en un equilibrio inquietante. La Bahía se ha convertido a lo largo de los años, en un must-do que forma parte de las cinco o seis cosas que hay que hacer, en un viaje iniciático a Indochina, con muy buenas razones.

Se encuentra próxima a la tranquila capital de Vietnam – Hanoi, por lo cual el acceso es fácil, y es tan atractiva, se haga en dos o tres días, que marca un hito fundamental en cada viaje exploratorio de esa zona, y su paisaje permanece imborrable en la retina. La forma clásica de visitarla, por la que optan la mayoría de los turistas, es contratar uno de los cruceros Bhaya, que la surcan de a docenas durante todo el año.

Estos barcos, hechos de la madera oscura de las selvas del sur de Asia, van a ser reemplazados en los próximos años, así que a apurarse. En general son cruceros que cuentan con una docena de camarotes, un restaurante y una cubierta, pintados de riguroso color blanco, y cuando el tiempo lo permite, que no es siempre, despliegan sobre sí las velas redondas de color terracota que te dicen desde lejos que sí, que llegaste al sur de la China.

El visitante promedio llega a Hanoi, se aloja en un hotel y a la mañana siguiente lo buscan, muy temprano, para llevarlo a embarcar; no es un viaje largo en kilómetros, pero Vietnam es un país muy poblado, y hay que atravesar puentes, arrozales, poblaciones…

En algunos tramos el transporte que elijamos pasa directamente entre casas encimadas, por lo cual no es probable que se llegue al embarcadero de Bhaya antes del mediodía. Pero es una buena oportunidad para conocer, desde detrás del cristal, la vida suburbana de los vietnamitas; sus casas tan angostas pero de varios pisos, la vida que se desarrolla en gran parte en la vereda o en la calle, su agricultura de arroz y de hortalizas, su comercio. Hasta es probable que el transporte se detenga a hacer una parada técnica en alguna cooperativa de artesanos, entonces habrá oportunidad para apreciar en directo, como elaboran su arte abigarrado. A nosotros que veníamos de Thailandia y Camboya, una vez llegados a la isla donde íbamos a embarcar, algo nos hizo sentir que aquí todo era sutilmente diferente. Porque Vietnam mira hacia China, compartiendo su filosofía de progreso económico y racionalidad, y por tanto, todo o casi todo tiende a ser de una impecable calidad, y en el momento exacto.

El embarque fue cronométrico como el saludo al unísono de la tripulación, desde la cubierta, cuando comenzábamos a embarcar, junto a veinte personas más venidos de cualquier parte del mundo. Una tormenta lejana amenazaba con aguarnos el viaje, pero a la hora señalada, el Bhaya Junco N° 4558 partió hacia donde el Dragón había dado los coletazos.

 

Como desde siempre nos pareció que íbamos a un lugar especial, elegimos el crucero mas largo, que llegaba a los lugares mas apartados dentro de lo posible, y comprendía mas experiencias. Junto con una docena de cáscaras de nueces, salimos de la marina de Tuan Chau, luego de tomar un té helado con una orquídea violeta de adorno, con las velas plegadas. La navegación se desarrolla sobre un mar verde traslúcido,  muy calmo, que por momentos es abierto y por momentos se cierra en un laberinto de islas e islotes colosales, de color gris caliza y de las formas mas impredecibles, de cuyas paredes verticales cuelgan toda clase de epífitas. Hay monos, ardillas planeadoras, murciélagos gigantes y aves marinas, verdaderos dueños de esa selva colgante, todos presentes y a la vez muy esquivos, llenando el aire de gritos de floresta. Durante el viaje nos tocaron todos los climas, dentro del rango que permiten los trópicos. Así, hicimos kayak bajo la llovizna que dió lugar a un solazo ardiente, practicamos tai chi en la cubierta del barco directamente bajo la lluvia y disfrutamos de un par de atardeceres dignos de Turner. Porque el tiempo no está asegurado, es conveniente ser versátil con la ropa que se lleva. El estilo se deja en tierra firme; en el barco todo el mundo se calza unas Croc reglamentarias y de cortesía.

 

 

 

 

 

El día comienza muy temprano en el crucero, donde te proponen una clase de Tai Chi a las seis quince de la mañana. La idea suena imposible en vacaciones, pero una vez ahí, la experiencia de elastizarse en cubierta, prácticamente en silencio, mientras las islas van surgiendo y desapareciendo en la bruma, a escasos metros de la borda, a una velocidad impensable, es toda una sorpresa. Así, aprendimos a  dibujar lentamente, las formas primordiales de esta disciplina taoísta, en un marco genuino. También tuvimos una  clase de cocina, antes de cenar, en la cubierta, en la que el desafío principal fue hacer rollitos primavera de una manera aceptable al estilo vietnamita ; es decir, con papel de arroz y los ingredientes tradicionales: mién ( una especie de vermicelli ), thit lon nac ( cerdo ), camarones, cuatro especies de hongos de madera, huevos, zanahorias, cebollas de verdeo o de primavera, como ellos le llaman, chiles, coriandro, cardamomo, etc. A diferencia de los taiwaneses, que son envueltos en masa, los vietnamitas son envueltos en hojas de arroz, lo que los hace mas livianos y sutiles.

 

 

 

Una mañana, nos señalaron los kayacs. Desde el barco fondeado, remamos a la isla de Dau Be, que se nos apareció como un macizo acantilado inaccesible. Pero nuestro guía enfiló sabiamente a una grieta disimulada entre las paredes, y así nos vimos navegando con los kayaks de colores, a través de una cueva cuyo techo no estaba a más de dos metros de alto, hasta el punto de la oscuridad absoluta. Solamente se oía el chapaleo de los remos en el agua, o el aviso nervioso del guía, para que esquivemos alguna estalactita. Al fin, al frente apareció la boca del túnel, y a medida que llegábamos, vimos aparecer las embarcaciones de otros turistas, que nos saludaron al pasar, remando al lado nuestro, en siete u ocho idiomas.   A través de esa cueva, accedimos a una laguna interior de color verde intenso, enmarcada de acantilados altísimos, tachonados de bromelias. Se oían ruidos de selva, los únicos que disturbaba el silencio casi total de ese lugar aislado. No hablábamos mucho para no contaminar ese ambiente de catedral de la naturaleza. Teníamos unas bananas para ofrecer a unos monos que no vinieron, pero existían, ya que se adivinaban sus gritos en lo alto de los riscos inaccesibles. Cada tanto, una medusa de dimensiones prehistóricas pasaba junto a nuestros botes, con contracciones eléctricas, y nos recordaba que todo esto estaba aquí desde mucho antes de que llegara el hombre. Así, recorrimos durante un rato la laguna Ho Ba Ham, salimos por el túnel secreto y seguimos al kayak guía, por esta selva colgante, hasta el crucero que nos esperaba en silencio, en la calma chicha del mediodía.

 

 

 

 

Las formaciones kársticas frecuentemente son huecas, el agua de lluvia se filtra y desgasta la roca con el paso de los años, por lo cual las islas estan taladradas de cuevas traspasadas por estalactitas y estalagmitas. Estas esculturas naturales se forman en cientos de miles de años, y durante nuestras vidas crecen escasos milímetros. Nos llevaron a verlas en la gigantesca cueva de Hang Sun Sot ( que se traduce como Cueva del Aturdimiento ) en la pequeña isla de Bo Hon. Para llegar a la cueva subimos setecientos escalones hasta una pequeña plataforma suspendida unas decenas de metros sobre el mar, desde la que se tenía una buena perspectiva del paisaje circundante. Atravesamos el portal para ingresar a las cámaras cada vez mas ámplias, en las que se sucedían los relieves de las paredes enfatizados con luces de colores (muy al gusto oriental), mientras el guia nos invitaba a usar la imaginación para identificar las diferentes formaciones; una tortuga, una pareja petrificada, una lechuza, un ángel. Una particularidad de las cuevas es que la falta de luz y de referencia hacen que las dimensiones se confundan, por lo que una saliente en la pared, que puede parecernos de un par de metros de largo, en realidad está mucho mas lejos y alto, y tiene no menos de quince. El calor y la humedad omnipresentes también contribuian a confundir los sentidos, en ese ambiente brillante y resbaloso.

 

 

 

Luego de experimentar la cueva, el barco enfiló hacia Hon Ti Top, o Titov Island, como se conoce en vietnamita. La isla esta situada en la parte sur de la Bahía, cercana a la gran isla de Cat Ba. Fue bautizada en honor al cosmonauta ruso Ghermann Titov, quien fue el primero en orbitar la tierra mas cantidad de veces (por lo menos diecisiete), lo cual impresionó tanto al presidente Ho Chi Min, que lo invitó al país y le mostró la Bahía, otorgándole su nombre a este peñón peculiar, para perpetuar la memoria del encuentro. Una efigie de color negro y proporciones gigantescas, de este personaje bigotudo, nos saluda al descender del barco. La isla es pequeña pero muy alta, tiene un mirador al que se llega por una senda bastante escarpada, desde el que se aprecia una panorámica de trescientos sesenta grados, del mar circundante, lo que la hace muy atractiva. Una vez hecho eso, se puede disfrutar de su playa, con los pináculos de fondo.

 

 

 

Un guía bien entrenado en el laberinto de islotes, sabrá llevarlos a la zona de Luon Cave, en la isla de Bo Hon, a la vuelta de la esquina de Titov Island. Esta isla también tiene una laguna interior que mide un kilómetro cuadrado, a la que se llega a través de un tunel de sesenta metros de largo, y de dos a cuatro metros de alto según la marea. Otra vez tuvimos que remar en la oscuridad, sin mas opción que diferenciar la voz de nuestro guia, de sus propios ecos entre las estalactitas invisibles. La visitamos muy de mañana, cuanto todavía no se había levantado la neblina suave de la noche, y nos pareció un lugar detenido en el tiempo y el silencio. El agua color jade estaba completamente inmóvil, y de las paredes colgaban helechos gigantescos y orquídeas. En la piedra podían  observarse, cada tanto, fósiles de caracoles incrustados. Luego de un paseo en silencio, volvimos a la oscuridad del túnel y al desayuno en el barco.

 

 

El viaje de tres días y dos noches llegó a su fin nuevamente en el embarcadero de Tuan Chau, luego de haber apreciado desde cubierta, por espacio de dos horas, el espectáculo de la flotilla de barcos blancos con las velas desplegadas, que iban sumándose, cada uno desde distintos puntos, a los que volvían ese día. El desembarco fue cronometrado y perfecto, ya con un dejo de la nostalgia que deja  abandonar un lugar tan increíble. Pero nos esperaba Hanoi…

 

 

RECOMENDACIONES Y CONSEJOS:

  •  cada zona de Indochina tiene diferencias climáticas respecto de las otras; donde en unas llueve torrencialmente, en otras transcurre la temporada seca, dependiendo de su situación respecto de las montañas, los vientos, los ríos, etcétera. Por lo que es difícil      “pegarla” con el clima en todos lados; aún cuando esté “asegurado” según las mejores guías y blogs que a los que podamos acceder, es probable que tengamos sorpresas. Pero como regla general, puede decirse que la temporada de lluvias coincide con el monzón de verano, de Mayo a Agosto, cuando llueve el ochenta y    cinco por ciento de todo lo que va a llover en el año, y la temperatura promedio es de treinta y cuatro grados. Nosotros fuimos en Julio y tuvimos lluvias aisladas, que no entorpecieron la visita; aunque hay que tener en cuenta que ante pronósticos de tormentas mas fuertes, los barcos no salen. Durante el invierno tropical la temperatura desciende a los veintitrés grados y es mas seco, según dicen.

 

  •  Una buena base para visitar la zona es la capital del país, Hanoi,             ciudad que merece un artículo de por sí, porque es muy interesante. De ahi, el viaje al embarcadero dura unas cuatro horas, ya que no hay una autopista por la que se pueda ir a velocidad, sino que el camino va atravesando distintas localidades cuyos nombres multisilábicos, nuestra simpática guía Ban consideró un desgaste innecesario señalar, ya que según ella, “Usted no se va a acordar…!” . No obstante, es un viaje ameno.

 

  • El embarque comienza mas o menor a mediodía. Los cruceros se pueden contratar por su página, por webs generales, a través de una agencia, etcétera. El valor por persona y noche es prácticamente equivalente a una noche en un hotel de cuatro estrellas. Los recorridos son de dos días/ una noche o tres días/dos noches. Obviamente, cuando más largo es, más lugares se visitan de manera mas relajada. Los barcos son de madera, tienen una docena de camarotes, en general cada uno para dos personas, muy completos y decorados en estilo oriental, con su baño privado; un restaurante común y una cubierta con tumbonas para el caso que haya sol. Estan tripulados cada uno por cinco o seis personas, en general super eficientes y acostumbrados a afrontar cualquier situación que se pueda dar. La comida es local, en general de buena calidad, y se ofrece en buffet el desayuno y el almuerzo, siendo la cena a la carta. Las bebidas y las propinas no se encuentran incluidas, y se pagan en efectivo, al último día (obviamente, las propinas son opcionales).

 

  • El idioma que se habla es el inglés. Es muy raro que entiendan el español, ya que la tripulación es generalmente vietnamita, pero puede ocurrir que alguno sepa hablarlo; esto a tener en cuenta si no se cuenta aunque sea, con un inglés básico. Nuestra guía hablaba español, tan sólo porque era la hija de un diplomático, y durante su infancia, dadas las relaciones que existían por el comunismo, entre ese país y Cuba, en los años setenta, había vivido en La Habana unos años.

 

  • Las         actividades estan estrictamente diagramadas, porque los tiempos son               muy cortos y se trata de abarcar lo más posible. Si bien no es un viaje agotador, son dos o tres dias intensos que los harán descansar de un tirón cada noche. Al inicio te proporcionan un            folleto con detalle de lo que se va a hacer cada día, que se cumple        salvo razones de fuerza mayor.

 

 

Estas indicaciones son referenciales y generales; téngase en cuenta que hacer un crucero no es la única forma de visitar la Bahía, ya que en algunas islas hay hoteles y bungalows, y hay muchas otros lugares para conocer, que los que nombramos aquí. Inclusive, si se cuenta con un poco mas de tiempo, se pueden hacer trekkings muy interesantes, o pasar la noche en un pueblo local. La ciudad de Ha Long en sí es otra opción para pernoctar. Pero sí, el barco es una forma muy simpática de aprovechar el entorno natural. Cada compañía tiene su itinerario particular, así que es recomendable investigar en forma previa, la ruta que va a recorrer, y las paradas programadas, para maximizar lo que se puede hacer en cada una. Un paseo por las webs nos puede dar el marco introductorio ideal para que podamos disfrutar el viaje en forma mas cómoda.



Martín Casanovas

Fotógrafo. Historias de principios del siglo, documentadas fotográficamente... @martincasanovas https://www.facebook.com/martinmcasanovas/


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