Cuestión de Estilo – Por Juan Carlos Morales

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El fútbol argentino a nivel selección se ordenó luego del Mundial de Alemania en 1974. El encargado de concretar aquello de prioridad número uno fue César Luis Menotti desde su asunción en 1975. La renovación trajo consigo el título mundial de 1978 y luego la conquista juvenil de Japón 1979 con la consagración definitiva de Diego Armando Maradona y la aparición del riojano Ramón Ángel Díaz. Esa línea la continuaron, a su manera, quienes lo sucedieron. Por eso la alegría de México 1986 con otra vuelta olímpica ya con Carlos Salvador Bilardo como entrenador. Después vinieron Alfio Basile  ( presentó un equipo ofensivo y que en Estados Unidos se vio privado de Maradona y Canniggia a la hora de avanzar), Daniel Alberto Pasarella ( en Francia 1998 eliminó a Inglaterra), Marcelo Bielsa (hizo una brillante tarea en la eliminatoria)José Pekerman (triunfador con los planteles menores ), Diego Maradona ya dedicado a la dirección técnica (lo dejo afuera en el 2010, Alemania), Sergio Daniel Batista, Alejandro Sabella (subcampeón del mundo en Brasil 2014) y  Edgardo Bauza. Todos con pasado futbolistico ,reconocidos por la afición y respetados por su trayectoria como conductores de  grupos. A lo largo de casi 40 años se mantuvo aquella impronta de seriedad y privilegio para la representación de la A.F.A. Atras de cada uno, había un estilo, un proceso y un nombre. Eso es lo que no debe olvidar el actual responsable, Jorge Sampaoli. Tras el desafortunado suceso en su ciudad natal ( enfrentamiento con un control policial ), debe tener en claro que ser el técnico de la selección nacional implica , entre otras cosas, actuar con sentido común y aceptar posiciones adversas . Es allí donde también juega el estilo, la “cintura politica” para evitar conflictos. Pero lo nuestro pasa por lo deportivo. Y en ese plano, el ganador de la Copa América con Chile debe saber que ,ante todo, se necesita un poder de elección indispensable y rodear a sus figuras ( Messi, excluyente) para que rindan más y se encuentren comodos. Ese es el compromiso mayor. Cualquier colega suyo desearía contar con jugadores como el crack del Barcelona, Dybala (al margen de su lesión reciente en  la Juventus), Di María y Agüero, entre otros. Sampaoli los tiene. Su misión será saber usarlos y rodearlos para el mejor rendimiento.

Se viene el Mundial de Rusia, se renueva la ilusión. Como antes o más que antes por los nombres apuntados. El fútbol argentino tiene derechos adquiridos. Y fracasos históricos (como el de Suecia 1958) que debe sepultar definitivamente. Casualmente en las ultimas horas nos enteramos del fallecimiento, en Italia, de Antonio Valentín Angelillo, integrante del fámoso terceto que deslumbró en Lima 1957 ( Maschio-Angelillo-Sivori) y que nos dio el titulo sudamericano y nos hizo creer que un año después en Europa, Argentina iba a pisar fuerte. Pero fue el Mundial de Brasil y de Pelé. En tanto el trio marchaba al viejo continente para deleitar a los hinchas del  Bologna, Inter y Juventus.

Antes fue Maradona.  Hoy es Messi. Todo esto y la cuestión de estilo y jerarquía es lo que  Jorge Sampaoli no puede olvidar.




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