Combatiendo sus Recuerdos – Por Rosario Riego

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Trabajo que conisuió el segundo puesto en 2° Año en el concurso Historias Mínimas de DeporTEA Mar del Plata

 

“Aún hoy intento encontrar una palabra que me ayude a definir lo que significa la guerra, pero es imposible. Resulta inútil”, comenzó diciendo Claudio. Su mirada estaba perdida. Su cara y sus manos expresaban a la perfección la consternación que lo invadía. Lo abatía por completo no ser capaz de describir tanto calvario.

 

Claudio Pereyra es un militar de 49 años que nació en Alta Gracia, Córdoba, pero que se mudó a Buenos Aires con apenas 16 años, entrando en su adolescencia, para poder perseguir, allí, su gran sueño: defender a su patria. Después de dos años en la “Escuela de Suboficiales Sargento Cabral”, fue destinado a Mar del Plata, en donde reside desde entonces.

A sus 22 años, cuando sus mayores preocupaciones deberían haber divagado entre sus estudios, amistades y familia; descubrió la crudeza de la guerra.

 

La ex Yugoslavia (¹) -actuales Bosnia y Herzegovina, Serbia, Croacia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro- cobijaba uno de los enfrentamientos étnicos más grandes de los últimos tiempos: serbios y croatas se disputaban la soberanía del territorio, desencadenando una brutal lucha que tuvo lugar por más de cuatro largos y hostiles años.

Claudio no titubeó un segundo y, ante el llamado desesperado de la ONU (²), decidió apuntarse como soldado de las Fuerzas por la Paz (³). Aceptó, con muy poco, ser espada y escudo al mismo tiempo.

Algunos lo habrán tildado de soñador, pero no estaba dispuesto a quedarse en su casa naturalizando el dolor. Él estaba convencido de que su granito de arena ayudaría a apagar tanta tragedia. Y así partió.

Con unos ligeros meses de instrucción previa, un 18 de octubre de 1992 arribó a la ex Yugoslavia. “Ni bien llegamos, nos desbordó la incertidumbre. Ahí sí que comenzamos a preguntarnos por qué habíamos ansiado tanto el poder colaborar”, sostuvo, y continuó: “Fue un recibimiento muy abrupto. 15 minutos después de bajar del avión, ya estábamos en posición de combate”.

Claudio se tomó unos minutos para recrear en su cabeza todo lo que tuvo la suerte -o desgracia- de presenciar. Sus gestos denotaban a la perfección

cada uno de los pasos que supo dar. “Aberrante, espantoso, triste, muy triste”, disparó, como si las palabras sueltas le facilitaran su explicación. “Estaba todo destruído, como en las películas. Uno a veces piensa que exageran, y no”, concluyó.

 

“En una ocasión, mientras patrullábamos a pie un pueblo, encontramos, entre los escombros, una familia de serbo-croatas. Esos sí que eran los que peor la pasaban. No los querían ni de un lado, ni del otro. Todos los perseguían” manifestó, consternado, moviendo su cabeza de lado a lado , como intentando negar tan monstruoso despojo, y prosiguió: “El pánico en sus ojos te hacía temblar. Les dimos agua, comida y los trasladamos a un lugar seguro. Después de algunas horas, sus miradas ya eran otras”. Hizo una breve pausa, juntó fuerzas y relató: “En un momento me quedé helado, atónito. El padre, a cambio de nuestra ayuda, juntó las pocas pertenencias de su única hija mujer, la despidió con un beso distante, como suplicando sus disculpas, e intentó entregárnosla. Ahí terminé de entender lo que significa, en realidad, la guerra”.

 

Claudio también detalló la cantidad de días que estuvo en combate. 174, para ser exactos. Parecía que, entre bombardeos, se tomaba un segundo y los tachaba en alguna pared. Manejaba una precisión inconmensurable. Bastó entender el brillo en sus ojos para agradecer no haber estado en sus borceguíes.

“De lo que no me voy a olvidar nunca”, dijo, “es del agradecimiento en los rostros de los nenes cuando les daba un chocolate. No era normal ver gente feliz”. El voluntario del contingente argentino de los cascos azules al fin esbozó una sonrisa, por pequeña que fuera. Relató, luego, que los soldados recibían con frecuencia algunas golosinas que él, personalmente, atesoraba para los más pequeños: “Yo me las guardaba y se las repartía en la plaza. Entre tanto dolor, ellos lo entendían como un gran gesto de amor. No podía cambiar sus vidas, pero sí hacer que, aunque sea por un rato, olvidaran semejante tormento”.

 

 

El soldado Pereyra, aquel adolescente aniñado de 22 años, fue a intentar cambiar la guerra, pero la guerra terminó cambiándolo a él. “Sólo aquel que vivió semejante hostilidad en carne propia, lucha porque nunca más, ningún otro rincón del mundo, por pequeño que resulte, tenga que sufrir”, sentenció.

 

 

 

(¹) Ex Yugoslavia: como consecuencia de una serie de agitaciones políticas y conflictos durante la década de 1990, se llevó a cabo la disolución de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, conformándose, así, seis nuevas repúblicas soberanas.

(²) ONU: Organización de las Naciones Unidas. Fundada el 24 de octubre de 1945, es una organización de carácter internacional, que se encarga de abordar asuntos como el desarrollo económico y social, la paz y la seguridad, el cambio climático, el terrorismo, las emergencias humanitarias, etc.

(³) Fuerzas por la Paz: cuerpo militar multinacional encargado de crear y mantener la paz en áreas de conflicto. Sus integrantes son popularmente conocidos como “cascos azules”, en referencia al color de los mismos. Actúan por mandato directo de la ONU.



Rosario Riego

Estudiante de periodismo del DeporTea. Encargada de producción y coordinación en Pick & Roll -programa deportivo de básquet-. Colaboraciones en Marpla e Hincha Canalla.


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