Apocalipsis ricotero II

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Llegamos a los empujones y todos juntos entramos al grito de “entramos todos”, la meta era llegar mínimo hasta la torre de sonido nº13, había 15 en total dispersas en semi-círculos, por el predio, aunque realmente el sonido no lograba acaparar por completo el campo.Una de nuestras acompañantes prefirió mantener la distancia a metros de dicha columna, la idea era no separarnos, no perdernos, aceptamos todos, además ya sospechábamos que algo no andaba bien, el Indio dejo algo y la música dejó de sonar unos minutos, aunque realmente no se escuchaba bien, nos quedamos ahí, esperando que el show nos ofreciera algo más mientras sonaba “la hija del fletero”, ahí acordamos avanzar un poco más, pero no llegamos a destino, uno de los nuestros empezó a sentir la presión inconveniente del pánico por muchedumbre (supusimos) y se descompensó, instantáneamente la gente nos ofrecía  agua, caramelos y espacio, “llevala a que la vean, mírale la cara está muy pálida” dijo alguien que la miraba fijamente, hasta ese momento en los 8 km recorridos no nos habíamos cruzado  ni una sola ambulancia, no había un policía, ni defensa civil, ni la cruz roja, nadie, máximo diez pibes con chalecos verde, recién en ese momento realmente nos preocupó no haberlos visto.

Caminamos hacia la carpa de sanidad, la última de las tres que se visualizaban, llegamos ahí y quién cuidaba la entrada nos dijo “si no se desmaya no puede pasar” ” y si se muere” dijimos, su color daba miedo, por cosas del destino se desmayó, ahí quedamos el resto, entre otros tantos familiares y amigos que esperaban tener noticias de los suyos y/o entrar por diferentes cuadras. “estamos colapsados” decían y no mentían. Todo estaba colapsado, eso era noticia vieja.

La música paró mientras caminábamos hacia la carpa y arrancó recién cuando decidimos caminar para la salida, 20 minutos de parate y las caras de desconcierto de todos, un estilo muy tranquilo y cambios sobre la marcha en el repertorio provocaban en el ambiente un aire muy raro, todos intentaban disfrutar, pero Tandil seguía muy lejos.

Decidimos no irnos e intentar escuchar aunque sea el final de show, ya veíamos que el escenario estaba vacío, faltaba alma, sonaban muchos temas de “los fundamentalistas”, pero sabíamos que tenía que sonar “jijiji”, ansiábamos ese momento, y al fin llegó… sonó “jijiji” y pese a todas las demoras, toda la incertidumbre por los parates, todo el miedo por las avalanchas, toda la tristeza por la ausencia de nuestro artista en el escenario, las sonrisas asomaron y el hueco en  público se hizo presente para el clásico, mítico y más grande poggo del mundo entero “jijiji”…. 5 minutos que sacaron algunas nubes del paisaje. Sorprendiendo a todos, no fue el cierre sino que en cola sonó “Mi perro dinamita” para cerrar un show, que sin dudas dejó sentimientos encontrados, entre lo que se vio, lo que se dijo, el amor por la banda y la misa.https:

La salida del predio “la colmena” también fue otra historia, parece una novela de cuentos cortos, y así fue, tres partes, llegada, principio, nudo, recital, final, salida… y un final muy triste, el relato de una amiga y compañera de trabajo, realmente fanática fue ” realmente sentí que me moría, nunca me paso, dije fue, quedamos acá”. El embudo hecho para que salieran todos juntos fue el mayor error de todos, la asfixia por los empujones no se hizo esperar y realmente es un milagro que no se lamentaran más vidas.

Me costó horrores poder enfocar la historia e intentar no opinar, aunque si opinara no sabría exactamente qué, de lo que estamos seguros es de que realmente el lugar no tenía las condiciones para recibir tanta cantidad de gente, los que dicen 300000 se quedan más que cortos, los culpables los determinará la justicia, nosotros como espectadores y amantes del Rock nos fuimos con una gran angustia, lo que debió ser una fiesta sufrió la negligencia de más de uno.

Este fenómeno social sin precedentes se despide de la Argentina hasta que seamos conscientes y levantemos la mirada más allá de nuestros propios ombligos.




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